Diario Sur

Rusia confía en la victoria de Trump

Putin y Obama. :: reuters
Putin y Obama. :: reuters
  • Tanto el Kremlin como los ciudadanos de a pie están convencidos de que les irá mucho mejor con el candidato republicano en la Casa Blanca

No sólo el presidente Vladímir Putin, sino también la élite rusa y el conjunto de la población prefieren ver en la Casa Blanca a Donald Trump antes que a Hillary Clinton. Así se refleja también en los medios de comunicación oficiales del país, que alaban constantemente al candidato republicano y critican sin compasión a la demócrata. Putin y Trump no dejan de intercambiarse piropos, es evidente que tienen química. «Seguimos atentamente lo que pasa en Estados Unidos y vemos con simpatía a los que dicen que hay que construir relaciones de igualdad con Rusia», declaró recientemente el jefe del Kremlin en alusión al magnate.

Putin ha llamado a Trump «hombre brillante y con talento», «líder indiscutible en la carrera hacia la Presidencia». Ha elogiado su interés en mejorar las relaciones entre Moscú y Washington y en colaborar de forma más estrecha en la lucha contra el Estado Islámico. Por su parte, el magnate ha dicho de Putin que es «un líder fuerte, mucho más fuerte que nuestro actual presidente», Barack Obama, y ha prometido reconocer Crimea como territorio ruso si llega al poder.

Según varios sondeos realizados, también la población rusa se decanta a favor de que Trump sea el próximo presidente de EE UU. Una encuesta de la Fundación Opinión Pública señala que el 44% de los rusos están convencidos de que con el magnate en la Casa Blanca las cosas irán mejor para Rusia, mientras que sólo un 7% prefiere a Clinton. El apoyo en Rusia a Trump ha aumentado en los últimos meses mientras disminuía hacia la candidata demócrata.

Muchos analistas subrayan que los republicanos siempre se han llevado mejor con el Kremlin que los demócratas. Putin mantuvo buenas relaciones con el último presidente republicano, George W. Bush. El primer mandatario ruso sigue obsesionado con su idea de pactar con Washington un nuevo orden mundial, un reparto de las zonas de influencia en el planeta, y cree que los republicanos son más «pragmáticos» a la hora de negociar. En Moscú se piensa que con Trump será más fácil llegar a acuerdos que con Clinton, a la que no digieren desde su época como Secretaria de Estado. Putin no oculta que está cansado de oír de ella reproches sobre la falta de democracia en Rusia, su actual militarismo y las violaciones de derechos humanos.

En el Kremlin están seguros de que Clinton instigó y financió desde su departamento las protestas contra Putin en diciembre de 2011. Fue a partir de entonces cuando surgió en la prensa oficial la abreviatura despectiva «Gosdep» (Departamento de Estado) como el origen de todos los males lanzados desde Occidente contra Rusia para debilitarla. Las tensiones con Clinton se han exacerbado durante la campaña cuando ésta y sus asesores acusaron al Kremlin de piratear sus correos y de estar detrás del ciberataque cometido contra el Comité Nacional del Partido Demócrata a fin de suministrar carnaza a WikiLeaks y beneficiar a Trump. Putin ha negado siempre tales injerencias. «¿Acaso EE UU es una república bananera? Es una gran potencia ¿Cómo puede Rusia influir en la elección del pueblo americano?», se preguntó el presidente ruso hace unos días en el foro de Valdái. También allí manifestó, refiriéndose a las relaciones con el Partido Demócrata general y con Obama en particular, que «no hay ningún diálogo, es muy difícil hablar con ellos porque (...) no discuten los criterios sino que los imponen».

En el Ministerio de Exteriores ruso, en donde repetidamente han acusado a Washington de «demonizar» a Rusia, no dudan de que Clinton mantendría la línea dura en sus relaciones con Moscú. Una de las intervenciones de Trump que más difusión tuvo en los medios rusos fue cuando advirtió de que «vamos a acabar en una tercera guerra mundial a cuenta de Siria si hacemos caso a Clinton». A los tertulianos televisivos adeptos al jefe del Estado ruso les gusta agitar esa amenaza.

Otra buena muestra de por dónde van las simpatías del Kremlin fue la entrevista de Julian Assange al canal oficialista ruso de difusión internacional RT. Refiriéndose a los correos electrónicos de la candidata demócrata, Assange aseguró que «el Gobierno de Rusia no ha sido la fuente». Según sus palabras, «el bando de Clinton ha sido capaz de proyectar una histeria neomacartista de que Rusia es culpable de todo». El fundador de WikiLeaks dijo también que hay una confabulación en EE UU de determinados poderes fácticos junto con la banca y la prensa para «impedir que Trump sea presidente». Assange cree que Clinton «es alguien a quien sus ambiciones la comen viva, hasta el punto de que llegará a caer enferma».

No obstante, en Rusia, aunque menos, también hay quien alerta sobre los peligros para el país de una eventual victoria de Trump. La politóloga Lilia Shevtsova opina que el candidato republicano «haría una política centrada en favorecer por encima de todo los intereses de Estados Unidos y eso podría hacerle colisionar con Putin». Trump anunció el año pasado que se «recostará» para contemplar tranquilamente cómo fracasa Rusia en Siria igual que sucedió con la Unión Soviética en Afganistán.