Diario Sur

Ante el nuevo escenario post califato

Vehículos militares estadounidenses en el este de Mosul. :: Azad Lashkari / reuters
Vehículos militares estadounidenses en el este de Mosul. :: Azad Lashkari / reuters
  • El final de la ofensiva contra el Estado Islámico y la gestión del acuerdo nuclear con Irán son dos de los grandes retos del nuevo equipo presidencial

Estados Unidos libra la «mayor batalla contra el terrorismo» en Irak y Siria sin tropas sobre el terreno. El nuevo comandante en jefe del Ejército de EE UU, Hillary Clinton o Donald Trump, se enfrentará al final de la ofensiva contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) y, sobre todo, a la incertidumbre del día después al final del califato. Las dos legislaturas del presidente Barack Obama han dado un giro a la política exterior estadounidense en Oriente Medio, que ha pasado de la era de las invasiones de George Bush, cuando llegaron a tener 170.000 hombres en Irak, a no desplegar soldados, y del enfrentamiento a Irán, a sellar un pacto nuclear con la república islámica que ha causado gran malestar en Israel y Arabia Saudí, los aliados tradicionales de Occidente.

La gestión del acuerdo con los iraníes es uno de los grandes retos para la nueva administración estadounidense ya que Irán es un actor clave en toda la región y está presente de forma directa o indirecta en los conflictos de Irak, Siria o Yemen. EE UU ha pasado de estar al borde del conflicto armado con Teherán, a reabrir las puertas a la república islámica a los mercados y a los foros internacionales, como el creado para intentar encontrar una salida dialogada al conflicto sirio. Un cambio que necesita tiempo para consolidarse ya que ambas potencias vienen de tres décadas con las relaciones rotas.

Irak se desangra desde 2003. La invasión estadounidense prometía traer la democracia, pero ha terminado por hundir al país en un conflicto sectario que vive su último capítulo en Mosul, capital del califato proclamado por el EI. Los yihadistas aprovecharon el descontento de la minoría suní del país para dar un golpe de fuerza en el verano de 2014 y Estados Unidos lidera desde entonces una coalición internacional que, además de asesorar a las tropas iraquíes y kurdas, se encarga de la cobertura aérea.

El Gobierno de Bagdad, en manos de la mayoría chií, se sostiene gracias al doble apoyo de Washington y Teherán y mira con recelo los planes intervencionistas de Turquía. El vecino del norte quiere tomar parte en la ofensiva de Mosul y cuenta con el visto bueno del actual secretario de Defensa de EE UU, Ash Carter, pero Bagdad se niega a aceptar lo que califica de «invasión militar» turca. La relación con Turquía, miembro de la OTAN, es otra de las asignaturas pendientes del nuevo comandante, sobre todo tras el golpe militar del verano y el giro del presidente Recep Tayyip Erdogan hacia Rusia.

En Siria los turcos ya están presentes y su Ejército mantiene abierta la operación 'Escudo del Éufrates' para expulsar al EI de su frontera y, sobre todo, evitar que los kurdos consoliden la unidad territorial de los tres cantones que forman Rojava, el Kurdistán sirio. Como en Irak, Ankara quiere tomar parte en la operación para liberar Raqqa, pero han sido las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), las que han anunciado el inicio de la ofensiva con el apoyo de EE UU. Lideradas por la Unidades de Protección Populares (YPG), brazo sirio del PKK, las FDS aspiran a consolidarse en la fuerza de referencia de EE UU en Siria, lo que despierta gran desconfianza en Ankara.

Israel, blindado

La inestabilidad en los frentes sirio e iraquí contrasta con la solidez de la relación entre Estados Unidos e Israel. Pese a las quejas de Tel Aviv por el acuerdo con Irán o el malestar que generan los comunicados del departamento de Estado que critican los avances de la ocupación, Obama deja sellado un acuerdo de seguridad de diez años con Israel con unas cifras de récord. Washington blinda a Israel de las amenazas que le rodean en la región con un nuevo Memorándum de Entendimiento sobre asistencia militar de 38.000 millones de dólares (34.400 millones de euros) que constituye «la mayor petición individual de asistencia militar bilateral en la historia de Estados Unidos», según el anuncio del Gobierno de Obama.

La Casa Blanca critica la política colonizadora israelí y la ve como una barrera para lograr avanzar en la solución de los dos Estados, pero Obama no ha tomado ninguna medida concreta para obligar a Israel a detener los asentamientos. Algunos medios estadounidenses especulan con un posible último intento del Nobel de la Paz para relanzar el proceso de paz antes de su salida, pero la guerra contra el EI es ahora mismo la prioridad estadounidense.