Diario Sur

Los generales de Trump dan miedo

  • El magnate ha recibido el apoyo de un grupo de militares entre los que hay iluminados religiosos, islamófobos y halcones proisraelíes

«Jesucristo volverá a la Tierra con un fusil ametrallador entre sus manos». «Los Hermanos Musulmanes se han infiltrado en el Gobierno de Estados Unidos para imponer la Sharia». Estas frases son algunos de los lemas que defiende el equipo de 88 generales y almirantes retirados que durante la campaña electoral norteamericana apoyaron públicamente a Trump. Pocos, por no decir ninguno, de los presidentes norteamericanos han contado entre sus equipos con un grupo de gente tan variopinta y con unas ideas radicales. Una camarilla, procedente en muchos casos de las fuerzas especiales, en la que se mezclan agresivos proisraelíes con iluminados religiosos y halcones de la ultraderecha más dura.

Durante la campaña, Trump consiguió el apoyo de 88 generales o almirantes retirados. La cifra es una de las más bajas que se recuerdan, en especial, si se compara con las del republicano Mitt Romney. Esto revela que Trump, que sí disponía del apoyo de los veteranos, no era tan bien visto en las altas esferas del Ejército más poderoso del mundo. El equipo de generales de Trump fue creado por un general con una biografía dramática: Sidney Shachnow, un militar que sobrevivió al Holocausto en Lituania para convertirse en un héroe de la guerra de Vietnam. Hace diez años publicó un libro titulado 'Esperanza y honor' en el que describía cómo asistió a la violación de su madre por parte de un partisano lituano y cómo huyo de un campo de concentración cuando iba a ser conducido a la cámara de gas. En los años 50, tras encontrar refugio en EEUU, se incorporó al Ejército donde llegaría a ser uno de los 'boinas verdes' más condecorado.

Tras su retiro se convirtió en un activista a favor de los acuerdos entre Israel y EEUU, una relación que durante el mandato de Obama ha estado en entredicho, para enfado del Ejecutivo de Tel Aviv. Fue el primer mando en declarar: «Trump tiene el temperamento adecuado para ser comandante en jefe».

Al grupo dirigido por Schachnow se incorporó el general Michael Flynn, el prototipo de militar que, al entrar en política comprueba que la vida pública puede ser más dura que el frente de batalla. Flynn procede también de los cuerpos especiales y llegó a ser jefe de inteligencia en Afganistán. Se retiró en 2014, tras haber sido nombrado director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, el equivalente militar de la CIA.

En ese momento se convirtió en un asiduo de la televisión rusa y llegó a participar en una cena con el presidente ruso Vladimir Putin. Los medios comenzaron a denunciar sus vinculaciones con el Kremlin, así como su fascinación por el autoritarismo de Moscú. Su reputación comenzó a hundirse, caída que se precipitó tras declarar su respaldo a Trump. El general intervino en un mitin del magnate, donde coreó lemas a favor de encarcelar a Hillary Clinton. Además, pasó de defender una postura moderada hacia el Islam a amparar las declaraciones más duras de su líder. Durante la campaña, al ser preguntado sobre si apoyaba el asesinato de familiares de los yihadistas, aseguró que «habría que ver en qué circunstancias».

Pero el caso más paradigmático es el de William Boykin, un general que al inicio de su carrera estuvo a punto de ser expulsado de un grupo de élite como la Delta Force por ser demasiado religioso. Se le implica en operaciones como el fallido rescate de los rehenes de la embajada de EEUU en Irán y, según algunos medios , pudo tener conexiones con la muerte de Pablo Escobar. Durante el mandato de George Bush hijo realizó unas polémicas declaraciones en las que insinuaba que los musulmanes eran como Satán, unos enemigos de los cristianos. Otros dos miembros destacados del grupo son los generales Thomas McInerney y Paul Valleley. El primero de ellos dejó la Fuerza Aérea para convertirse en comentarista televisivo. En sus intervenciones ha defendido que existe una conspiración de Hermanos Musulanes infiltrados en Washington para imponer la sharia -ley del Islam-. Valleley apoyó a un militar que se negó a ir a Afganistan porque consideraba ilegal recibir ordenes de Obama, a quien consideraba un extranjero de origen musulmán, sin derecho a ser presidente.