Diario Sur

Hillary Clinton camina junto a una copia del 'Guernica' en la sede de la ONU, en Nueva York. :: reuters
Hillary Clinton camina junto a una copia del 'Guernica' en la sede de la ONU, en Nueva York. :: reuters

El peregrinaje de Hillary a España

  • Viajó en 1976 a Guernica, impactada por el cuadro de Picasso que le mostró un reverendo metodista e influyó en su conciencia política

Hillary y Bill Clinton estuvieron en España en el verano de 1976, apenas un año después de contraer matrimonio en Arkansas. Para la esposa de quien luego se convertiría en el 42 presidente de Estados Unidos, Guernica se había convertido en un destino obligado, al que tendría que viajar un día, después de que un reverendo metodista le mostró el cuadro de Picasso en unas charlas sobre el horror de la guerra. Lo ha contado ella en algunas de las biografías que se han publicado durante los últimos años.

Hillary y Bill se casaron el 11 de octubre de 1975. Ambos eran dos brillantes abogados y ya iniciaban sus primeros escarceos en las turbulentas aguas de la política. Disfrutaron de una pequeña luna de miel, invitados por la madre de ella, en Acapulco, en la época dorada de aquel enclave turístico frecuentado por la 'jet-set'. El verdadero viaje de novios vino al año siguiente, cuando la pareja planificó una escapada a Europa en una ruta que pasaba, de manera ineludible, por Guernica. La historia de su destrucción por las bombas alemanas, una barbarie que la aterró, la había marcado en su juventud, cuando despertaba a la conciencia política.

Hillary Rodham -su apellido de soltera- se había educado en el seno de una familia muy religiosa, seguidora de la Iglesia metodista. A los 14 años recibía lecciones sobre la Biblia y frecuentaba unos encuentros que dirigía un reverendo de 26 años, Donald Jones, apuesto y con ideas abiertas, que le marcó de por vida. «Fue mi hombre primero hasta que entró en mi vida Bill Clinton», confiesa en el libro 'Hillary Rodham Clinton en el diván', de Alma H. Bond. «Se convirtió en mi padre, en mi madre, en mi hermano, mi profesor, mi psicólogo. Mi amor platónico. La persona más influyente en mi vida», confiesa en el libro. De hecho, conservaron la relación y el matrimonio metodista visitó con frecuencia a los Clinton en la Casa Blanca. Jones seguía siendo un consejero espiritual.

«Un hombre renacentista»

El ministro Don, que había llegado de Nueva York y se había metido en el seminario tras haber sido rechazado por la Armada, era como «un hombre del Renacimiento». Les hablaba de Francois Truffaut, Dostoievski, Bob Dylan o Martin Luther King. Y de los derechos civiles cuando se celebraban las Marchas por la Libertad y grupos multirraciales de jóvenes viajaban en autobús para poner a prueba la segregación. Incluso les llevó a escuchar al líder negro en una parada que hizo en Chicago con su famoso discurso 'No os durmáis durante la Revolución'. Un día, para ilustrar un debate sobre el horror de la guerra, les enseñó una copia del 'Guernica' de Pablo Picasso. Aquello le impactó, según reconoce en el libro 'Hillary Rodham Clinton. Historia viva' (Planeta).

Hillary escribe que «la guerra moderna tal y como se concibió en el siglo XX se inició en Guernica en 1937, cuando Francisco Franco, el dictador fascista español, utilizó la Luftwaffe, la fuerza aérea de Hitler, para arrasar la ciudad. Picasso supo captar el horror y el pánico de la masacre en un cuadro que se convirtió inmediatamente en un signo contra la guerra». Esta explicación de la líder demócrata la recoge la periodista Nuria Ribó en su libro. 'Hillary Clinton. Retorno a la Casa Blanca' (Belacqua).

En aquellas sesiones de la Iglesia metodista -la Cofradía del Altar-, en las que se hablaba de Dios, de la justicia, de la pobreza y del 'no' a la guerra, Hillary incubó la idea de que tenía que visitar Guernica. La ocasión le llegó quince años después de la mano de su marido Bill, al que convenció para conocer el País Vasco. Franco había muerto y Euskadi era una olla a presión, pero de eso no se habla en las memorias. En el verano de 1976, antes de entrar de lleno en la campaña electoral -en 1978 fue gobernador de Arkansas-, «nos embarcamos en unas gloriosas vacaciones por Europa, que incluyeron un peregrinaje a la ciudad vasca de Guernica. Cuando Bill y yo caminamos por las calles de Guernica y nos tomamos un café en la Plaza Mayor, la ciudad había sido reconstruida y se parecía a cualquier otra ciudad de montaña. Pero el cuadro había grabado el atroz crimen de Franco en mi memoria», evoca.

Descendiente de vascos

A diferencia de Hillary, que siempre recuerda esa visita, Bill Clinton no lo menciona en sus escritos. Sí que lo hizo en 2009, en un mitin en el que participó en el Basque Cultural Centre de San Francisco, según lo recogió el portal digital About Basque Country. Se trataba de apoyar a John Garamendi, descendiente de un pastor vasco de Ispaster que se convertiría en congresista demócrata por California. El expresidente de Estados Unidos contó que «Hillary y yo recorrimos toda la zona de pueblo en pueblo. Lo pasamos realmente bien. Me encanta el País Vasco y si no fuera por la leche fría y el pescado me haría de allí», comentó, para desconcierto de los asistentes.

Cuentan quienes conocieron esa visita lo que más le llamó la atención de su visita por el norte de España a Bill Clinton: «A Bill lo que más le impresionaron fueron las cañas de cerveza tan baratas. Por cierto, desde una cabina de teléfono, en Castro Urdiales, le confirmaron a Bill que sería el responsable de la campaña de Jimmy Carter en Arkansas. Allí empezó todo: en Arkansas, con Carter y los demócratas».

Uno de los reproches a Bill Clinton es que apoyara el proceso de paz en Irlanda del Norte -él es de origen irlandés- y no manifestara entusiasmo con el vasco. En San Francisco habló del 'modelo irlandés'. «El Proceso de Paz iniciado en Irlanda hace 20 años ha servido de referencia a otros conflictos, como el de Myanmar (Birmania), Indonesia, Colombia o la región vasca de España. Nunca hay que subestimar el impacto que este pequeño lugar ha tenido en el resto del mundo, debido a aquel acuerdo de paz», dijo Bill Clinton, que en 1994 concedió un visado a Gerry Adams, jefe del Sinn Fein, brazo político del IRA. Luego visitaría la Casa Blanca. Este gesto también lo recuerda Hillary en sus memorias. El 20 de octubre de 2011, el expresidente de Estados Unidos dio «la bienvenida» a la decisión de ETA de renunciar a la violencia.