Las dos asambleas se disputan el Palacio Legislativo

M. LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

La presión sobre la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, volvió a vivir ayer un nuevo episodio. Mientras que los diputados elegidos en 2015 celebraban una sesión, en el exterior del Palacio Legislativo los chavistas llevaron a cabo una marcha. Al tiempo, los representantes elegidos el día 30 para la Constituyente se reunían unos metros más allá. Nadie dio su brazo a torcer en un espacio que se disputan las dos partes, aunque el domingo Nicolás Maduro adelantó que se ha habilitado un espacio en la sede de la Cancillería para las reuniones de la Constituyente.

El oferta no contenta a la comunidad internacional, que critica tanto la instalación de la nueva Cámara como la destitución de la ex fiscal general Luisa Ortega. Así, el Gobierno de Chile expresó su oposición a «golpes y autogolpes» y Francia deploró el cese de Ortega, que, según su sucesor Tarek William Saab, «no fue un hecho casual», sino la conclusión de la denuncia en su contra por un «cúmulo probatorio de faltas graves e inexcusables violaciones a la ética y la moral pública» basado en un hecho «del que ella misma propició su definitivo desenlace» al presentar en días previos una serie de acusaciones y denuncias en contra de los miembros del Tribunal Supremo de Justicia con calificativos «que rayaron la obscenidad».

Por su parte, organizaciones de derechos humanos se dirigieron a los cancilleres de Unasur, que anunciaron una reunión para tratar la situación en Venezuela, para que mantengan una posición firme y exijan al Gobierno detener la Constituyente, además de reconocer la crisis humanitaria, investigar la corrupción y garantizar el acceso a la información.

Por su parte, Federica Mogherini, máxima responsable de la Unión Europea para Política Exterior, afirmó desde Australia que ambos hechos «han debilitado más las perspectivas de la vuelta al orden democrático» e «incrementado la polarización».

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