Diario Sur

Erdogan amaga con desestabilizar Europa

Unos niños en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. :: Reuters
Unos niños en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. :: Reuters
  • El presidente turco, encolerizado por el revés del Parlamento Europeo, amenaza con abrir las fronteras y una riada de asilados

La tensión ha alcanzado cotas máximas y preocupantes. Recep Tayyip Erdogan no está muy acostumbrado a que le lleven la contraria, y fue conocer la decisión del Parlamento Europeo pidiendo el jueves la congelación de la negociación de adhesión a Turquía a la UE y montar en cólera. Así se esperaba y así ocurrió. De hecho, lo sorprendente sería que no lo hubiera hecho. Pero no, cumplió el guión y lanzó un órdago que tiene algo de farol pero que no hay que menospreciar porque a corto plazo, su amenaza podría convertirse en realidad. «Si vais más lejos, abriremos la frontera a los refugiados, y eso debéis saberlo», espetó el todopoderoso presidente turco entre vítores y ovaciones de su parroquia. Como para no aplaudir al líder en la Turquía posterior al fallido golpe de Estado.

Todo sucedió según lo previsto. La tensión diplomática es enorme, pero los puentes siguen en pie. El hartazgo de Europa por los tics dictatoriales de Erdogan es tan evidente como la dependencia que el club tiene de Turquía para aliviar la presión migratoria sufrida sobre todo en 2015 con la llegada de cientos de miles de demandantes de asilo procedentes sobre todo de Siria que colapsaron Grecia y sumieron a Europa en una grave crisis interna y de identidad.

La solución a la división dentro de la UE se llamó Turquía. Prometerle hasta 6.000 millones, la exención de visados y el impulso a las negociaciones para la incorporación del país en el club y poder convertirse en el Estado miembro número 29. A cambio, Ankara cerraba sus fronteras y se responsabilizaba de la gestión de los refugiados. Las dos partes se juegan mucho pero la UE, carente de un 'plan B', va a hacer lo imposible para evitar la ruptura con Erdogan. Sólo hay una línea roja: la aprobación de la pena de muerte. Si finalmente se consuma, las negociaciones quedarán suspendidas 'sine die' por mucho que Europa necesite a Ankara.

La tensión sólo se ha intensificado verbalmente. Todo sigue igual y queda mucha vajilla por romper. La petición de la Eurocámara, respaldada por todos los grandes partidos europeos, no es vinculante ya que la decisión recae en la Comisión y en el Consejo, que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los 28. Y aquí, sólo Austria ha pedido formalmente la congelación de la negociación. El Parlamento es el 'poli malo' de Europa, algo así como la vía por donde poder desahogarse y justificar que no todo vale. Pero la diplomacia y la alta política ya son otra cosa.

Compromisos y obligaciones

«Tomamos nota del voto del jueves. Es una pieza en un puzzle que se tiene que ver en el contexto global de las conversaciones entre el Consejo, el Parlamento Europeo y la Comisión sobre el camino a seguir en relación con la adhesión de Turquía», recalcó el portavoz jefe del Ejecutivo comunitario, Margaritis Schinas. «Deseamos que las dos partes se sigan comprometiendo y apliquen las obligaciones respectivas desde la confianza mutua», apostilló antes de señalar que se están produciendo numerosos contactos a todos los niveles para mantener con vida el pacto.

Por parte turca, ayer pudo verse a un Erdogan desatado, para quien acusar a Europa de estar «al lado de los terroristas» ya se ha convertido en rutina. «Cuando los niños muertos golpearon las costas mediterráneas ustedes no decidieron cuidarlos. Los ayudamos sin preguntar si nos apoyaría o no la UE. Nosotros alimentamos a 3,5 millones de refugiados en este país y no hemos abierto las fronteras esperando que nos llegase apoyo de la UE. Pero ustedes no están cumpliendo sus promesas», recalcó.

Hubo más. «Durante 53 años, la UE no nos ha abierto la puerta. ¿Qué ha ocurrido? ¿Nos hemos hundido? ¡Es Occidente el que necesita a Turquía y no al revés!». Y claro, las masas siguieron vitoreando la líder. Jugaba en casa, ante los suyos, y nadie esperaba que su discurso fuese muy diferente del que fue.

Pero más allá de lo caluroso del debate, hay una fecha clave que marcará el futuro de este acuerdo. Recep Tayyip Erdogan ha dado de plazo a la UE hasta finales de año para que por fin apruebe la liberalización de visados para estancias inferiores a tres meses que en un principio debía estar en vigor el pasado junio. Pero para ello, Turquía debe cumplir 72 condiciones que no termina de acatar. La más polémica es la ley antiterrorista que los 28 piden cambiar y a lo que Ankara se niega argumentando la amenaza del terrorismo del PKK.

Aquí está ahora el tira y afloja, en escribir un relato que sirva para que ambas partes puedan vender a los suyos que no han cedido y han logrado su propósito. No será fácil y menos, con un Erdogan encolerizado al otro lado del teléfono.