Diario Sur

Trump elige a un feroz detractor de la reforma sanitaria para liquidarla

El sheriff del Condado de Milwaukee, David Clarke, poco antes de reunirse con Trump. :: l. jackson/ reuters
El sheriff del Condado de Milwaukee, David Clarke, poco antes de reunirse con Trump. :: l. jackson/ reuters
  • El presidente electo juega al suspense con Giuliani, Petraeus y Romney, 'finalistas' para el Departamento de Estado

En las tres semanas transcurridas desde que ganó las elecciones Donald Trump ha recibido a unos 70 aspirantes a formar parte de su Gobierno. Ayer, por ejemplo, a posible ministro de Seguridad Interior, el vistoso sheriff de Milwaukee, David Clarke. El protagonista de 'El Aprendiz', que batió récords de audiencia entrevistando a candidatos para trabajar con él, ha cumplido con su papel televisivo contratando a algunos y despidiendo a otros, siempre con un ojo en la cantera de halcones de Washington y otro en quienes le han sido fieles.

En recompensa el César ofreció la cartera de Sanidad al neurocirujano Ben Carson, el único afroamericano que por ahora formaría parte de su Gabinete -aún no hay ningún hispano-. Carson, que aspiró a ser presidente, rechazó la oferta porque, según su portavoz, «no tiene ninguna experiencia gubernamental, nunca ha dirigido ninguna agencia de gobierno y lo último que querría es paralizar la presidencia». Eso no parece importarle con respecto a la cartera de Vivienda, que está considerando, pero Sanidad es una patata caliente que no todo el mundo querría en su plato, salvo el congresista Tom Price.

Este veterano legislador de Georgia, que antes fue cirujano, es el autor de una de las legislaciones aprobadas por la Cámara Baja para reemplazar la ley de Reforma Sanitaria Asequible (ACA, por sus siglas en inglés), en la que Barack Obama empeñó su capital político. Su versión, la 'ley para Empoderar a los Pacientes Primero' devolvería la sanidad al libre mercado y dejaría de nueve a quince millones de personas sin cobertura, según el profesor de Gestión Sanitaria de la Universidad de Pensilvania Ezekiel Emanuel, que participó en la elaboración de ACA.

Price ha sido uno de los críticos más feroces de la reforma sanitaria de Obama y ahora tendrá la oportunidad de desmontarla como secretario de Sanidad. Se encontrará, sin embargo, que para mantener la cláusula de que las compañías aseguradoras tengan que aceptar a clientes sin importar su condición médica no salen las cuentas, a menos que fuercen a millones de clientes sanos a pagar por cobertura médica.

El enfrentamiento con la realidad será el principal reto del Gobierno de Trump, que aún no ha cubierto uno de los puestos más importantes, el de secretario de Estado. Anoche cenó con el excandidato Mitt Romney, que «de verdad quiere ese puesto», ha contado Trump. No se sabe aún ha abierto los brazos a sus enemigos para demostrar su magnanimidad, si sólo le mantiene en el candelero para torturarlo o si lo que le divierte es enfrentar a sus colaboradores. La presencia de Romney entre los finalistas ha enfurecido a sus leales, porque supondría premiar la deslealtad. Romney no tenía por qué haberse posicionado en estas elecciones, pero decidió hacerlo públicamente durante las primarais para advertir a su partido de que no votase por un candidato que consideraba «un fraude», llegó a decir. «Si elegimos a Trump, las perspectivas de un futuro próspero y seguro se verán muy disminuidas», advirtió.

Visión diferente

Su visión de política exterior en temas como Rusia o Siria es tan diferente que cuesta imaginar cómo llevará a cabo el dictado de Trump. Menos problema tendrá este con el general James Mattis, su favorito para el Pentágono, o el general David Petraeus, el exdirector de la CIA en libertad provisional por compartir información clasificada con su amante. Trump también considera a este último para secretario de Estado, junto con el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, que presume de sus relaciones con Israel como credenciales para el cargo. «Nunca voy a Israel sin pasar un par de horas charlando con Bibi (Netanyahu)», ha dicho. Trump alimenta el suspense para estos puestos clave, mientras sigue adjudicando otros menores a donantes del partido o leales de su campaña. El de Transporte fue ayer a manos de Elaine Chao, exsecretaria de Trabajo con George W. Bush y esposa del líder republicano en el Senado, Mitch McConnell.