Diario Sur

La prosperidad en Nicaragua garantiza a Daniel Ortega su cuarto mandato

Propaganda de Daniel Ortega y Rosario Murillo en un parque de Managua. :: oswaldo rivas / reuters
Propaganda de Daniel Ortega y Rosario Murillo en un parque de Managua. :: oswaldo rivas / reuters
  • El exguerrillero propició primero la reelección indefinida y seguirá en el cargo hasta 2021 con su esposa en la vicepresidencia del país

Con una ventaja destacable, casi sin oposición y en parte gracias a los buenos resultados económicos, hoy Daniel Ortega volverá a ser elegido presidente de Nicaragua teniendo a su mujer y mano derecha, Rosario Murillo, como compañera en la vicepresidencia. Con el tándem garantizan la continuidad de una 'dinastía' familiar en el poder al menos para los próximos cinco años, aunque sus adversarios denuncian que las elecciones a las que están convocados cerca de 4 millones de nicaragüenses son una «farsa». En la jornada se elegirá también a 20 diputados nacionales, 70 representantes departamentales y regionales y otros 20 ante el Parlamento Centroamericano (Parlacen).

Las de hoy son las séptimas presidenciales celebradas tras la derrota de la dinastía de los Somoza en 1979. El triunfo del exguerrillero y líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), un movimiento político militar nacido en julio de 1961, será posible porque el gobernante propició un cambio constitucional para la reelección indefinida. Con Ortega, el FSLN ganó en 1984, 2006 y 2011.

Después de mantenerse cerca de diez años gobernando, Ortega, de 70 años, obtenía un 69,8% de la intención de voto, nada menos que un 61,7% más que su rival, el exrebelde derechista Maximino Rodríguez, que apenas alcanzaba un 8,1%. Si la salud se lo permite, podría ser presidente hasta 2021.

La razón de estas cifras habría que buscarla en que en su último decenio en el Gobierno ha logrado un crecimiento sostenido, además de controlar el déficit y la inflación. La ayuda de Venezuela -aunque ahora empieza a notarse ya la crisis del país petrolero-, sumada a la inversión extranjera atraída por los altos niveles de seguridad, han elevado el consumo.

La prosperidad es visible en el 'boom' inmobiliario de viviendas, oficinas y hoteles en el país, en la cantidad de coches nuevos que circulan por sus calles. Frente a ese despliegue de buenos resultados se estrellan las denuncias de sus adversarios. La preocupación de los empresarios, que se han llevado muy bien con la pragmática economía de Ortega, es que Estados Unidos amenaza con sancionar a la nación centroamericana.

Acusaciones

Ortega sobrelleva acusaciones de recurrir a ardides judiciales para expulsar de la contienda a sus rivales más relevantes. Y también de manejar a su antojo el poder judicial y la prensa, y de corrupción. «Lo que se está montando para el 6 de noviembre es un acto rutinario para mantener la apariencia de continuidad en el funcionamiento de un sistema democrático, pero el resultado ya está decidido», clama Vilma Núñez, defensora de derechos humanos y opositora. En su opinión, en Nicaragua existe un «descontento generalizado».

El abanico de la oposición es variopinto: desde radicales antisandinistas a revolucionarios desencantados con el mandatario. «Para mí se murió (el Frente Sandinista) porque yo dije que si ponían a 'la Chayo' (Rosario Murillo, la esposa del candidato a la reelección) no voy a votar», afirmaba un joven militante del sandinismo cuando Ortega la designó en agosto como su aspirante a la vicepresidencia.

La oposición denuncia que Ortega se ha encargado de aniquilarla de cara a estos comicios. Para ello se habría valido del Consejo Supremo Electoral (CSE), integrado por diez magistrados elegidos por el Congreso, dominado por el FSLN.

El prominente opositor Eduardo Montealegre, del Partido Liberal Independiente (PLI), perdió la Alcaldía de Managua hace ocho años en unas elecciones locales que el Centro Jimmy Carter calificó de «fraude confirmado».