El abogado de Stormy Daniels quiere interrogar a Trump bajo juramento

M. GALLEGO

nueva york. Han pasado dos décadas de sequía desde que Bill Clinton revolucionó al país con sus líos de faldas. Los tiempos en los que el FBI de Hoover ayudaba a tapar los deslices de John F. Kennedy ya habían pasado, pero ahora, además de las cadenas de televisión, están las redes sociales para sacarle partido. EE UU puede tener de nuevo la oportunidad de escuchar de boca de un presidente los detalles más jugosos de sus relaciones sexuales, si es que el abogado de Stormy Daniels, Michael Avenatti, se sale con la suya.

«¿Intentó usted tocarle los pechos? ¿Alguna vez la besó en los labios? ¿Le dio usted permiso para que le pusiera la mano en los genitales?». Todas estas preguntas y más se las hizo a Bill Clinton el abogado de Paula Jones, James Fisher, el caso que Avenatti cita como precedente para dar curso a su acción. A diferencia de Jones, esta vez no es la actriz porno la que busca demandar al presidente. Fue el abogado de este, Michael Cohen, el hombre que le pagó 130.000 dólares (105.000 euros) a cambio de firmar un documento de confidencialidad, el que la demandó por incumplirlo. Avenatti piensa que su clienta no está obligada a cumplir el acuerdo porque Trump nunca estampó su firma sobre la línea de puntos. Cohen sostiene que no necesitaba hacerlo porque era una tercera parte.

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