Aldo Moro camina hacia su beatificación

Se cumplen 40 años del secuestro y posterior asesinato del líder de la Democracia Cristiana italiana

DARÍO MENOR

roma. El cruce entre la calle Fani y la calle Stresa es un lugar tranquilo situado en un barrio acomodado de la zona noroeste de Roma. Hay una señal de stop para regular la circulación y no demasiado tráfico. En esa intersección esperaban a las 9 de la mañana del 16 de marzo de 1978 cuatro miembros del grupo terrorista Brigadas Rojas (BR) a que llegara el automóvil de Aldo Moro y el de su escolta. Habían estudiado sus movimientos y lo consideraban el lugar más seguro para secuestrar al líder de la Democracia Cristiana (DC). Tras acabar con la vida de los cinco agentes disparando más de 90 tiros, los terroristas se llevaron a Moro, al que tuvieron en sus manos durante 55 días, abriendo así uno de los episodios más negros de la historia contemporánea italiana. El 9 de mayo aparecía el cuerpo sin vida de Moro en el maletero de un automóvil aparcado en el centro de Roma. Los terroristas habían asesinado al hombre más influyente de la política italiana, primer ministro en dos ocasiones y negociador incansable y capaz de conseguir el apoyo hasta de quien estaba en las antípodas de su ideología, como el poderoso Partido Comunista Italiano.

En la calle Fani hay una placa que recuerda los nombres de los tres policías y dos carabineros que perdieron la vida protegiendo a Moro. «Ha sido una carnicería», le contó Valerio Morucci, uno de los terroristas que participaron en la operación, a una de sus compañeras en las BR, Adriana Faranda. El pasado 21 de febrero sobre la base de cemento en que estaba colocada la placa, que había sido retirada para ser restaurada, apareció escrito 'Muerte a los guardias'. Aunque el grafiti causó indignación entre las fuerzas políticas e institucionales, para Maria Fida Moro fue una muestra más de que su padre no ha sido olvidado. «Probablemente la escribieran personas nacidas después de su secuestro y asesinato. Reconocían así de forma inconsciente el símbolo que fue. Aunque tal vez resulte difícil de entender, en la familia no lo vivimos como un ultraje a su memoria y a la de los hombres de su escolta», dijo.

El inicio del declive

LA CLAVELa Iglesia católica quema etapas en el proceso canónico para que ascienda a los altares

Con motivo del 40 aniversario del secuestro de la calle Fani los medios italianos han entrevistado a antiguos miembros de las BR como Faranda, que reconocía en 'La Repubblica' que el asesinato de Moro marcó «el inicio del declive» de este grupo terrorista de extrema izquierda protagonista de los Años de Plomo en Italia. A la primogénita del líder de la DC le resulta nauseabundo ver a los secuestradores y asesinos de su padre en la prensa. «Tener ganas de perdonar no significa renunciar a poner ciertos límites. Hay una gran irresponsabilidad por su parte y también por parte de algunos medios. Lo mejor que podrían hacer es pedir perdón o quedarse callados, no presentarse como supuestos héroes», se queja Maria Fida Moro, que incluso envió un vídeo a los diarios recordando que quien tenía derecho para decir «qué coñazo el 40 aniversario» era ella y no los terroristas. Además de por su cintura política y por su capacidad para negociar con sus rivales, los familiares de Moro le recuerdan por su profunda religiosidad. «Todos los que lo conocimos de cerca sabemos que era un santo», asegura su primogénita. Para la Iglesia católica no se trata solo de una frase hecha. En 2012 fue declarado Siervo de Dios por el cardenal Agostino Vallini, entonces vicario del Papa para la diócesis de Roma, cuando aceptó el nombramiento de un postulador para su causa. Se espera que antes de dos años termine la fase diocesana y el proceso llegue a la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. El Papa podría más tarde beatificarle al reconocer que su muerte se produjo 'in odium fidei' (por odio a la fe).

«Canónicamente el proceso está ya preparado. En estos últimos cuatro años hemos recogido cientos de testimonios espontáneos de personas que le conocieron. Hay 65 obispos, 15 cardenales, autoridades políticas e institucionales, familiares de sus escoltas... Hay una clara fama de santidad», asegura el postulador de la causa, Giampaolo Nicola. «Asumo la responsabilidad moral y cristiana de decir que nos encontramos frente a un santo a todos los efectos. Espero que la Iglesia acelere su causa porque el mundo y la política necesitan hoy de modelos de vida como Moro. Era una persona que ponía por delante de cualquier otra consideración su preocupación por la dignidad humana». aseguró.

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