La actriz porno examante de Trump decepciona a una audiencia récord

Daniels, durante la entrevista en el programa '60 minutos'. :: reuters/
Daniels, durante la entrevista en el programa '60 minutos'. :: reuters

Daniels resultó creíble, pero no aportó los datos comprometedores que parecía augurar el esfuerzo del entorno del magnate por silenciarla

M. GALLEGO

nueva york. Donald Trump puede estar orgulloso de Stormy Daniels, su antigua amante. Los 'ratings' de su entrevista en '60 Minutes' que emitió CBS son los mayores que ha tenido ese programa desde que en noviembre de 2008 entrevistó en primicia al recién elegido presidente Barack Obama y su esposa -22 millones de espectadores congregó la anterior pareja presidencial, frente a los 25 del domingo por la noche-. Y, para mayor satisfacción del magnate que le ha sucedido en la Casa Blanca, la actriz porno decepcionó a todos los que esperaban una gran revelación que hundiera su presidencia.

Los detractores de Trump abordaron la emisión de la entrevista como si fuera la final de la Superbowl, con fiestas delante del televisor. Los abogados del mandatario habían lanzado toda su fuerza contra Stormy Daniels para impedir que hablase del romance, demandándola en los tribunales por 20 millones de dólares (16 millones de euros), uno por cada vez que ha hablado del asunto desde que la hicieron firmar una cláusula de confidencialidad a cambio de 130.000 dólares (104.000 euros). Tanto esfuerzo hizo pensar que a la actriz porno le quedaba información comprometedora que contar, pero ni siquiera hubo detalles jugosos.

Stormy Daniels, cuyo verdadero nombre es Stephanie Gregory Clifford, se abrochó los botones del escote, rebajó el maquillaje y cambió el rojo de labios por un rosa discreto. Resultó creíble, concisa y contundente. Contó cómo un desconocido las amenazó a ella y a su bebé en un aparcamiento de Las Vegas para que «dejase a Trump en paz», según le dijo el hombre. «Es una niña preciosa, sería un pena que creciera sin madre». También contó cómo se sintió obligada a acostarse con el magnate -sin protección- por haber acudido sola a su habitación cuando la invitó a cenar. Y, lo más importante, cómo controló su narcisismo dándole unos azotes en las nalgas con la revista de la que presumía constantemente por estar en la portada.

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