Corea del Norte participará en los Juegos del Sur

El ministro de Unificación del Sur, Cho Myoung-gyon (izda.), y el portavoz de la delegación norcoreana, Ri Son-gwon, se dan la mano tras la reunión en Panmunjon. :: reuters
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El ministro de Unificación del Sur, Cho Myoung-gyon (izda.), y el portavoz de la delegación norcoreana, Ri Son-gwon, se dan la mano tras la reunión en Panmunjon. :: reuters

El régimen comunista enviará atletas, oficiales de alto rango y hasta animadoras, tras el acuerdo alcanzado ayer en una reunión histórica

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI

La esperanza de ayer es hoy una realidad: Corea del Norte participará en los Juegos Olímpicos de Inverno que Corea del Sur celebrará desde el próximo día 9 en la localidad de Pyeongchang. El régimen comunista enviará atletas, funcionarios de alto rango e incluso un grupo de animadoras. El anuncio lo hicieron ayer las delegaciones de los dos países después de entablar un histórico diálogo de once horas, en las que también hubo tiempo para abordar otros asuntos de gran relevancia para la península.

Seúl propuso que las familias rotas por la Guerra de Corea (1950-53) puedan volver a reunirse con motivo del Año Nuevo lunar, también el mes que viene, en una reedición de los reencuentros auspiciados por la Cruz Roja. Además, Corea del Sur se mostró dispuesta a negociar el levantamiento de algunas sanciones al Norte en coordinación con Naciones Unidas, aunque esto puede provocar tensiones con sus aliados.

Y ambas Coreas decidieron restablecer desde hoy la línea de comunicación militar que lleva suspendida dos años y volver a reunirse para tratar temas militares en los próximos días. El objetivo es rebajar la tensión entre dos países que técnicamente continúan en guerra.

«Demos a la gente un magnífico regalo de Año Nuevo», declaró ayer el portavoz de la delegación norcoreana, Ri Son-gwon, poco antes de comenzar el diálogo oficial a las 10 de la mañana. «Un viaje de dos dura más que el de uno solo», añadió parafraseando un dicho y con una amplia sonrisa que vaticinaba resultados positivos. Por su parte, el ministro de Unificación surcoreano, Cho Myoung-gyon, no se quedó atrás: «La gente desea que el Norte y el Sur avancen hacia la paz y la reconciliación», dijo en las instalaciones creadas para estas reuniones en el poblado fronterizo de Panmunjom.

No obstante, a pesar de las buenas palabras, todavía quedan importantes preguntas sin respuesta. Por ejemplo, ¿aceptará Corea del Norte la propuesta de su hermana capitalista para desfilar juntas durante las ceremonias de inauguración y de clausura? Y si lo hace, ¿qué enseña portarán los abanderados? Por otro lado, ¿servirán las conversaciones cara a cara para avanzar en las negociaciones para lograr la desnuclearización -o, al menos, el cese de la proliferación nuclear- en el país que dirige Kim Jong-un?

Habrá que esperar para conocer las respuestas, pero ya es indudable que hay razón para el optimismo. Tanto China como Rusia aplaudieron este inesperado paso. «Estamos satisfechos de que se haya reanudado el diálogo», dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores de Pekín. «Este es exactamente el tipo de diálogo que siempre hemos considerado necesario», añadieron desde Moscú. Pero, sin duda, hay alguien que posiblemente no vea estos acontecimientos con tan buenos ojos: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Utilizando la misma retórica belicista de Kim, el magnate ha puesto en duda varias veces la sinceridad del dictador norcoreano. Y solo cuando era evidente que las conversaciones se iban a celebrar ha intentado colgarse medallas, asegurando que han sido las sanciones que él ha diseñado y la presión que ha ejercido sobre Corea del Norte las que han obligado a Kim a recular. Pero que el diálogo haya comenzado a sus espaldas es un ejemplo más de la pérdida de influencia que lastra la imagen de la superpotencia americana en Asia. A pesar de ello, ayer la embajadora estadounidense en Naciones Unidas, Nikki Haley, aseguró que «no habrá un cambio en la política del país», y reiteró que la única forma de que Washington y Pyongyang puedan hablar es que el país comunista deje de realizar pruebas de misiles y armas atómicas.

En cualquier caso, todo apunta a que los Juegos de Invierno de Pyeongchang terminarán siendo los Juegos de la Paz, como varios medios surcoreanos comienzan a referirse ya a ellos. Pueden suponer la culminación de un proceso que comenzó por sorpresa durante el discurso de Año Nuevo del presidente Kim. Después de lanzar las amenazas habituales, el tercer emperador comunista de la saga norcoreana avanzó que estaba dispuesto a enviar una delegación de atletas a los Juegos. Sin perder tiempo, Seúl aceptó la invitación al diálogo y el anuncio de ayer certifica que iba en serio. Puede ser el primer paso hacia un proceso de paz más ambicioso.

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