El Papa pide perdón por los abusos sexuales a menores

Francisco saluda a reclusas durante una visita a un centro penitenciario femenino en Santiago de Chile. :: efe/
Francisco saluda a reclusas durante una visita a un centro penitenciario femenino en Santiago de Chile. :: efe

Las víctimas de sacerdotes pederastas en Chile consideran insuficientes sus palabras y le exigen el cese de los obispos encubridores

DARÍO MENOR SANTIAGO DE CHILE.

Chile es una rara avis para la Iglesia católica dentro de América Latina. En los últimos años el país le ha dado la espalda a la religión de forma acelerada conforme se iban conociendo los escándalos de abusos sexuales a menores de edad cometidos por eclesiásticos. En La Moneda, el histórico palacio presidencial donde Salvador Allende perdió la vida en 1973 durante el golpe militar de Augusto Pinochet, el papa Francisco afrontó ayer el más grave problema que viven los católicos locales, durante su primer discurso oficial en Chile. Manifestó su «dolor y vergüenza» ante el daño «irreparable» causado a los niños por los ministros de la Iglesia y pidió «perdón» por lo sucedido, invitando a los obispos a «apoyar con todas las fuerzas a las víctimas» y a comprometerse para que estos pecados y delitos «no se vuelvan a repetir».

Las palabras de Jorge Mario Bergoglio recibieron un aplauso cerrado por parte de los parlamentarios, ministros y autoridades congregadas en la plaza de los Naranjos de La Moneda. Entre los presentes estaban la presidenta en funciones, Michelle Bachelet, con la que se reunió luego en privado, y Sebastián Piñera, quien le sucederá en el cargo a partir del 11 de marzo y al que saludó brevemente.

Resulta significativo que el Papa pidiera perdón por los abusos sexuales en un contexto político, pues las veces anteriores en que se excusó por esta lacra dentro de la Iglesia fue siempre en actos religiosos. No fue la única vez que trató ayer la pederastia: por la tarde mantuvo en la catedral de Santiago un encuentro con sacerdotes, seminaristas y religiosos, con quienes habló del dolor que generan estos casos. «Se que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir 'vestido de cura' en muchos lados se está 'pagando caro' -comentó Francisco-. Por eso los invito a que pidamos a Dios nos de la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo».

El país menos creyente

El 'desgaste' que vive la Iglesia chilena por este problema queda claro al ver los datos ofrecidos por el Latinobarómetro. Según la última edición de este estudio publicada la semana pasada, solo el 45% de los ciudadanos se declaran hoy católicos (eran el 74% en 1995), mientras que la confianza hacia la institución eclesiástica se sitúa en un pobre 36% (80% hace 22 años). Chile se destapa así como el país menos creyente de América Latina.

Ese desapego es palpable en las calles de Santiago, donde no se están congregando las masas enfervorizadas de personas para saludar a Francisco que se vieron en las cinco visitas anteriores de Bergoglio a la región. «Yo era católico, pero perdí la fe al ver cómo la Curia sólo se preocupa por defender a la jerarquía y no se interesa de verdad por lo que le pasa a los fieles, como se ha visto con los abusos», contaba Marcelo. Este descenso en los niveles de religiosidad no impidió en cualquier caso que participara un número importante de fieles en la misa que el Pontífice presidió en el Parque O'Higgins de la capital chilena: hubo alrededor de 400.000 personas.

La petición de perdón de Francisco ante los abusos sexuales a niños dentro del clero no parece de momento suficiente para que los chilenos alejados de la fe vayan a volver a las parroquias. Juan Carlos Cruz, víctima del sacerdote condenado por pederastia Fernando Karadima, consideró las palabras del Papa «otro titular barato» y le pidió el cese de los obispos que encubren a los presbíteros que han abusado de menores.

A Cruz y a otras personas que pasaron por experiencias similares les dolió ver que en la misa presidida por Bergoglio en el Parque O'Higgins participaba Juan Barros, obispo de Osorno y supuesto encubridor de Karadima. Los fieles de esta diócesis llevan meses manifestándose contra Barros y contra el propio Bergoglio, que en una conversación informal en Roma defendió al obispo y les dijo a los feligreses que no fueran «tontos» ni se dejaran manipular por «zurdos», haciendo referencia a políticos de izquierdas. Hubo otras víctimas de Karadima, como James Hamilton, que fueron más allá al calificar de «traición» el recibimiento en La Moneda al Papa por considerar que protege indirectamente a los sacerdotes pederastas.

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