Diario Sur

El mundo cambia de líder

  • Los estadounidenses votaron con ansiedad para elegir a su nuevo presidente

Los estadounidenses se volcaron ayer para terminar con la campaña más larga y desquiciada que se haya vivido. «Diría que soy la persona a la que más ilusión le hace votar hoy (por ayer), de no ser porque, bueno, está mi padre», sonrió Chelsea Clinton. Los dos candidatos presidenciales votaron por la mañana y luego se recluyeron en sus hogares de Nueva York, un Estado que por primera vez concentra las sedes de ambas campañas. El uno en su torre de la Quinta Avenida y la otra en su casa de Chappaqua, dispuesta a romper el techo de cristal del Centro de Convenciones Jacob Javitz donde había convocado su gran fiesta. Hasta los túneles que conectan Manhattan con New Jersey cerraron para garantizar la seguridad del nuevo presidente, en una isla que es el primer objetivo terrorista del mundo.

Wall Street había apostado por la exprimera dama que ha prometido dar continuidad a los logros de la Administración Obama. Confiados en su victoria, los mercados cerraron al alza con un 0.4% que se sumó al 2.2% de la víspera. Aunque le pese a la izquierda, Clinton era sin duda la candidata de Wall Street, un sector que no sabe lidiar con la impredecibilidad de Donald Trump. Ayer su campaña llevó a los tribunales las acusaciones que había denunciado dos días antes el presidente del Partido Republicano de Nevada, según el cual los colegios electorales del condado de Clark, que concentra zonas muy pobladas de hispanos, abrieron el viernes hasta más tarde de lo permitido.

Clinton, sin embargo, recordó la víspera en Filadelfia que «si estás en cola a las ocho de la tarde tienen que dejarte votar». Y eso es lo que presuntamente ocurrió en los colegios de Nevada, y lo que hicieron muchos de los centros de votación en los que ayer votaron unos 130 millones de personas. Cerrar las puertas y seguir atendiendo a los que estaban en cola. Una jueza desestimó la demanda.

Colas en los colegios

En algunos estados la participación se anticipaba similar a la de las elecciones anteriores, en las que fue reelegido Barack Obama frente a Mitt Romney, pero inferior a las de 2008 en las que se eligió al primer presidente afroamericano. Las colas que se formaron a las afueras de los colegios electorales desde que amaneció beneficiaban a la candidata demócrata, ya que las minorías tienden a aguantar ese suplicio seis veces más que los blancos, según un estudio del Departamento de Gobierno de Harvard.

Más de 40 millones ya lo habían hecho por adelantado, gracias al sistema que permite a los habitantes de 33 estados votar antes del segundo martes de noviembre para descongestionar. Se esperaba que ayer lo hiciesen otros 130 millones que, movidos por el entusiasmo o el miedo, pudieran adjudicar «la victoria rotunda que nadie pueda cuestionar» que había pedido Hillary Clinton en Filadelfia durante su cierre de campaña.

Clinton recordó que durante el último debate, «después de insultar a la mitad de la población, Trump insultó también a nuestra democracia, al decir que el sistema está amañado y que sólo aceptará los resultados si gana». Los peatones del acaudalado Upper East Side, donde tuvo que ir a votar, le abuchearon al verle bajar de la limusina, cortejada por los servicios secretos.

EE UU está más polarizado que nunca, a juzgar por los estrechos márgenes con los que ganan los candidatos. Desde que Reagan barrió la mesa ganando en todos los estados menos el de su oponente, la América roja y azul está cada vez más aferrada a sus diferencias ideológicas, con algunos estados bisagra que insisten en ser púrpura. El reto del nuevo presidente para los próximos cuatro años será gobernador para todos y unir al país, algo que ni la elocuencia del Premio Nobel de la Paz Barack Obama ha logrado. «No calculé cuánto iban a exacerbar nuestras diferencias las redes sociales», admitió durante el cierre de campaña de Filadelfia.