El Gobierno chino convierte el funeral de Liu Xiaobo en un acto propagandístico

Familiares de Liu Xiaobo, durante la celebración del funeral. :: afp/
Familiares de Liu Xiaobo, durante la celebración del funeral. :: afp

El Premio Nobel de la Paz es incinerado y sus cenizas esparcidas en el mar tras una ceremonia bajo el estricto control de miembros de seguridad

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Ni con su muerte ha logrado Liu Xiaobo la libertad. Es lo que se deduce de la sencilla ceremonia fúnebre con la que media docena de sus allegados más cercanos despidieron ayer en Shenyang al Premio Nobel de la Paz, porque estuvieron vigilados de cerca por varias decenas de supuestos miembros de las fuerzas de seguridad chinas, camuflados de ciudadanos normales y corrientes a los que ninguno de los familiares de Liu conocía. Otros amigos, sin embargo, no pudieron acceder al acto.

Frente al cuerpo del activista, rodeado de crisantemos blancos como manda el luto chino, estaba su mujer, Liu Xia, vestida íntegramente de negro y visiblemente debilitada. El Gobierno ha asegurado que, después de haber permanecido bajo arresto domiciliario durante siete años sin que se hayan presentado cargos contra ella, la poetisa ya es «libre», y que las autoridades velarán por sus derechos como con cualquier otro ciudadano chino.

Sin embargo, hasta el momento Liu no ha hecho ninguna declaración pública y nadie ha sido capaz de contactar con ella, razón por la que persisten las dudas sobre su salud, tanto física -en las imágenes distribuidas se hace evidente que necesita ayuda para sostenerse de pie- como psicológica -sus allegados afirman que se encuentra sumida en una profunda depresión-, y sobre su capacidad para abandonar el país si así lo desea. «Vive bien», le pidió Liu Xiaobo a su mujer antes de morir. La pregunta es si le permitirán hacerlo.

Tampoco se ha podido confirmar si fue decisión de los Liu proceder a la incineración del cuerpo del activista, que murió de cáncer de hígado el jueves a los 61 años de edad, y a la posterior ceremonia en el mar para esparcir sus cenizas. Oficialmente, la familia «fue consultada» y aceptó la propuesta. Sin embargo, Hu Jia, otro disidente que se encuentra bajo arresto domiciliario en Pekín, duda de esa versión. «Ha sido una decisión deliberada del Gobierno preparar una ceremonia de forma tan apresurada para que nadie pueda acudir a presentar sus respetos», comentó. Otros amigos de Liu también afirmaron a diferentes medios que la decisión de no enterrarlo evita al régimen chino la posibilidad de que su tumba se convierta en lugar de peregrinación para los activistas. «Son como gánsteres», denunció el escritor en el exilio Liao Yiwu.

«Trato humanitario»

China, sin embargo, quiere hacer creer que ha sido magnánima en todo momento, desde el diagnóstico del cáncer terminal cuando Liu estaba en prisión, donde cumplía una condena de 11 años por «incitar a la subversión contra el Estado», hasta el funeral de ayer, pasando por «el excelente cuidado» que ha recibido de parte de los mejores oncólogos del país. Para certificarlo, ayer orquestó una rueda de prensa en la que uno de los hermanos de Liu, Liu Xiaoguang, agradeció en repetidas ocasiones «el trato humanitario» recibido por parte del Gobierno y del Partido Comunista. En la comparecencia no se aceptaron preguntas y Liu fue escoltado rápidamente fuera de la sala en cuanto acabó de pronunciar sus breves palabras.

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