Diario Sur

El exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, ayer en la Torre Trump de Nueva York. :: mike segar/ reuters
El exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, ayer en la Torre Trump de Nueva York. :: mike segar/ reuters

Abe, primera cita del presidente electo

  • El primer ministro japonés visita al magnate para salvar la alianza entre ambos países, que el republicano cuestionó en la campaña electoral

La cosa fue así, contó el equipo de Donald Trump: «Voy a pasar por Nueva York y me gustaría verte», dijo el primer ministro japonés, Shinzo Abe, al presidente electo de Estados Unidos en su primera conversación telefónica. «¡Eso sería genial!», respondió éste con su habitual falta de protocolo. La víspera, los japoneses ardían de ansiedad porque ni siquiera sabían a qué hora se produciría el encuentro y temían quedar en ridículo.

Con esa improvisación se forma en estos días el nuevo Gobierno de Estados Unidos. Trump presume en Twitter de ser el único que realmente sabe lo que pasa, mientras sus asesores dicen que no está al tanto de los detalles sino que se dedica a recibir visitas y hablar con los líderes del mundo. Según sus cuentas, 32. En estos días el bien más preciado de la inteligencia internacional ha sido su número de móvil privado, el que le permitió al egipcio Abdel Fattah el-Sisi ser el primero en felicitarle y al primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, seguirle en la cuenta gracias al jugador de golf Greg Norman, al que despertó el embajador australiano en Washington para pedirle ese servicio a la patria. La preocupación de los funcionarios de seguridad nacional es lo fácil que resulta interceptar un móvil particular que, sin embargo, no estaba en el radar del espionaje internacional.

Algunos optaron por el arcaico sistema de enviarle un telegrama y otros marcaron a ciegas los números de la Torre Trump en la Quinta Avenida, pero ninguno tan osado o necesitado como el primer ministro japonés, que decidió darse una vuelta por Nueva York. Durante la campaña muchos notaron que Trump se había quedado con la imagen del Japón de los años 80, cuando se percibía al país del Sol Naciente como una amenaza tecnológica y empresarial. Eso ha sido superado con creces por China y ahora es EE UU el que apoya a Japón frente a esa amenaza. Abe ha sido el gran aliado de Barack Obama a la hora de redirigir su estrategia de Defensa hacia Asia y diseñar la mayor área de libre comercio del mundo con la Alianza Transpacífico que Trump promete deshacer.

El nuevo presidente también ha amenazado a Japón con retirar las tropas estadounidenses y obligarle a pagar más por esta ayuda defensiva, a pesar de que en diciembre pasado Tokio ya aumentó su contribución en 1,4%. Antes de subirse al avión Abe admitió con preocupación que esa alianza con EE UU «es la piedra angular de la diplomacia y la seguridad para Japón». Convencido de que «sólo la confianza podrá mantenerla con vida», se dispuso ayer a ganarse la amistad de Trump.

Un portavoz del Departamento de Estado informó de que el magnate no había pedido ser informado previamente sobre las relaciones entre los dos países o la situación en la región, como acostumbra a hacer un presidente electo antes de una reunión bilateral. Su jefa de campaña, Kellyanne Conway, aclaró que no lo habían hecho porque se trataba de «una visita privada» que no intenta prevalecer sobre la autoridad del actual presidente, Barack Obama, que estará al mando hasta el 20 de enero, aunque todo sean despedidas.

La presencia del primer ministro japonés pesaba no sólo por su prisa para tomarle el pulso al sustituto de Obama, antes de la Cumbre Asia Pacífico que se celebrará en Perú este fin de semana, sino porque los aliados de Trump se refugian en el papel de este país en el frente nazi para defender la promesa de crear un registro nacional de todos los musulmanes. Carl Higbie, el ex-Navy Seal que preside la plataforma de recaudación de fondos para Trump llamada Great America, recordó en la cadena Fox que «no sería nada disparatado, ya hay un precedente, lo hicimos con los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial».

Hasta la presentadora de Fox Megyn Kelly se sobresaltó al oír hablar de otra de las vergüenzas de EE UU, cuando el Gobierno escoltó a más de 100.000 japoneses inocentes hasta campos de concentración en el propio territorio americano, pese a que más del 60% eran ciudadanos estadounidenses. «¡Ése es el tipo de cosas que asusta a la gente!», protestó. Su interlocutor no se inmutó. «El presidente necesita proteger 'Primero EE UU'», atajó. Otra colaboradora de Trump, Scottie Nell Hughes, editora de una página de ultraderecha llamada 'Right Alerts', aseguró que el registro obligatorio no se centrará en la religión musulmana, «sino en todos los inmigrantes de países azotados por el terrorismo que visiten Estados Unidos».