La ansiada invitación de Kim Jong-un

La hermana del dictador traslada al presidente de Corea del Sur el interés del líder norcoreano por reunirse en Pyongyang

PABLO M. DÍEZ SEÚL.

Después de que las dos Coreas desfilaran juntas bajo una misma bandera en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno el viernes, el dictador del Norte, Kim Jong-un, invitó ayer a Pyongyang al presidente del Sur, Moon Jae-in, para celebrar «lo antes posible» una cumbre con la que continuar esta distensión. Lo hizo a través de su hermana, Kim Yo-jong, que acudió a la apertura de los Juegos y ayer fue recibida por Moon en la Casa Azul, la residencia presidencial en Seúl.

Acompañada del presidente del Parlamento norcoreano y jefe de Estado honorario, Kim Yong-nam, Kim Yo-jong llegó con una carpeta azul bajo el brazo que contenía un mensaje de su hermano. «Al entregar una carta de Kim Jong-un, presidente de la Comisión de Asuntos de Estado, en la que destacaba su voluntad de mejorar las relaciones entre el Norte y el Sur de Corea, la enviada especial Kim Yo-jong le transmitió verbalmente a Moon una invitación para visitar el Norte en el momento más apropiado para él», anunció el portavoz presidencial, según informa la agencia Yonhap. Una invitación a la que Moon respondió positivamente: «Hagamos que suceda creando las condiciones necesarias en el futuro». Entre ellas, destacó «la pronta reanudación del diálogo entre Estados Unidos y Corea del Norte, necesario para el desarrollo de las relaciones con el Sur».

OTROS ENCUENTROS

Tras las históricas cumbres intercoreanas celebradas en 2000 y 2007, Moon está desplegando toda su diplomacia para protagonizar la tercera con Kim Jong-un. «Ayer (por el viernes), tuvo que ser duro para usted por el frío», le dijo a la hermana del caudillo norcoreano, refiriéndose a las gélidas temperaturas que se registraron durante la apertura de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang, donde Kim Yo-jong se sentó detrás de él en el palco de autoridades. «Estuvo bien porque usted, señor presidente, tuvo la amabilidad de ocuparse de nosotros», le devolvió ella el cumplido, recoge Yonhap. Al marcharse, dejó escrito en el libro de visitas: «Espero que Pyongyang y Seúl se acerquen en el corazón de los coreanos y traigan unificación y prosperidad en un futuro cercano».

En un encuentro que ya puede calificarse como histórico, era la primera visita al Sur de un miembro de la familia Kim, que lleva tres generaciones gobernando el Norte con puño de hierro. Además, esta reunión tiene lugar después de dos años de constante tensión militar debido a los lanzamientos de misiles y ensayos nucleares del régimen estalinista de Pyongyang. Impensable hace solo dos meses, entre las dos Coreas se ha abierto una etapa de acercamiento que ha dejado descolocado a Estados Unidos, donde el presidente Trump aboga por la mano dura y las sanciones internacionales para que Kim Jong-un renuncie a su programa de armas atómicas.

Así quedó claro en la ceremonia inaugural de los Juegos, a la que también asistió el vicepresidente Mike Pence. Aunque se sentó a pocos pasos de Kim Yo-jong, situada a su espalda, evitó en todo momento el contacto con la delegación norcoreana. De hecho, ni siquiera saludó al presidente del Parlamento, Kim Yong-nam, cuando acudió a la cena de gala ofrecida a los mandatarios invitados, de la que se marchó a los cinco minutos para no tener que sentarse en la misma mesa que él.

«Farsa propagandística»

«EE UU no permitirá que la farsa propagandística del régimen norcoreano salte al escenario mundial sin ser rebatida. El mundo no puede hacer la vista gorda con la opresión y las amenazas del régimen de los Kim», tuiteó Pence el ayer mientras algunos medios surcoreanos criticaban su desplante a los gestos conciliadores del presidente Moon.

Desde que este ganó en mayo las elecciones al partido conservador, hundido por la corrupción, ha insistido en sus llamamientos al diálogo a Corea del Norte. Pero durante todo el año se encontró con los ensayos de misiles de Kim Jong-un, que en septiembre llevó a cabo su sexta y más potente prueba nuclear. De manera sorprendente, el caudillo norcoreano respondió finalmente a sus apelaciones en su discurso de Año Nuevo, aprovechando los Juegos Olímpicos de Invierno para retomar el contacto con el Sur. A tenor de algunos expertos, Kim Jong-un se ha visto finalmente forzado a este deshielo por el endurecimiento de las sanciones de la ONU contra su desafío nuclear, que empiezan a asfixiar a su régimen.

Cierto o no, fruto de esta distensión ha sido el desfile conjunto de las dos Coreas durante la inauguración de dichos Juegos y la visita de la delegación enviada por Kim Jong-un. En ella también figuran Ri Son-gwon, responsable de los asuntos intercoreanos, y Choe Hwi, presidente del Comité para la Guía de los Deportes. Tras la reunión oficial, todos ellos comieron con el presidente Moon en un almuerzo en el que se sirvieron platos tradicionales de la provincia de Gangwon, donde se celebran los Juegos de Invierno. Como no podía ser de otra manera, no faltaron el 'kimchi', la tradicional verdura fermentada y picante, ni los brindis con 'soju', el fuerte licor de arroz que, por encima de cualquier ideología, une a las dos Coreas.

Del 13 al 15 de junio. El entonces presidente de Corea del Sur y luego premio Nobel de la Paz, Kim Dae-jung, viajó a la capital de Corea del Norte, Pyongyang, para ver al 'Querido Líder' Kim Jong-il, padre del actual dictador.

Del 2 al 4 de octubre se produjo otro momento de acercamiento. Kim Jong-il recibió al presidente surcoreano Roh Moo-hyun, quien se suicidó dos años después mientras era investigado por corrupción. En la actualidad, el presidente de Corea del Sur está desplegando toda su diplomacia para protagonizar la tercera con Kim Jong-un.

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