Tribunales bajo la voz de su amo

G. ELORRIAGA

La decisión de la Corte Suprema keniana sienta un precedente en África de dimensiones tan relevantes como la elección de Ellen Johnson Sirleaf como primera mujer presidente en 2005 o, un año después, la legalización del matrimonio gay en Sudáfrica, excepción en un continente muy hostil a la homosexualidad. La separación de poderes resulta una ficción en las democracias formales que rigen en buena parte de los Estados surgidos al norte y sur del Sáhara. Los tribunales difícilmente cuestionan la procedencia de las decisiones del Ejecutivo y, por supuesto, la validez de unos comicios de previsible desenlace mucho antes de que las urnas sean distribuidas. Una vez más, el sistema legal de Pretoria destaca por su cuestionamiento del presidente Jacob Zuma y una clase política tan depredadora como la de otros países de menor renta.

La facultad de anular unas elecciones resulta una quimera incluso ante circunstancias harto sospechosas. La decisión más polémica tuvo lugar en Gabón, que celebró presidenciales el año pasado. El Constitucional declaró válidos los comicios a pesar de que el Comité Electoral indicó que en la provincia natal del presidente votó el 99,9% de la población y el 95% le dio su voto. El tribunal se limitó a reducir el índice de participación al 98% y señalar que el 83% se había inclinado por el candidato gubernamental, además de manifestar la imposibilidad de llevar a cabo nuevos recuentos.

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