Diario Sur

Una enorme humareda cubre el horizonte en Bashiya, al este de Mosul. :: Azad Lashkari / Reuters
Una enorme humareda cubre el horizonte en Bashiya, al este de Mosul. :: Azad Lashkari / Reuters

El Ejército iraquí descubre una fosa con cien decapitados

  • El avance hacia Mosul y Raqqa topa con la resistencia del Estado Islámico y cada localidad recuperada revela la brutalidad del califato

El califato afronta una ofensiva doble en Irak y Siria y pierde terreno cada día. Las fuerzas especiales iraquíes ya combaten en siete barrios de Mosul, lo que el portavoz del cuerpo de elite calificó de la «guerra urbana más dura» del mundo, y las tropas lograron también un importante avance en el frente sur ya que liberaron Hamam al-Alil, a unos 15 kilómetros de la capital del califato y vía de entrada directa hacia el aeropuerto, un punto estratégico. La alegría por la victoria militar quedó empañada por el anuncio del Ejército del descubrimiento de una fosa común con cien cuerpos decapitados cerca de la Escuela de Agricultura. Forenses de Bagdad investigan el hallazgo.

El grupo yihadista Estado Islámico (EI) llevó a cabo ejecuciones masivas cuando se hizo con el poder en el verano de 2014, sobre todo de miembros chiíes del Ejército, pero en Hamam al-Alil, además, las últimas semanas han sido muy tensas ya que los yihadistas intentaron llevar a miles de civiles a Mosul para usarlos como escudos humanos, según denunció la ONU, y el grupo habría asesinado también a decenas de exmiembros de las fuerzas de seguridad y de civiles que se negaron a empuñar las armas para defender el califato. El número de desplazados desde el inicio de la ofensiva supera los 34.000, según la Oficina Internacional para las Migraciones (OIM).

El avance hacia Mosul o Raqqa no es sencillo y cada localidad liberada de manos del EI revela nuevos episodios de la brutalidad del régimen impuesto por los seguidores del califa Ibrahim. Menos de 24 horas después del anuncio de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), alianza de grupos armados liderada por las Unidades de Protección Populares (YPG) kurdas, sobre el inicio de la operación para expulsar al EI de Raqqa, el Departamento de Defensa de EE UU comunicó que tiene un acuerdo con Turquía para desarrollar «un plan de gobierno» para la era postcalifato en Raqqa. Pese a que los kurdos subrayaron que los turcos «no tendrán papel» en la operación, el general Joseph Dunford, jefe de Estado mayor conjunto estadounidense, se reunió con su contraparte turca, general Hulusi Akar, y le aseguró que «no se liberará Raqqa sin la incorporación de Turquía».

Combinación imposible

Washington trata de contentar a turcos y kurdos, sus grandes aliados sobre el terreno, pero la combinación parece imposible ya que Ankara no tolera la vinculación de las YPG con el PKK. Dunford declaró que «trabajamos para encontrar la combinación adecuada de fuerzas para la operación» y coincidió con las autoridades de Turquía en que «es necesario que sea mayoritariamente árabe y suní», debido a las particularidades étnicas y religiosas de Raqqa.

Como en Irak, en Siria EE UU mantiene el despliegue de fuerzas de combate como una línea roja y se limita a enviar asesores sobre el terreno. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) informó de la llegada de los primeros militares estadounidenses al enclave kurdosirio de Kobani para participar en la ofensiva de Raqqa, bautizada por los kurdos como 'La ira del Éufrates'.