El Papa halla en Colombia una Iglesia dividida en torno a la paz

Francisco llega al país con el deseo de hacer de los acuerdos de La Habana un primer paso para la verdadera reconciliación nacional

DARÍO MENOR CORRESPONSAL BOGOTÁ.

El Papa llegó ayer a Colombia en el mejor momento por el que ha pasado el país latinoamericano en el último medio siglo. Es un instante «único de nuestra historia, cuando volteamos la página de un conflicto absurdo y encaramos con ilusión el futuro». Son las palabras con las que el presidente Juan Manuel Santos celebró el pasado lunes la firma de un alto el fuego durante cuatro meses con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla del país.

La primera, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), son hoy ya un partido político después de su renuncia a las armas tras los acuerdos de La Habana. En el proceso de paz entre el Gobierno de Santos y estos grupos armados ha ejercido un papel de mediador tanto la Iglesia católica local como el propio Jorge Mario Bergoglio.

En los cinco días que pasará en Colombia, con etapas en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena de Indias, Francisco tratará de que esos acuerdos sean solo el primer paso hacia una reconciliación nacional. Lo explicó él mismo en su mensaje en un vídeo previo a la visita, en el que pidió una paz «estable y duradera», animando a los colombianos a tratarse «como hermanos, no como enemigos».

El Papa recordó a la Iglesia que también ella «está llamada a promover la reconciliación», lo que supone una advertencia a los obispos colombianos, pues una parte de ellos no ha acompañado el proceso de paz ya que recela de las concesiones realizadas por el Gobierno a los guerrilleros.

«El episcopado nunca estuvo tan dividido», reconoce Octavio Ruiz Arenas, antiguo arzobispo de Villavicencio y actual secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Hace referencia al ambiente de crispación que se vivió en la población y se trasladó también a los prelados en los momentos previos al plebiscito convocado por Santos en octubre de 2016 para refrendar el plan de paz con las FARC. Tras la victoria del 'no' en el referéndum, el Gobierno sacó adelante un nuevo acuerdo por medio de una votación parlamentaria celebrada en diciembre.

Movilización popular

Para tratar de evitar que descarrilasen estas negociaciones, Bergoglio estuvo en contacto tanto con Santos como con las FARC e incluso citó en Roma al presidente con su antecesor, Álvaro Uribe, gran enemigo del proceso. Recibió a ambos de forma conjunta en el Palacio Apostólico pidiéndoles que mantuvieran un «diálogo sincero» y que fueran conscientes del «momento histórico» que vive su país.

Testigo de primera línea en la mediación entre el Vaticano y la guerrilla es el profesor universitario italiano Gianni La Bella, miembro de la Comunidad de San Egidio, un grupo católico con larga experiencia en la resolución de conflictos armados. «Colombia es un país lleno de deseos de venganza: ahí está el gran trabajo que hay que hacer para la paz. Una vez logrado el acuerdo comienza un problema enorme», explica La Bella. «Para salvar la paz es determinante la movilización popular, hace falta un gran trabajo que entre en la base de la sociedad».

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