La Corte Suprema de Kenia hace historia al anular las elecciones presidenciales

Partidarios de la opositora Superalianza Nacional, de Raila Odinga, celebran el fallo en el barrio Kibera de Nairobi. :: YASUYOSHI CHIBA / afp
Partidarios de la opositora Superalianza Nacional, de Raila Odinga, celebran el fallo en el barrio Kibera de Nairobi. :: YASUYOSHI CHIBA / afp

En una decisión sin precedentes en el continente, el alto tribunal asegura que se dieron «irregularidades» y ordena repetirlas

GERARDO ELORRIAGA

La Corte Suprema de Kenia ha sorprendido a la opinión pública del país africano tras declarar ayer «inválido, nulo y sin valor» el resultado de las elecciones presidenciales celebradas el pasado día 8 de agosto y que concedieron un nuevo mandato al actual presidente, Uhuru Kenyatta. En una decisión inaudita, el tribunal aduce que se produjeron «irregularidades en la transmisión de los datos» y exige la repetición de los comicios en el plazo de 60 días. La decisión ha provocado el júbilo de los partidarios de Raila Odinga, el líder opositor, que se han manifestado masivamente en sus feudos del valle del Rift y en determinadas áreas de la capital Nairobi.

La sentencia responde a la reclamación interpuesta hace dos semanas por NASA, la alianza multipartidista contraria a Kenyatta. El frente opositor rechazó de inmediato el fallo de la Comisión Electoral (IEBC), que otorgaba el 54,2% de los sufragios al gubernamental Jubilee Party frente al 44,7% concedido a los partidarios de Odinga, que alegaron la comisión de fraude. Las protestas de sus partidarios derivaron en disturbios, rápidamente reprimidos por la policía, y saldados con la muerte de 28 personas. El recurso a la vía legal supuso una manera digna de responder tanto al peligro provocado por los brotes de violencia como a las numerosas presiones que experimentó el vencido para que se supeditara a la voluntad de las urnas.

El fallo judicial aporta un balón de oxígeno al rival del presidente. Tras proclamar la limpieza del proceso, la Unión Europea, Estados Unidos y la Unión Africana le demandaron la aceptación de la derrota, lo que venía a suponer su definitiva desaparición de la escena política tras tres intentos fallidos de acceder al Ejecutivo. El respaldo proporcionado por la resolución le devuelve al primer plano y le ha conducido a exigir públicamente renuncias y procesamientos en el seno de la IEBC, ahora bajo sospecha, a la que ha tachado de «podrida». El veterano candidato también ha criticado la posición de los observadores internacionales, partidarios, a su juicio, del actual Gobierno, fiel aliado de Washington y Bruselas.

LA CLAVEUhuru Kenyatta obtuvo el 54,2% de los votos y el aspirante a sucederle, Raila Odinga, el 44,7%

La aparición de Uhuru Kenyatta ante los medios kenianos ha adoptado una actitud muy diferente, mostrando un talante sumamente conciliador. Tras calificar a los magistrados como «un puñado de matones» ante el público afín reunido en un mercado, ha cambiado radicalmente el tono y mensaje de su discurso. Durante una breve alocución televisada, el dirigente ha expuesto su desacuerdo con el tribunal, pero también ha reclamado reiteradamente 'amani', paz en lengua swahili, y llamado a los ciudadanos al respeto al vecino, independientemente de su fe y color, filiación política y tribal.

Cuatro de los seis jueces del máximo tribunal han aprobado la sorprendente medida y, durante su intervención, el órgano también ha anunciado su intención de proporcionar un informe más completo en el plazo de 21 días. «La grandeza de una nación reside en su fidelidad a la Constitución, en el estricto cumplimiento de la ley y en el temor a Dios», explicó David Maraga, su presidente, antes de argüir que las irregularidades cometidas han condicionado el resultado de la elección. Kenyatta sobrepasó a Odinga en más de 1,4 millones de papeletas, según los últimos recuentos, una diferencia que parecía anticipar una resolución favorable.

La decisión de la Corte Suprema ha sido considerada ya histórica en el marco del continente africano y el cuerpo diplomático acreditado en Nairobi ha alabado «la paciencia y confianza del pueblo en su sistema legal». Pero el nuevo marco suscita, asimismo, nuevas inquietudes. Desde el restablecimiento de la democracia, las contiendas electorales en esta potencia regional han puesto de relieve la quiebra de su población en virtud de intereses tribales y la corrupción de sus elites. La cita de 2007 desembocó en graves incidentes con cientos de miles de desplazados, mientras que la de 2013 también concluyó con el desacuerdo de la oposición, aunque entonces los jueces fallaron a favor de Kenyatta, hijo del padre de la patria y una figura en entredicho, salvada in extremis de ser procesada por la Corte Penal Internacional.

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