Diario Sur

Mike y Harrison David. :: r. c.
Mike y Harrison David. :: r. c.

Ídolos y demonios

  • Los seguidores de Clinton y Trump coinciden en obviar las carencias de ambos en pro de una causa mayor

nueva york. Desde la distancia, uno oye a Donald Trump decir que los mexicanos que llegan a EE UU son «criminales, violadores o traficantes». Que promete vetar la entrada a todos los musulmanes y se le escucha fardar de cómo se permite meter mano a los mujeres por ser una estrella. Resulta inevitable preguntarse quién vota por un tipo así, pero es hora de desmontar el cliché de que sus seguidores son los 'white trash America' (basura blanca de EE UU) y reconocer que no podría tener entre el 40% y el 45% de la intención de voto si dependiera sólo de los hombres blancos que ganan menos de 50.000 dólares (45.000 euros) al año y carecen de educación universitaria.

Es cierto que el desvergonzado multimillonario que presume de hablar claro y que carece de apego por el rigor se ha convertido en el ídolo de los desheredados de la globalización, pero una encuesta de Gallup revela que eso no se mide necesariamente por los ingresos, sino por las percepciones. De hecho, los hogares de blancos suelen ser más acaudalados que los de negros, pero los seguidores de Trump son desproporcionadamente blancos.

Los analistas han detectado que preguntar por la salud del encuestado suele ser más fiable, porque muchos de los seguidores de Trump sufren alguna enfermedad y ven el mundo a través de una lente más oscura que coincide con la del multimillonario tremendista. En su último anuncio de nada menos que dos minutos de duración, frente a los tradicionales 30 segundos, el magnate al que muchos comparan con Mussolini promete enfrentarse a la banca, los medios de comunicación y los intereses globales «que han sangrado EE UU hasta dejarlo seco» para devolver el brillo al país. Con sus 30 años en política, Hillary Clinton sería la representante de todo ello, algo que ni siquiera sus seguidores desmienten.

Como los de Trump, también los otros prefieren pasar por alto las faltas de su candidato en pro de una causa mayor. Los unos, porque saben que es el único capaz de amenazar el sistema establecido que les ha fallado. Los de Clinton, porque como seguidores de la 'realpolitik' creen que los pagos que la aspirante demócrata recibe de Wall Street o Arabia Saudí son un mal necesario y hace falta una presidenta que sepa jugar con el sistema para lograr resultados. Algunos más, que no tienen estómago ni para lo uno ni para lo otro, optarán por quedarse en casa o votar por alguno de los dos partidos restantes, a los que se augura menos del 5% de la intención de voto. A lo largo y ancho de EE UU, los porches esta vez no muestran una colección de pancartas electorales.

Es posible que Clinton gane el martes. Su ventaja en las últimas encuestas es de apenas un 3%, lo que la sitúa al filo del margen de error -el 2,7% en las últimas elecciones, según la web FiveThirtyEight- y por ello es también posible que las gane Trump.

Alexandra Fasulo Empresaria

«Estoy cansada de que Obama se disculpe»

«Aprende a pensar como un millonario. Alcanzar tus metas personales y profesionales nunca ha sido más fácil». Así se venden los libros de Donald Trump que a Alexandra Fasulo le leía su madre en la cama. «Llevo oyendo hablar de Trump desde que tenía 10 años», cuenta. «El me ha enseñado cómo triunfar. Representa el sueño americano. Puedes tener tu propio rascacielos en Manhattan si te lo propones».

Trump no es el hombre hecho a sí mismo que Fasulo cree. Según él, recibió un millón de dólares de su padre que transformó en una empresa de mil millones, pero Hillary Clinton dijo en el primer debate que esa ayuda inicial fue de 14 millones de dólares y él no lo desmintió. En cualquier caso, a esta joven de 23 años que estudió Ciencias Políticas la inspiró para montar su propia empresa de 'social media'. Le mira con admiración, es su ídolo. Cree que despertó en ella y en su madre el espíritu emprendedor que les permitirá controlar su propio destino.

«Él nunca se mete en nada que no puede ganar», asegura. Por eso cree que será el próximo presidente de EE UU. El hombre que devolverá su brillo al imperio. «Vengo de una familia de militares y estoy cansada de oír a Obama disculparse de lo que ha hecho EE UU, ya sea en la Universidad del Cairo o en Cuba. Quiero un presidente que esté orgulloso de nosotros».

Para ayudarle a que lo logre, y porque ser seguidora de Trump en Nueva York puede ser un camino muy solitario, pasa los días en el sótano de la Torre Trump de la Quinta Avenida, llamando a los Estados bisagra para pedir el voto por él.

Tim Hinkle Empleado

«Nos hemos vuelto demasiado blandos»

'Ojalá Hillary se hubiera casado con O. J. Simpson', dice la camiseta que Tim Hinkle vestía orgulloso el jueves en el debut electoral de Melania Trump. O. J. Simpson es el antiguo jugador de fútbol americano que todo el país cree culpable de haber apuñalado a su esposa en 1992, aunque los tribunales lo declarasen inocente. «Hillary se merece el mismo destino, porque tiene las manos manchadas de sangre con Bengasi», asegura sin estremecimiento.

En Pensilvania, este joven de 20 años que sigue fielmente a Trump de mitin en mitin no siente necesidad de esconder sus ideas. Sus amigos le aplauden en las redes sociales cada vez que cuelga una foto con la pancarta de 'Make America Great Again' (Haz de nuevo grande a EE UU) o incluso utiliza el Photoshop para poner su cara en la imagen del magnate. «¡Fantástico!», decía uno en Facebook. «¡Me has alegrado el día», contestaba otro.

En Twitter, Hinkle no tiene ideas propias, se hace eco de todo lo ofensivo que ve sobre Clinton, «que hace campaña con una estrella pornográfica, para que te hagas una idea de lo desesperada que está», dice uno de sus retuits tras su aparición con la miss Universo venezolana Alicia Machada.

Le encanta ver vídeos de tipos duros que van a toda velocidad por la carretera y le sacan la pistola al que les dice algo, porque para él «el problema de EE UU es que nos hemos vuelto muy blandos». Quiere un presidente duro que se gane de nuevo el respeto del mundo y que vaya por la vida como ese conductor que muestra su arma al primero que le levanta la voz. «Donald Trump ya ha cambiado esto, porque ahora la gente ya no tiene miedo de decir lo que piensa».

Está harto de «la corrección política de los demócratas». Dice haber pasado ocho años «horribles» desde que Obama es presidente, lo que a sus 20 años le remontaría a los 12. La crisis económica no le ha afectado, pero los inmigrantes sí, porque según él cuando llegan al 'resort' en el que trabaja, él y sus compañeros tienen menos horas.

Mike David Mánager de ventas

«Trump traerá los empleos que se han ido a México»

A Mike David, de 41 años, la idea de ir a ver el debut de Melania Trump en Pensilvania se la propuso por email su hijo de 11 años, Harrison. «¿Cómo le voy a decir que no?», se pregunta orgulloso. «Y mañana vamos a ver a Mr. Trump a dos horas de aquí». David es el mánager de ventas de una empresa de autobuses escolares en Nueva Jersey, donde la ley que obliga a los colegios a renovar la flota cada quince años le garantiza un negocio «a prueba de crisis». Su suegro, sin embargo, dice haber perdido el trabajo dos veces desde que Obama es presidente. «Trump va a traer de vuelta los buenos empleos que se han ido a México y va a educar a este país para que vuelva a ser un triunfador», sostiene Jack Healy, de 62 años.

La diabetes le ha complicado tanto la salud que ha acabado discapacitado. Ahora depende del seguro médico que le proporciona Obamacare, porque el suyo se lo cancelaron sin previo aviso una vez que la Ley de Asistencia Médica Asequible (ACA) entró en vigor, y eso que el presidente había prometido que nadie perdería su póliza. Healy es un enamorado del iPhone y tiene acciones en Apple, pero aboga por el plan de Trump para obligar a las empresas estadounidenses a fabricar en el país, aunque eso haga caer sus acciones en bolsa.

Toda la familia admira a Trump como «hombre fuerte de negocios» que hará posible lo que ningún otro se atreverá a hacer «porque no es un político». Les «molesta» su comportamiento grosero con las mujeres, pero creen que otros políticos también lo tienen y se pasa por alto.

Mary Porges Empleada

«Mi problema no es el mensaje, es el mensajero»

En esta campaña, Mary Porges, de 58 años, empleada de una empresa de productos financieros, no ha puesto ninguna pancarta en su jardín ni ha pegado nada en su coche, pero se puso en cola para votar el primer día que se abrió el plazo. Vive en Miami Beach y tiene muy claro que «George W. Bush se convirtió en presidente gracias a 500 cubanos cabreados por lo de Elián». Admite que Hillary Clinton no la inspira. «Por Obama hice campaña, toqué las puertas, registré a votantes, pero esta mujer tiene algo que me cuesta. Debe de ser esa forma rebuscada de hablar, le sale la abogada que lleva dentro».

A veces cuestiona su buen juicio, porque votó en favor de la guerra de Irak, pero cree que es la persona más preparada que se haya presentado nunca al cargo y está convencida de que ya es hora de que haya una mujer presidenta en EE UU. Si gana espera que adopte muchas de las cosas con las que se comprometió durante su duelo con Bernie Sanders, como subir el salario mínimo y lograr que la educación universitaria pública sea gratuita.

No es que esté en desacuerdo con todo lo que dice Donald Trump, de hecho, le parece muy bien que se refuerce la seguridad en la frontera y que los aliados contribuyan a pagar el coste militar de EE UU en otros países, «pero ese hombre me parece asqueroso», dice rotunda. «Es la persona equivocada. Mi problema no es con el mensaje, sino con el mensajero». Lo ve como un producto de la «cultura Kardashian» que se ha impuesto en el país, «apoyado por un tercio de la población que es racista y ha salido ahora a la luz. Ni siquiera era republicano, es un hipócrita».

Alex Gimeno DJ

«Quiero ver a una mujer presidenta»

Cuando Alex Gimeno, el DJ detrás de Ursula1000, tocaba en España durante los años de George W. Bush se veía obligado a explicar por qué su país había votado a alguien así. Con Obama recuperó la dignidad. Ahora no quiere ni pensar lo que le dirán si Donald Trump se convierte en presidente. «Entiendo la situación económica que sufre el votante de Trump, ¿pero cómo pueden pensar que él es la solución», se mortifica. «Sí, es un 'outsider', pero su mundo no es el del obrero de Arkansas. No me lo explico».

Gimeno es de los pocos que votará a Hillary Clinton con pasión, no porque sea antiTrump, «sino porque quiero ver a una mujer presidenta». Y no por el futuro de su propia hija, como suele decir Obama, «sino por mi país, porque servirá para tener un sociedad mejor». El DJ de 49 años nunca ha tenido ego machista. Se crió bajo la influencia de su hermana y su madre, no es cabezota, no añora a un hombre fuerte que marque el paso. Le parece muy buena idea que EE UU tenga a una mujer como líder. «Sería fantástico». opina.

En su entorno de Brooklyn se siente políticamente tan aislado como los seguidores de Trump, porque el 80% de sus amigos son partidrios de Bernie Sanders que no le han perdonado a Clinton la derrota. A él todo lo que ha salido en Wikileaks sobre su tráfico de influencias o los discursos en Wall Street no le ha afectado lo más mínimo.

Cuando en julio Chelsea Clinton la presentó en el escenario de la Convención Demócrata de Filadelfia a punto de romper el techo de cristal de las mujeres en política, Gimeno no acostó a su hija de cuatro años a las nueve de la noche, como de costumbre, sino que la puso delante del televisor. «No sé de lo que se acordará, pero le contaré que vio en directo ese momento histórico».

Esther Crow Cantautora

«Hillary es una mujer fuerte que no se deja intimidar»

Cuando Sanders perdió las primarias de Nueva York, marcando así el principio del fin en su carrera presidencial, Esther Crow nunca pensó que pudiera votar por la mujer que le había robado las elecciones. «Pero me puse a investigar y a leer a cosas y entendí que no se las había robado, que si acaso los votos que no se habían contado hubieran favorecido a Hillary Clinton».

Durante meses pensó que, como Nueva York es un Estado demócrata que con seguridad irá a la casilla de la exprimera dama, no tendría que hacer el esfuerzo de votar por ella. A medida que Donald a Trump ha ido ganando terreno se ha asustado. «No entiendo a mis amigos del 'Bernie o que explote todo'. Yo pienso llevar a votar hasta a mi madre de 82 años que está discapacitada, y estoy convenciendo a mis parientes de Ohio para que no se queden en casa. No podemos asumir el menor riesgo, tenemos que apoyarla».

En el proceso, esta cantautora de 46 años que escribe los temas de The Electric Mess y Thunder and Sunshine Band ha aprendido a admirar a Hillary Clinton. «Cuando la vi en el primer debate me impresionó. Es una mujer muy fuerte, pero a la vez calmada, como Obama. No se deja intimidar. Tiene la cabeza fría. Es equilibrada. Lleva 30 años en política, sabe de todo. Le marcó el paso a Trump como nadie». En ese momento entendió que votaría por ella sin necesidad de taparse la nariz. «Pero si empieza una guerra ya veo a mis amigos diciéndome: '¡Te lo dije!' Al menos no será como Trump, que la empezaría sólo porque alguien diga que no le gusta su pelo».