Diario Sur

Un 'agujero' de 70.000 millones

  • Reino Unido deberá endeudarse hasta 2021 más de lo previsto por el menor crecimiento y la bajada de ingresos fiscales por el 'brexit'

El Gobierno británico tendrá que endeudarse más en los próximos años que lo que había previsto en marzo, en parte como consecuencia del 'brexit', cuyo coste para los ingresos del Estado se estima en cerca de 70.000 millones de euros hasta el ejercicio 2020-21, por un crecimiento económico menor y el descenso en la recaudación de impuestos.

La estimación es producto de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), creada por el Gobierno en 2010 para ofrecer un análisis independiente de las finanzas públicas. La OBR publica sus datos y pronósticos y el ministro de Hacienda se basa en ellos para presentar, en otoño, un avance del Presupuesto. Este año, la tarea del ente público ha sido más complicada y es menos fiable que en el pasado.

Reino Unido crecerá en 2016 un 2,1%, más que ningún otro país del G-8, más que lo que se esperaba en marzo. El pronóstico es que el PIB subirá un 1,4% en 2017, un 1,7% en 2018, y con más brío en los años sucesivos, 2,1%, 2,1% y 2%. Pero esos cálculos se basan, según explicó ayer Robert Chote, director de la OBR, en que no saben más que el común de los mortales sobre qué ocurrirá con el 'brexit'.

Para calcular sus cifras, asumen que la salida de la UE se producirá en abril de 2019, que se reducirán importaciones y exportaciones en la próxima década (un 8% al llegar a 2021), que descenderá la inmigración y con ello el crecimiento, que Londres reciclará como gasto público unos 15.000 millones de aportaciones a la UE y que no habrá cambios en impuestos comunitarios como el IVA.

Medidas paliativas

El ministro de Hacienda, Philip Hammond, reflejó en su avance presupuestario la coyuntura británica. Debía ofrecer seguridad ante la incertidumbre y la política más compasiva que propugna su primera ministra, Theresa May, para cohesionar al país. Anunció una modesta expansión del gasto en investigación y desarrollo y en vivienda, un aumento del salario mínimo, paliativos a los recortes en protección social, pequeñas inversiones en infraestructurapor todo el país.

Hammond es un hombre gris y puntilloso. Constructor millonario antes que político, contable de profesión, estaba destinado a ser el secretario de Estado del Tesoro en 2010, pero el reparto de funciones de la coalición conservadora-liberaldemócrata lo desplazó a otras carteras -Transportes, Defensa y Exteriores- en las que no metió la pata. Hizo campaña para seguir en Europa.

Se declaró ayer comprometido con lograr el 'brexit', pero no se regodeó en los alardes de los euroescépticos, que subrayan con enojo reivindicativo que no se ha producido la recesión que temía el Banco de Inglaterra. Recordó, eso sí, los anuncios de inversiones por grandes empresas -Softbank, Glaxo, Nissan, Google, Apple- desde el referéndum. La OBR explicaba ayer que preguntó al Gobierno si el Estado ha contraído compromisos financieros con Nissan, pero que Hammond no le respondió.

El titular de Hacienda ha destinado 470 millones adicionales a los ministerios del 'brexit' para contratar y formar expertos en comercio internacional. Sus responsables son partidarios 'pata negra' de la marcha y la batalla de filtraciones en el Gabinete les enfrenta. Ayer, los más fervientes euroescépticos agradecían la calma gris de Hammond y aseguraban que la OBR es demasiado pesimista sobre el futuro.

«Una economía en buena forma ante el momento de la transición». Ese fue el objetivo reiterado por Hammond. Que, con menos poder politico que previos responsables de Hacienda, guía con precaución la política económica de un Gobierno con 60 de sus diputados partidarios de la retirada unilateral de la UE y que ayer no podía adelantar su relación futura con Bruselas ni la secuencia temporal que contempla sobre la transición que le piden los empresarios para evitar el abismo.