Los cubanos reprueban el fin del deshielo

Una familia cubana, atenta a las declaraciones de Trump. :: reuters
Una familia cubana, atenta a las declaraciones de Trump. :: reuters

MILAGROS L. DE GUEREÑO LA HABANA.

Al fortalecer el embargo contra Cuba y volver a paraliar el lento deshielo entre ambas naciones, Donald Trump consiguió aplausos agradecidos en los sectores del ala dura anticastrista dentro y fuera de Cuba pero también un rechazo mayoritario que ha unido al Gobierno de Raúl Castro; a cubanos de a pie y a disidentes moderados; sin contra a ciudadanos, congresistas -incluidos muchos republicanos- y medios de prensa estadounidenses y de la comunidad internacional.

La respuesta oficial de las autoridades cubanas fue clara pero mesurada. Una declaración oficial descalificó la «retórica hostil» del discurso de Trump, recordó la resistencia de Cuba frente a once administraciones de EE UU y que no fue doblegad por ninguna sanción. Agrega que los «métodos coercitivos del pasado» provocan «daños y privaciones al pueblo cubano», torpedean el desarrollo de la economía y afectan a «la soberanía y los intereses de otros países», incluyendo las «trabas adicionales a las muy restringidas oportunidades que el sector empresarial estadounidense tenía para comerciar e invertir en Cuba».

El Gobierno comunista «denuncia» el endurecimiento del bloqueo; dice que Trump «estuvo otra vez mal asesorado», que sus decisiones favorecen a «una minoría extremista», que las medidas «están destinadas a fracasar» al igual que la estrategia para «cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o empleando métodos más sutiles».

De todas formas, reitera la voluntad de continuar el «diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés» e insiste que los cambios en Cuba, del pasado, del presente -- y del futuro los decidirá «soberanamente el pueblo cubano».

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