Rescate al límite del malagueño Jorge Gómez Varo en México

Los técnicos han apuntalado el edificio y trabajan también desde inmuebles colindantes / AFP

El aparejador lleva más de 72 horas sepultado bajo la montaña de cascotes a la que quedó reducido el edificio donde trabajaba, el Álvaro Obregón

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

«Estamos en una contrarreloj. Te cuentan historias de gente que ha estado una semana y ha sido rescatada con vida. Soy optimista, pero también realista, sé lo difícil que está. Sólo nos queda confiar en un milagro». Quien habla es Alejandro, uno de los cuatro hermanos del malagueño Jorge Gómez Varo (33 años), que lleva desde las 13.14 (hora local) del martes sepultado bajo una montaña de escombros tras el terremoto que sacudió Ciudad de México.

Desde entonces, brigadas de ‘topos’ mexicanos (personal experto en este tipo de rescates), con ayuda de otros retenes desplazados desde Estados Unidos, Israel o Japón, tratan de localizar a las 46 personas que continúan desaparecidas tras el derrumbe del edificio de oficinas donde trabajaba Jorge, en el número 286 de la calle Álvaro Obregón, una de las ‘zonas cero’ de la catástrofe que se ha cobrado ya 286 víctimas.

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Tras el seísmo, los equipos de salvamento confirmaron con cámaras de infrarrojos que había vida entre los escombros. El miércoles, los ‘topos’ rescataron a tres personas, entre ellas una mujer que manifestó que habían logrado salvarse porque, tras el derrumbe, quedaron en un «hueco» junto a otras 10 personas y que todas estaban con vida. Lizzeth López, una compañera de trabajo de Jorge, pudo contactar con la familia por teléfono y les dijo que el malagueño estaba vivo y que se encontraba cerca de ella. «Otra empleada declaró en televisión que mi hermano ordenó a todos que salieran y que se quedó el último en la oficina –él es el jefe de esa delegación de la consultora gallega Valora en México– para asegurarse de que todo el mundo abandonaba el edificio. Pero él no pudo hacerlo». Una semana antes, Jorge se había visto obligado a suspender a Miami, adonde debía ir por motivos de trabajo, porque su vuelo fue cancelado por el huracán Irma.

En la imagen superior, numerosos equipos y voluntarios trabajan sin descanso para liberar a las personas que quedan con vida. A la izquierda, estado en el que ha quedado el bloque en el que se encontraba la oficina del malagueño. Al lado, Jorge Gómez Varo. / AFP | SUR

«Si no hubiera sido una cosa, habría sido la otra. Quizá habría sido incluso peor si llega a viajar», afirma Alejandro. Las últimas 24 horas han transcurrido sin apenas avances. «Hemos pasado la noche en vela, pero sin noticias. A las nueve de la mañana, mi cuñada –Irene, la novia de Jorge, también malagueña, que no se separa ni un minuto del lugar habilitado para los familiares– me mandó un ‘whatsapp’ diciéndome que los equipos israelíes habían sido relevados por los americanos, que iban a buscar con un dron», relata Alejandro.

Jorge se quedó el último en la oficina para asegurarse de que sus compañeros la abandonaban

Tras suspender durante horas la búsqueda por la lluvia, los equipos de salvamento emprenden un nuevo intento de llegar hasta los desaparecidos

La empresa de Jorge y la naviera para la que trabaja su novia, que es psicóloga, se han volcado en la ayuda y han aportado, entre otros materiales, vigas de madera y acero para apuntalar la estructura y una brigada de 50 hombres para colaborar en la retirada de escombros. El «bajón» –repite varias veces esa misma palabra– se produjo ayer a mediodía, cuando una inoportuna lluvia obligó a suspender las tareas de rescate, ya que el edificio se había «movido» y el agua multiplicaba el riesgo de desprendimiento. Ese imprevisto frustró el plan de los bomberos, que ya habían apuntalado la vía para llegar hasta ellos.

Tras suspender temporalmente la búsqueda, los responsables del operativo convocaron a los familiares de los desaparecidos en el 286 de Álvaro Obregón y les informaron de que, debido al movimiento del edificio por la lluvia, tenían que hacer un nuevo estudio topográfico para valorar la posibilidad de llegar hasta ellos desde los edificios laterales. Y les anunciaron que ya se había descartado la presencia de vida en las plantas tercera y cuarta, por lo que iban a centrar sus esfuerzos en la segunda, donde las cámaras térmicas seguían dando esperanza. La oficina de Jorge estaba en ese piso, según la familia.

El número 286 de la Avenida Álvaro Obregón

Donde ahora hay escombros y casi medio centenar de personas sepultadas, hace cuatro días se levantaba un edificio de seis plantas. La avenida Álvaro Obregón, en el barrio Condesa, era una zona de amplias calles arboladas y bonitos cafés.

El bloque de oficinas con grandes cristaleras se erigía junto al Centro Quiropráctico Montaño y la tienda de muebles Dettagio. Dos bloques que han quedado de pie junto a los escombros del edificio. Era uno de los más grandes de la zona, con un gigantesco número 286 metálico en su entrada. Frente a él estaba el conocido Jetson’s Potato & Beer, un restaurante de estilo retro-futurista que anunciaba con un cohete espacial haber sido fundado en el año 2098. Una estética que chocaba de forma directa con la fuente de estilo antiguo que se situaba entre las oficinas y el local de comida.

Ayer por la tarde, cuando la lluvia cesó, los ‘topos’ reanudaron las tareas de rescate y dibujaron una nueva ruta para atravesar los huecos entre los escombros. «Van a intentar acceder desde uno de los edificios de al lado. Los americanos –un retén desplazado desde Estados Unidos– van para adentro», anunciaba anoche Alejandro. Según le ha contado su cuñada, con la que está permanentemente en contacto por WhatsApp, los responsables del dispositivo, al informar de los avances, ya solo se dirigen a seis o siete familiares. Los de los desaparecidos que estaban en la segunda planta. «Y una de ellas es Irene. Yo sé que me agarro a un clavo ardiendo, pero eso significa que hay esperanza». Es la otra palabra que más repite.

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