Diario Sur

Presión sobre la ONU para frenar la sangría siria

Si hay algo peor que el infierno es Alepo, donde todo es susceptible de empeorar. Con la victoria de Donald Trump, la coalición de Rusia y El-Asad vio luz verde para la mayor ofensiva aérea en los ya casi seis años de apocalipsis sirio. Ya no basta con refugiarse en el sótano para sobrevivir a la explosión, porque las aterradoras 'bunker busting bombs', que nunca antes se habían visto en Alepo, atraviesan edificios de hormigón hasta las entrañas. Cerca de 500 personas han perdido la vida -al menos 90 niños-. Unas 25.000 han huido. Casi un millar de objetivos en un área equivalente a la isla de Manhattan, incluyendo cuatro hospitales en dos días, que dejan a 200.000 personas condenadas a morir de hambre o de heridas que nadie atiende ya. El mundo contempla horrorizado, con las manos atadas. El día anterior a las elecciones estadounidenses, Rusia utilizó su derecho de veto para frenar una decisión del Consejo de Seguridad, que exigía el fin de los bombardeos en Alepo. Era la quinta vez que Moscú abusaba de su privilegio en el máximo órgano de la ONU para frenar la acción del mundo en la carnicería siria, y la primera en la que China rompía filas con su aliado ruso para abstenerse.

«El Consejo de Seguridad le ha fallado a Siria», sentencia un comunicado de 223 ONG que han firmado una petición para que ahora sea la Asamblea General la que intervenga. Canadá ha tomado la iniciativa con una carta suscrita por 74 países, entre los que se encuentra España. «No vale decir que la ONU no actúa, ¡ellos son la ONU!», reclamó a los 193 países miembros William Pace, representante de World Federalist Movement-Institute for Global Policy.

La alternativa no es lo mismo que una resolución vinculante del Consejo de Seguridad, porque la Asamblea General carece de colmillos para forzar su ejecución, pero los impulsores creen que pondrá presión sobre la coalición de Rusia y Siria. Y al menos puede crear un fondo para documentar los crímenes de guerra que se están produciendo, «para que quienes los perpetran sepan que un día pagarán por ello», advirtió Pace.