Los aliados aumentan la presión sobre Putin

La primera ministra británica, Theresa May, habla con el jefe de la Policía de Wiltshire durante su visita ayer a Salisbury. :: D. L. O. / AFp/
La primera ministra británica, Theresa May, habla con el jefe de la Policía de Wiltshire durante su visita ayer a Salisbury. :: D. L. O. / AFp

EE UU, Francia y Alemania arropan a May contra Rusia y califican como un «ataque contra Reino Unido» el intento de matar al exespía Skripal

LOURDES GÓMEZ LONDRES.

Estados Unidos, Alemania y Francia se han unido a Reino Unido para responsabilizar a Rusia del ataque contra el doble espía ruso Serguéi Skripal y su hija Yulia, ocurrido en Salisbury el domingo 4 de marzo. En un comunicado difundido ayer, los cuatro aliados ratificaron que es el «primer uso ofensivo de un agente nervioso de grado militar» en Europa desde la Segunda Guerra Mundial e instan al Kremlin a colaborar abiertamente con la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW).

La declaración de apoyo es limitada en cuanto al tono y las acciones de represalias. No acusa directamente al Kremlin ni adopta sanciones multilaterales, diplomáticas o económicas, en línea con las impuestas por Londres el día anterior. Afirma simplemente que «compartimos la valoración de Reino Unido de que no hay otra explicación alternativa posible» sobre la «muy posible responsabilidad» del régimen ruso.

La jefa del Gobierno británico, Theresa May, mantuvo su estrategia y culpó a Rusia del «descarado» incidente en su primera visita a Salisbury desde que saltó la alarma. Recorrió distintos puntos de la ciudad catedralicia que siguen protegidos por expertos de la Policía científica y saludó al agente de la fuerza regional, Nick Bailey, que continúa hospitalizado en estado grave. La 'premier' atendió también quejas e inquietudes de comerciantes perjudicados por la investigación de la unidad antiterrorista de Scotland Yard.

El ministro de Exteriores, Boris Johnson, aportó más detalles sobre la sustancia química de origen soviético. «Nuestros expertos han identificado el arma como un agente nervioso de cuarta generación conocido como Novichok, diseñado para causar caos al sistema nervioso central e infligir una muerte prolongada», escribe en el diario estadounidense 'The Washington Post'. Las cuatro potencias aliadas califican el uso de gas nervioso en la ciudad inglesa como un «ataque contra la soberanía de Reino Unido». En manos de «cualquier Estado» dicha ofensa es una «clara violación de la Convención en Armas Químicas y una infracción del derecho internacional», añaden sin mencionar al Kremlin. «Amenaza la seguridad de todos nosotros», declaran.

Pirateo informático

El Gobierno May mantiene intensa la campaña para internacionalizar la tentativa de asesinato del excoronel de la Inteligencia militar rusa que fue fichado por los servicios secretos británicos en los años noventa. Por lo pronto, Washington, Berlín y París aceptan el enfoque británico de que el ataque químico «forma parte de una pauta de actividad de Rusia» fuera de sus fronteras. En su columna de 'The Washington Post', Johnson traza un hilo común entre el «temerario desafío» de Moscú al orden internacional y «los envenenamientos de Salisbury, la anexión de Crimea, los ataques cibernéticos en Ucrania, el pirateo informático del Parlamento alemán y la interferencia en elecciones en el extranjero».

May se ha ganado el respeto casi universal del Parlamento de Westminster a su gestión del caso Skripal. El eco de la cautela lo propaga el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, con una voz solitaria que no secundan ni desde sus bancadas laboristas. El veterano de la lucha contra las armas nucleares o químicas provocó la ira de diputados al pedir pruebas de la procedencia y autoría del ataque con el gas Novichok en vez de acusar a Rusia del crimen en el debate de anteayer.

Ayer reincidió en la cuestión en un escrito publicado en el periódico británico 'The Guardian'. «Correr hacia delante antes de que la Policía compile evidencias, en un ambiente parlamentario febril, no contribuye ni a la Justicia ni a nuestra seguridad nacional», protesta el líder laborista. Corbyn alertó contra el riesgo de caer en «una 'nueva guerra fría' de creciente escalada de gasto armamentístico, conflictos a través de terceros por todo el mundo y una intolerancia 'McCarthiana' a la discrepancia».

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