Diario Sur

Scotland Yard apresará a Assange si abandona su refugio

Assange levanta el puño, ayer por la tarde, en el balcón de la embajada ecuatoriana. :: andy rain / efe
Assange levanta el puño, ayer por la tarde, en el balcón de la embajada ecuatoriana. :: andy rain / efe
  • Tras el cierre del caso por supuesta violación en Suecia, la Policía británica le recuerda que debería arrestarle por otras causas pendientes

El mes que viene se cumplirán cinco años del día en el que Julian Assange, sin cita previa, se presentó en la embajada ecuatoriana en Londres. Al fundador de WikiLeaks lo reclamaba la justicia sueca por los delitos sexuales de los que le acusaban dos mujeres, pero él, acostumbrado desde muy joven a desconfiar de los poderes públicos, siempre ha sostenido que esa investigación era solo la parte visible de un plan más retorcido: a su juicio, el objetivo final de las autoridades era su extradición a Estados Unidos, para procesarlo allí por difundir información sensible. Assange pidió asilo al país sudamericano y se convirtió así en un exótico inquilino de la embajada, una especie de recluso informal que sería detenido si se le ocurriese poner un pie en la calle. La Policía británica mantiene una vigilancia constante sobre las dependencias, situadas en un primer piso oscuro y bastante triste del barrio de Knightsbridge, donde Assange lleva ya 1.796 días.

La situación experimentó un vuelco inesperado ayer, aunque parece que el cambio puede tardar en tener consecuencias prácticas para el huésped de la embajada. La Fiscalía sueca anunció el cierre de la investigación preliminar abierta en 2010, que se centraba en cuatro delitos, de los que tres ya habían prescrito. Quedaba uno, por violación, y la fiscal puntualizó que el archivo del caso no implica «ningún pronunciamiento sobre la culpabilidad» de Assange.

La razón por la que ha decidido tirar la toalla ha sido, simplemente, que «todas las posibilidades para hacer avanzar la investigación se han agotado», aunque apuntó la posibilidad de reabrirla en el improbable caso de que Assange viajase a Suecia. La extraordinaria dilación de los procedimientos ya llevó a un grupo de trabajo de la ONU a tachar de «arresto arbitrario» la situación de Assange y concluir que tanto el país escandinavo como el Reino Unido deberían indemnizarle.

El interesado no tardó ayer en reaccionar colgando en Twitter una foto suya, en la que aparece sonriente y con apariencia relajada, pero la acompañó de un mensaje más sombrío sobre su encierro en la embajada y su anterior arresto domiciliario: «He estado detenido siete años sin cargos, mientras mis hijos crecían y mi nombre era difamado. Ni perdono ni olvido». La mujer que lo acusa de violación -un caso que prescribe en 2020- se declaró «conmocionada» y tachó de «escándalo» la decisión de la Fiscalía. Pero, en cualquier caso, Assange habrá de quedarse de momento en su refugio ecuatoriano, ya que la Policía británica aclaró que, si sale, tendrá que arrestarlo igualmente: al no acudir a la llamada de la justicia y enclaustrarse en la embajada, incumplió las condiciones de su libertad condicional, un quebrantamiento castigado con un máximo de un año de cárcel. Scotland Yard puntualizó, eso sí, que ajustará su dispositivo de vigilancia a la gravedad, mucho menor, de este delito.

Además, el fondo del asunto se mantiene envuelto en sombras: EE UU podría haber pedido al Reino Unido la extradición de Assange, un detalle que ninguno de los dos países confirma ni desmiente. Por mucho que la filtración de correos de Hillary Clinton a través de WikiLeaks beneficiase a Trump en la campaña presidencial, los actuales líderes de Washington no parecen fans de Assange. El fiscal general estadounidense, Jeff Sessions, cree que arrestarlo constituye «una prioridad», mientras que el director de la CIA, Mike Pompeo, se ha referido a WikiLeaks como «un servicio de inteligencia hostil».

Con Pamela Anderson

El responsable de Exteriores de Ecuador, Guillaume Long, ha reclamado que se conceda «con prontitud» un salvoconducto para que Assange pueda trasladarse al país sudamericano, donde su condición de asilado se vuelva compatible con la libertad. «Nuestros trabajadores han soportado mucho, hay un coste humano: la nuestra es, probablemente, la embajada más vigilada del planeta», se quejó. La convivencia dentro del pisito de Knightsbridge no siempre ha resultado fácil: la sede diplomática carecía de dormitorios, así que Assange empezó durmiendo en un colchón hinchable que la embajadora de entonces le llevó de casa y, después, habilitó su cuarto en uno de los cuatro despachos. «Es como vivir en una estación espacial», explicó el australiano, que, durante buena parte de su vida, tuvo la costumbre de mudarse una y otra vez para eludir el ojo de las autoridades.

Según documentos internos de la diplomacia ecuatoriana -en esta historia, todo secreto parece condenado a hacerse público-, Assange grita en sueños y experimenta ocasionales accesos de ira. Como contrapartida, sus anfitriones han visto pasar un insólito flujo de visitas ilustres: su huésped ha recibido en sus mínimos dominios a figuras como Lady Gaga, Yoko Ono o Eric Cantona, aunque la que más comentarios ha suscitado ha sido la actriz Pamela Anderson, elogiada por Assange como «una persona atractiva con una personalidad atractiva». Un periodista de una radio australiana se atrevió a preguntarle si existía una relación romántica entre ellos, pero ese es un secreto que el fundador de WikiLeaks ha preferido no filtrar.

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