El terremoto más fuerte en cien años no es aún el 'gran seísmo' que México teme

Dos hombres contemplan los destrozos en Juchitán, en Oaxaca.
Dos hombres contemplan los destrozos en Juchitán, en Oaxaca. / EFE

Peña Nieto pide la ayuda de todos para los damnificados y confía «en el sector privado» para la reconstrucción

MILAGROS L. DE GUEREÑO L A HABANA.

El terremoto del pasado día 7, de magnitud 8,2 en la escala Richter, el más fuerte en 100 años en México y cuyos efectos intentan contrarrestar los mexicanos enviando alimentos, atención médica y materiales para la reconstrucción a Oaxaca y Chiapas, no es el temido 'gran seísmo' que los expertos llevan años esperando que azote la falla de Guerrero.

Las más altas autoridades mexicanas recorrieron el lunes la zona dañada de Chiapas. Allí el presidente Enrique Peña Nieto aseguró la «absoluta solidaridad y respaldo, apoyo y ayuda» a los damnificados. El primer objetivo, dijo, es «atender a la población damnificada, especialmente en la dotación de víveres, además de asegurarles una alimentación diaria a través de albergues y comedores comunitarios que se han instalado». Hasta el momento se han distribuido 100.000 raciones básicas de emergencia, 100 toneladas de víveres y unas 100.000 colchonetas y mantas.

El epicentro del temblor se localizó en la costa de la localidad chiapaneca de Tonalá. Pero fue tan intenso que se sintió en Veracruz y en la misma capital, donde todavía doce centros educativos permanecen cerrados a causa de los daños. En Oaxaca, donde el desastre fue más severo, de las 12.000 viviendas dañadas, 9.000 fueron declaradas siniestro total. Las escuelas tampoco pudieron abrir.

Otro aspecto que Peña Nieto destacó fue el despliegue de «89 unidades médicas móviles para recorrer de manera itinerante Chiapas y Oaxaca». En total 1.200 médicos se desplazarán a atender a los cerca de dos millones de damnificados que todavía no pueden regresar a sus viviendas. «La población está en pie, con ánimo y con entereza, con temor fundado por las más de mil réplicas ocurridas desde entonces», dijo.

Así mismo, el presidente indicó que los materiales para comenzar a reparar lo dañado ya están llegando a la zona, acostumbrada a los terremotos porque se encuentra sobre la falla del istmo de Tehuantepec. Pero aseguró que confiaba en la participación del sector privado, y en especial de constructoras, «que yo espero copiosa» y «activa» para trabajar conjuntamente en la reconstrucción.

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