Mugabe negocia su salida del poder

Hombres custodiados por soldados en la capital, Harare, en una foto colgada en Twitter por el abogado del Supremo Fadzayi Mahere. :: afp
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Hombres custodiados por soldados en la capital, Harare, en una foto colgada en Twitter por el abogado del Supremo Fadzayi Mahere. :: afp

El presidente de Zimbabue, en arresto domiciliario, se reúne con los jefes del Ejército pero se resiste a dimitir

GERARDO ELORRIAGA

Robert Mugabe aparece sonriente en las fotos difundidas por las agencias. El dirigente zimbabuo posa con Constantine Chiwenga, jefe de las Fuerzas Armadas y responsable del golpe de Estado que puede acabar con sus cuarenta años de poder. No hay rastro aparente del drama que se desarrolla en el palacio presidencial, donde permanece arrestado desde que las Fuerzas Armadas zimbabuas tomaron el poder hace tres días. Las últimas informaciones apuntaban ayer a que el líder, de 93 años, se resistía a dimitir, como le reclaman los militares, y que los mediadores -un enviado del Gobierno sudafricano y el sacerdote Fidelis Mukonori, viejo amigo del jefe del Ejecutivo- han facilitado las conversaciones.

El país permanece en calma, aunque la sociedad civil ya demanda la marcha definitiva del veterano dirigente y el comienzo de una transición democrática. Un documento, firmado por 115 organizaciones, reclama una hoja de ruta para restaurar el orden constitucional. El velado temor de que el 'putsch' constituya un mero recambio dentro de la formación oficialista ZANU-PF subyace en este texto, que solicita la celebración de elecciones libres y justas, hasta ahora inviables en la república austral, víctima de maneras autoritarias.

La posibilidad de que la iniciativa militar desemboque en un mero cambio dentro del régimen constituye la amenaza principal para los agentes que piden reformas. A ese respecto, el protagonismo, aún encubierto, del ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa, es una constante de todos los debates en torno al futuro inmediato de Zimbabue. El dirigente reside en Sudáfrica desde que fue destituido hace apenas dos semanas, y las informaciones apuntan su intención de asumir la dirección de un gobierno de concentración que reúna a los veteranos de guerra y fuerzas opositoras. En las últimas horas ha emitido un comunicado en el que asegura que «pronto controlaremos los resortes del poder en nuestro bello partido y país».

Se apunta a que el ex vicepresidente Mnangagwa quiere dirigir un gobierno de concentración

Las fuerzas contrarias a Mugabe rechazan el continuismo y reclaman la formación de un gobierno de concentración que gestione el proceso político. Morgan Tsvangirai, líder del opositor Movimiento por el Cambio Democrático, ha regresado a su tierra desde Sudáfrica, donde permanecía para ser tratado de su cáncer de colon, aunque ha reconocido que los militares no han contactado aún con él. También se ha adherido la ex vicepresidenta Joyce Mujuru, considerada el repuesto natural del presidente y caída en desgracia hace tres años. La primera víctima de la ambición de Grace Mugabe, esposa del presidente, abandonó el partido, se ha convertido en la candidata de la Coalición Popular Arco Iris y aboga por un «compromiso colectivo» y «diálogo nacional» como el mejor preludio para la celebración de comicios en un «tiempo razonable».

Esta posibilidad genera más incógnitas que esperanza. La cohabitación ya ha sido aplicada en Zimbabue con el Gobierno de Moses Tsvangirai, entre los años 2009 y 2013, con resultados nefastos. La elite política surgida de la lucha guerrillera se apoya en el ZANU-PF, partido clientelista provisto de elementos paramilitares que han ejercido tradicionalmente la violencia en las zonas rurales.

La crisis, en cualquier caso, sentencia el fin político de la primera dama y, hasta ahora, el delfín político de su marido. La antigua mecanógrafa había conseguido el apoyo del ala joven del partido frente a los veteranos, enfrentados por el protagonismo de la sucesión. La salida de Mnangagwa del país parecía la última maniobra para desembarazarse de rivales, pero ha provocado la participación de los militares, y es que la hipótesis más factible de lo que está ocurriendo es que Chiwenga, miembro de la vieja guardia, se ha amotinado para frenar la irresistible ascensión de Grace. El Ejército, otro elemento del sistema, no goza del favor popular, pero se ha convertido ahora en la herramienta para la transformación de un régimen repudiado por Occidente y que cuenta con el apoyo de Sudáfrica y China, principal aliado comercial.

El país subsahariano, antigua colonia británica, precisa de un cambio político profundo que le proporcione la respetabilidad y el crédito necesarios. La situación económica es calamitosa, con tasas de paro superiores al 90%, falta extrema de liquidez y una miseria generalizada.

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