Guerra y paz en la península de Corea

Kim muestra sus misiles en Pyongyang, mientras la orquesta norcoreana Samjiyon actúa en el Sur. :: efe / afp/
Kim muestra sus misiles en Pyongyang, mientras la orquesta norcoreana Samjiyon actúa en el Sur. :: efe / afp

Kim Jong-un saca a desfilar sus misiles intercontinentales la víspera de los Juegos de Invierno que el Sur inaugura hoy

ZIGOR ALDAMA HONG-KONG.

El año pasado fueron muchos los que auguraron que iba a ser el dictador norcoreano, Kim Jong-un, quien iba a estar a cargo de los 'fuegos artificiales' de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno que Corea del Sur inaugura hoy. No en vano, Corea del Norte había realizado una decena de pruebas de misiles intercontinentales que llegaron a disparar las alarmas en territorios como Japón o Guam, y la cita olímpica se presentaba como una ocasión inmejorable para llamar la atención. La tensión creció considerablemente hasta el Año Nuevo, el mundo respondió con las sanciones más duras de la historia, y, efectivamente, ayer Kim estuvo muy presente con sus juguetes bélicos.

Pero la situación dista mucho de ser la que vaticinaron los más agoreros. Aunque Pyongyang celebró ayer uno de sus multitudinarios desfiles militares al mismo tiempo que comenzaban las pruebas deportivas de Pyeongchang 2018, el acontecimiento que recordaba el 70 aniversario de la fundación de las Fuerzas Armadas norcoreanas fue mucho más modesto de lo habitual. Tanto que el régimen norcoreano canceló a última hora las invitaciones que había extendido a los corresponsales extranjeros para acudir a verlo en directo.

Aun así, Kim no dejó pasar la oportunidad de sacar pecho con el Hwasong-15, el misil que, según el Gobierno comunista, puede alcanzar cualquier parte del territorio estadounidense armado con una cabeza nuclear miniaturizada. Le acompañaron los hermanos pequeños Hwasong-14 y Hwasong-12, y Kim cerró el acto con un breve discurso en el que se refirió al Ejército, uno de los más nutridos del mundo con 1,1 millones de efectivos, como una preciada espada para defender al país. «Debemos impedir que quienes quieren agredirnos logren ridiculizarnos y violen nuestra soberanía, aunque sea 0,001 milímetros», apuntó el presidente.

150.000 surcoreanos han participado en una lotería para ver a la orquesta norcoreana Samjiyon

No obstante, hoy su hermana, Kim Yo-jong, hará historia por algo completamente diferente: se convertirá en el primer miembro de la estirpe de los Kim que viaja a Corea del Sur. Lo hará como integrante de la numerosa delegación que Pyongyang ha enviado a Pyeongchang, y supondrá, como apuntó ayer el diario británico 'The Guardian', un quebradero de cabeza diplomático para Seúl. Porque en la inauguración de los Juegos también estará presente el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

Todas las fuentes coinciden en pronosticar que Kim y Pence no se estrecharán la mano, pero parece que estarán a solo unos metros de distancia en la tribuna de autoridades. Teniendo en cuenta que él es partidario de ponerla a ella en la lista negra de los dirigentes norcoreanos sujetos a restricciones de movimientos, y ella pertenece al Gobierno que ha amenazado con convertir Estados Unidos en un «mar de fuego», no parece que vaya a surgir el amor.

No obstante, una minoría de analistas especula con la posibilidad de que se reúnan de forma discreta para tratar temas relacionados con el deshielo que los Juegos Olímpicos han provocado entre las dos Coreas. Desafortunadamente, es muy posible que, si eso sucede, ninguno de los dos países, archienemigos, proporcione información al respecto.

Un concierto muy esperado

Afortunadamente, se espera que multitud de imágenes sí llamen a la concordia durante los Juegos. La mayoría las protagonizarán los deportistas que participan en ellos, sobre todo las jugadoras del equipo femenino unificado de hockey sobre hielo, pero también las más de doscientas animadoras norcoreanas que harán las delicias del público, y los 137 miembros de la banda Samjiyon, que ayer dio su primer concierto en la localidad de Gangneung. Curiosamente, al frente de esos artistas está una supuesta exnovia de Kim Jong-un, Hyon Song-wol. La propaganda surcoreana afirmó que había sido ejecutada por el propio dictador por haber participado en películas pornográficas.

No obstante, en los preparativos de las actuaciones, Hyon ha demostrado tener buena salud y mucho tirón entre la población surcoreana, porque más de 150.000 ciudadanos de ese país han tenido que participar en una lotería para lograr entradas. Solo 780 han logrado un par cada uno, y ayer muchos de los que asistieron al concierto se echaron a llorar de la emoción. Menos de un centenar de personas, sin embargo, protestaron en las calles colindantes porque creen que Corea del Norte se ha apoderado de los Juegos de Corea del Sur.

En cualquier caso, hoy ambas Coreas desfilarán unidas bajo la inusual enseña de una península sin la cicatriz que dibuja el paralelo 38. Independientemente de que haya quienes crean que el acercamiento propiciado por los Kim puede tener gato encerrado, lo cierto es que la tensión se ha rebajado notablemente y el diálogo parece imponerse. Se enciende la llama olímpica, y la mayoría espera que ese sea el único fuego que luzca hasta el próximo día 25 en una península que, técnicamente, continúa en guerra.

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