«Nunca la Amazonía ha estado tan amenazada», alerta Francisco

DARÍO MENOR ENVIADO ESPECIAL LIMA.

Cuando el Papa visita un país lo habitual es que comience su agenda reuniéndose con el presidente de turno y ofreciendo a las autoridades un discurso de marcado carácter político en el que fija su posición sobre los mayores problemas que, a su juicio, tiene ese Estado. No es lo que ha ocurrido en Perú. En una nueva muestra por su preocupación por los indígenas y, en particular, por la situación de la Amazonía, Francisco dedicó ayer su primer encuentro en territorio peruano a los pueblos de esta amenazada región. «Quise empezar por aquí», reconoció. La cita fue en Puerto Maldonado, localidad de la selva donde denunció que «nunca» los pueblos amazónicos han estado «tan amenazados en sus territorios» como hoy.

Fue vibrante la reunión de Jorge Mario Bergoglio con unos 4.000 indígenas en el Coliseo Madre de Dios de esta localidad de unos 75.000 habitantes que nunca antes había recibido a un obispo de Roma. Francisco se los metió en el bolsillo desde el principio llamando por su nombre a más de veinte tribus, cuyos miembros le respondieron con música, bailes y sonrisas por doquier. Aprovecharon además que tenían delante a una figura mundial de la talla del Papa y la presencia de cientos de periodistas para denunciar la situación que vive su tierra.

«En la actualidad muchos foráneos invaden nuestros territorios: los cortadores de árboles, los buscadores de oro, las compañías petroleras, los que abren trochas para construir caminos de cemento», lamentaron Héctor Sueyo y Yésica Patiachi, de la tribu Harakbut. Estas actividades, en muchas ocasiones ilegales, se llevan a cabo sin consultar a estos pueblos originarios, que «sufren mucho y mueren» cuando sus ríos quedan convertidos en «aguas negras de la muerte» por la actividad minera.

Intereses económicos

«Le pedimos que nos defienda», le dijeron los indígenas al Papa, denunciando a los «foráneos» que les ven «débiles» y tratan de quitarles sus tierras. «Si lo consiguen, podemos desaparecer», añadieron. Bergoglio, que dedicó a la protección del medioambiente su encíclica 'Laudato Si' y ha convocado un Sínodo sobre la Amazonía en 2019, estaba en su salsa y repartió golpes a uno y otro lado. Advirtió primero sobre la «fuerte presión» que ejercen los intereses económicos por su «avidez» con el petróleo, el gas, la madera, el oro y los monocultivos agroindustriales.

Luego cargó contra una forma de entender la conservación de la naturaleza equivocada, a su modo de ver por no tener en cuenta a los pueblos que allí viven.

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