«La violencia vuelve mentirosa cualquier causa justa»

Chamanes peruanos preparan un ritual ante la visita del Papa a su país. :: Mariana Bazo / reuters/
Chamanes peruanos preparan un ritual ante la visita del Papa a su país. :: Mariana Bazo / reuters

El Papa escucha la queja de los mapuches pero elude cualquier reconocimiento de culpa por parte de la Iglesia

DARÍO MENOR SANTIAGO DE CHILE.

«Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar». Jorge Mario Bergoglio echó ayer mano de unos versos de la cantautora chilena Violeta Parra para mostrar una vez más su cercanía con los pueblos originarios de América Latina. En esta ocasión los protagonistas fueron los mapuches, los indígenas que viven mayoritariamente en el sur de Chile y que llevan décadas luchando para recuperar sus tierras de manos de latifundistas y grandes corporaciones. La Iglesia no es ajena al conflicto que se vive en la región más pobre del país. Aunque ejerce de mediadora entre las autoridades y la población local, es acusada de connivencia con el poder por algunos grupos mapuches que atacaron dos templos católicos antes de la llegada del Papa.

En la misa que presidió ayer en Temuco, la capital de la región de la Araucanía, Francisco mantuvo un equilibrio: defendió las particularidades y derechos de estos indígenas que suponen el 9% de los 18 millones de chilenos, pero les afeó que recurran en ocasiones a la violencia como arma política. «Mari, Mari. Küme tünngün ta niemün», dijo el Papa al principio de su homilía. Utilizó el mapudungun, la lengua de los mapuches, para darles las buenos días y decirles: «La paz esté con ustedes». Los 150.000 fieles congregados (bastantes menos de los hasta 400.000 que se esperaban) aplaudieron en varias ocasiones en una ceremonia cargada de elementos indígenas. Bergoglio les invitó a que defiendan su cultura, pero sin caer en la «violencia y la destrucción» que acaba cobrándose vidas. «No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa».

Dándoles una de cal y otra de arena, animó a los mapuches a estar «atentos» ante los «bellos acuerdos» que no llegan a concretarse y a las «bonitas palabras» que no acaban de concretarse. Hacía así referencia a los sucesivos programas impulsados por las autoridades chilenas desde hace décadas para mejorar su situación. «Se nos prometió una mejor vida, una mejor relación con el pueblo mapuche y eso no ha ocurrido», comentó el presidente de la Asociación de Alcaldes Mapuches, Juan Carlos Reinao, satisfecho con las palabras del Pontífice, que les animó además a no dejarse «neutralizar» ni permitir que nadie «silencie las diferencias».

Había expectación por saber si Francisco hablaba de genocidio al comentar los atropellos sufridos por los indígenas de la Araucanía y si pedía perdón por la supuesta connivencia de la Iglesia con los conquistadores. No hizo ni lo uno ni lo otro. Jose Aylwin, director de Observatorio Ciudadano, una organización que defiende los derechos de este pueblo originario, consideró que habrían sido «muy deseables» esas excusas. «Entre los mapuches hay quien ve al Papa como el representante de un poder que estuvo detrás del proceso de conquista y de la instalación del Estado chileno, procesos impulsados por la fuerza, que resultaron en su desposeimiento territorial, en la imposición cultural y el empobrecimiento».

Aylwin denunció que empresas forestales se apropian de las tierras de los mapuches mientras que sus aguas están en manos de corporaciones hidroeléctricas, entre las que cita «aquellas en que Endesa es accionista importante». Lamenta además la «fuerte represión policial» con que se contesta la protesta social de los mapuches y su enjuiciamiento mediante leyes antiterroristas. «Los mayores problemas los genera el modelo de economía extractiva impulsado por el Estado chileno».

En la visita del Papa a Temuco estuvieron presentes las víctimas de la dictadura militar. Francisco se acordó de ellas al principio de la misa, que se celebró en un aeródromo utilizado como centro de detención y tortura durante los años del régimen de Pinochet. El Papa ofreció la Eucaristía a «todos los que sufrieron y murieron, y a todos los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias».

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