Diario Sur

Una nueva era de diplomacia opulenta

Trump y el primer ministro japonés se saludan ante la mirada de Ivanka Trump y su marido. :: afp
Trump y el primer ministro japonés se saludan ante la mirada de Ivanka Trump y su marido. :: afp
  • El mandatario electo rivaliza con la Casa Blanca desde la Quinta Avenida, donde atiende a líderes mundiales en persona y por teléfono

El tiempo dirá si el inaudito encuentro mantenido la noche del jueves entre el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe, en la Torre Trump de Nueva York consiguió calmar el nerviosismo que llevó al jefe del Gobierno nipón a forzar una escala en la Gran Manzana camino de Lima. La reunión de hora y media entre estupefacientes mármoles y dorados produjo una indudable impresión en Abe. Si ya antes de adentrarse en la morada del magnate se había declarado honrado y «agradecido» por estrenar esta nueva era de diplomacia opulenta y adelantarse a cualquier otro líder mundial, al salir definió a su interlocutor como «alguien en quien se puede confiar».

Con esta visita en la que el 'premier' japonés regaló al multimillonario un 'driver' y recibió en contrapartida un atuendo de golf se inaugura una suerte de rivalidad entre la Casa Blanca y la 'casa dorada' de la Quinta Avenida. Otros dirigentes mundiales impacientes pueden seguir los pasos de Abe y desairar inevitablemente a Barack Obama, en el cargo hasta el mediodía del 20 de enero. Aunque cabe pensar que no serán los de la Unión Europea. «No estoy al tanto de ningún contacto que haya tenido lugar, pero como saben Obama todavía es el presidente», zanjó ayer en rueda de prensa el portavoz adjunto del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, por su parte, sí habló por teléfono con Trump. Éste le invitó a visitarlo, pero ya en la Casa Blanca, marcando distancia.

Agravios comparativos

La diplomacia de andar por casa que ha puesto en marcha el mandatario electo de EE UU -que supervisan con atención su hija mayor, Ivanka, y el marido de ella, Jared Kushner- está produciendo ya algunos agravios comparativos en aliados tan estrechos de Washington como Reino Unido. «Si viaja a Estados Unidos, hágamelo saber», le espetó el magnate a Theresa May durante la conversación telefónica que mantuvo con la primer ministra.

En Londres no termina de convencer que la llamada de May fuera la décima que se atendía en la Torre Trump. Y menos aún el tono de confianza, contradictorio con la supuesta invitación a una visita de Estado. Ajeno a estas minucias, el multimillonario comete estos días algún que otro traspiés, multiplicado por su devoción por Twitter. Acaba de asegurar que ha convencido al presidente de Ford, William Clay Ford, de que no cierre su planta de Louisville (Kentucky). Mucho no le habrá costado, porque la factoría nunca estuvo en peligro.