Se ahonda la división en Venezuela

El líder de la oposición, Julio Borges, expone los resultados de la consulta. :: RONALDO SCHEMIDT / afp/
El líder de la oposición, Julio Borges, expone los resultados de la consulta. :: RONALDO SCHEMIDT / afp

El plebiscito da alas a la oposición, que aumenta la presión sobre el Gobierno para que renuncie a su plan de una Constituyente

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO LA HABANA.

Las votaciones del domingo en contra y a favor de Nicolás Maduro y su proyecto de Asamblea Constituyente, lejos de posibilitar soluciones a la crisis social, política y económica de Venezuela, profundizan la división en la muy polarizada sociedad del país. Que el 98% de los 7.186.170 votantes del plebiscito convocado por la oposición rechacen la elección de nuevos legisladores para que reformen la Constitución es el empuje que necesitaban los adversarios del chavismo para lanzar «la hora cero» y avanzar hacia la «fase de presión» para desmantelar el movimiento fundado por Hugo Chávez. El Gobierno desacredita la consulta como algo «interno» y sin validez legal. Y el círculo vicioso continúa incólume después de más de 100 días de protestas y un centenar de muertos.

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, declaró que «en esta fase viene la presión, la escalada, la materialización de las razones por las que la gente pidió ese 'sí' (el domingo); el mundo y Miraflores deben escuchar el grito de todo un país» que rechaza cambiar la Constitución, quiere que las Fuerzas Armadas obedezcan la actual Carta Magna y respalden al Parlamento, de mayoría opositora, y aprobarían la renovación la convocatoria de elecciones y la instauración de un gobierno de transición.

El líder del Parlamento pidió al Ejecutivo «sensatez» para escuchar al país. «Si no lo hace, no sólo nos llevará a más violencia, también llevará a su salida». Según Borges, resta ahora «materializar ese mandato que nos dio la gente acá, que no haya la Constituyente que una minoría quiere imponer, una renovación de los poderes públicos y la realización de elecciones».

La oposición, que había pronosticado una participación de unos once millones, defiende que el resultado del plebiscito es un éxito porque no contó con el apoyo del Consejo Nacional Electoral (CNE) que, en cambio, se volcó en el ensayo general para la elección, el día 30, de la Constituyente. Para demostrar la falta de democracia, los grupos opositores no presentan candidatos, a riesgo de cometer el mismo error que con Chávez, cuando al boicotear la Asamblea Nacional quedaron fuera de ella y dieron al oficialismo carta blanca para legislar.

Los antichavistas cuentan con que, tres lustros después, la decepción -adobada de escasez e inflación- ha calado en las bases de Maduro. Exhiben el apoyo de la comunidad internacional, reflejado en los cinco expresidentes latinoamericanos -Andrés Pastrana (Colombia), Jorge Quiroga (Bolivia), Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez (Costa Rica) y Vicente Fox (México)- que ejercieron de observadores del plebiscito.

«Esta lucha se ganó» y «paso a paso, voto a voto, el dictador saldrá», declaró Vicente Fox y el Gobierno reaccionó de inmediato. Según el canciller, Samuel Moncada, por orden de Maduro, fue declarado persona non grata y no podrá entrar al país porque «es un agente perverso que viene a provocar muerte y destrucción».

Respecto al simulacro oficialista, la excanciller Delcy Rodríguez destacó que «la gente (en referencia a sus simpatizantes) desbordó las calles de Caracas y Venezuela». Tibisay Lucena, presidenta del CNE, indicó que la consulta de la MUD «es un ejercicio político sin consecuencias jurídicas».

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