Diario Sur

Un abrupto despertar al activismo

Manifestación en la ciudad californiana de San Diego. :: Reuters
Manifestación en la ciudad californiana de San Diego. :: Reuters
  • Las protestas que salen a las calles de las grandes ciudades funcionan como catarsis y conciencian en pro de la participación política

A la luz del desconcierto, la victoria de Donald Trump ha parido una nueva generación de activistas en EE UU. Son esos que se manifiestan estos días en las calles a gritos o de manera pacífica. Cada bebé nace con un semblante diferente, pero a todos les ha despertado un tortazo para asegurarse de que están vivos. La mayoría no tienen edad para votar o han votado por primera vez en estas elecciones. Han aprendido de golpe que en la democracia su participación importa, una lección que no olvidarán nunca. La recordarán en la voz temblorosa de ese chico de origen peruano que el viernes se subió a un banco en Washington Square y tomó el megáfono que ofrecía Sidney Miller a todo el que quisiera desahogarse.

«Cuando vimos por televisión que Trump había ganado, mi madre rompió a reír a carcajadas y desde entonces no ha vuelto a hablar», contó el chico de 16 años. Está en 'shock' y yo estoy asustado. No sé si debería compartir esto en público pero mi madre no tiene papeles. Llegó a EE UU embarazada de mí y desde entonces no ha hecho más que trabajar para asegurarse de que yo vaya a una buena escuela y tenga éxito en la vida. Si se la llevan no sé lo que voy a hacer. Nunca conocí a mi padre. Ella es todo lo que tengo. Me llevarían a un orfanato o con una familia adoptiva, no lo soportaría».

En el discurso se le escapó algún sollozo, al que los espontáneos respondieron «¡Te queremos!». Por algo era el 'Love Rally' que organizó Miller la madrugada del miércoles abriendo una simple página de Facebook. En dos horas tenías 2.000 personas comprometidas a asistir. En dos días, 20.000.

«Tenía dos opciones: quedarme en casa deprimida o hacer algo», cuenta la joven de 19 años, que piensa en presentarse a algún cargo público o ser abogada de derechos humanos. «Esto es una catarsis, necesitábamos reunirnos con otra gente como nosotros y contar en voz alta lo que sentimos. Como seres humanos, nos sentimos traicionados por los que han votado por Trump, pero no lo podemos cambiar, ni era la intención de esta manifestación. Lo que pretendía es reconfortar a los que están asustados y hacerles saber que no permitiremos que les hagan daño. La idea es que la gente se vaya de aquí entendiendo que juntos tienen el poder para cambiar las cosas».

Estos jóvenes que ofrecían «abrazos gratis» y se negaban a aceptar «en nombre de la Humanidad una América fascista» son lo único que separa a Trump de cumplir sus promesas de odio e intolerancia. El magnate que ya ha incurrido en nepotismo al nombrar a familiares y amigos para los primeros puestos en la Casa Blanca tiene a su disposición la Cámara baja y el Senado, donde el Partido Republicano ha ganado por mayoría. Antes de la toma de posesión ya habrá decidido quién reemplazará el asiento vacante del Supremo, que es vitalicio y cambiará el orden ideológico del máximo tribunal.

Movilizar con sensatez

Los políticos demócratas que han perdido estas elecciones saben que el único instrumento que les queda para oponerse a las ideas más aberrantes será movilizar al pueblo, una voz que tendrán que utilizar con sensatez para no agotarla. Si Trump cumple su promesa de expulsar a los 11 millones de indocumentados, hostigar a los musulmanes o enjuiciar a Hillary Clinton se encontrará con estos manifestantes «profesionales» a los que acusa de estar «arengados por la prensa». El último frente de defensa para el país al que Leonard Cohen cantaba en la 'La democracia viene a EE UU', antes de que la victoria de Trump se convirtiera en su epitafio.

«A veces tenemos la sensación de que hemos traicionado la misión que se nos había encomendado, y entonces entendemos que la verdadera traición era no cumplirla», dice una de las tarjetas con frases de Cohen que Kiah Devona, de 24 años, repartía en Washington Square.