Diario Sur

Melania Trump da la cara por su marido

  • Último esfuerzo de la exmodelo para mostrar que el republicano «respeta a las mujeres»

Berwyn (Pensilvania). Con su marcado acento esloveno y su pasado pornográfico, Melania Trump siempre ha resultado ser mejor activo para su marido en el papel de mujer florero. Callada, sonriente y silenciosa, la modelo posa siempre con elegancia junto al hombre que primero le prometió el cielo de sus torres y ahora la Casa Blanca, pero el camino a la avenida Pensilvania pasa por el Estado en el que Hillary Clinton le saca veinte puntos entre las mujeres. A éstas se dirigió ayer Melania Trump en el primer discurso que da desde que hiciera estragos en la Convención del Partido Republicano al plagiar a Michelle Obama.

Después de tres meses en barbecho y con todos los escándalos que han empañado la imagen de Trump, por su trato grosero y obsceno hacia las mujeres, nadie mejor que su esposa para dar la cara «por el hombre que tan bien conozco desde hace dieciocho años».

A muchas de las mujeres que le escuchaban ayer en las instalaciones deportivas de Main Line, un cinturón de suburbios adinerados a treinta minutos de Filadelfia, les reconfortó oír a la impoluta esposa que da fe de lo mucho que su marido «respeta a las mujeres» y sufre «cada vez que se entera de que han cerrado una fábrica en Ohio, Carolina del Norte o aquí en Pensilvania». En estos 'estados brexit', donde la clase trabajadora sufre los efectos de la globalización, Clinton pierde terreno a marchas forzadas. Hace un mes le sacaba nueve puntos. Hace tres días, seis. Ayer, tres. Y prueba de que teme no llegar a las elecciones es que el lunes cerrará su campaña en Filadelfia con toda la artillería que pondrán Barack Obama y su hija Chelsea.

La candidata demócrata tenía en la recámara una bala que el miércoles pudo haber cambiado de nuevo la dirección electoral, pero la mujer que acusa a Trump en los tribunales de haberla violado a los 13 años en la fiesta de otro millonario que ha ido a la cárcel por prostitución infantil recibió tantas amenazas de muerte que canceló la conferencia de prensa. «Está aterrorizada, no se atreve a enseñar la cara», contó su abogado, Lisa Bloon.

En la demanda en la que no se la identifica por su nombre acusa al magnate de haberla «atado a la cama, violarla por la fuerza y responder a sus súplicas golpeándola en la cara con la mano abierta mientras le decía que haría lo que él quisiera».

El aborto

Como ella no dará la cara, la que lo hace es Melania Trump, para tranquilidad de las mujeres como Rachelle Bergey, preocupada por los valores morales. A esta ama de casa que educa ella misma a sus tres hijas para no exponerlas a las enseñanzas progresistas de los colegios lo más importante de estas elecciones es que el nuevo presidente nombre a un juez del Supremo que condene el aborto. «Y como Hillary está a favor, para mí la decisión es muy fácil». No le gustó, sin embargo, escuchar a su candidato en el vídeo de Access Hollywood hablar de cómo le mete mano a las mujeres, casadas o no, pero saber que Melania tampoco lo aprueba y le ha perdonado es suficiente como para que ella también lo haga. En su mente, ella le vigila.

La modelo eslovena parecía hablar de otro hombre cuando ayer, fiel al 'teleprompter', defendía la elección de un presidente que «restaure la dignidad» en Washington «y nos una a todos como estadounidenses». El público aplaudía complacido, como cada vez que alguien le muestra la imagen del hombre al que querrían ver en Donald Trump. «¿Queremos un país que respete a las mujeres y proporcione igualdad de oportunidades?», preguntaba la modelo. No es ése el que aparece en los anuncios de televisión pagados por la campaña de Clinton, donde dice de viva voz en antiguas entrevistas que «nunca he cambiado un pañal, eso es cosa de mujeres». O «tener una esposa que trabaje es muy mala idea, porque si yo llego a casa y no está la cena pongo el grito en el cielo».

Una madre cualquiera

Nadie se imaginaba a Melania Trump en la cocina, aunque ella dijera ayer que es una madre como cualquiera de las que le escuchaban. Eligió entrar con lo que más le gusta oír a los estadounidenses, un extranjero subyugado por el comunismo que creció «admirando a ese país increíble llamado Estados Unidos, que siempre asociamos con la libertad y las oportunidades». Nadie tenía nada que objetar a que les contase cuánto le inspiraba Ronald Reagan y cómo su sueño siempre fue vivir en Estados Unidos, incluso cuando era una glamurosa modelo en París y Milán. «Un trabajo muy duro», insistió. Todos aplaudieron emocionados cunado les contó que en 2006, «después de un duro proceso de papeles que duró diez años» y que convenientemente la separa del resto de los inmigrantes a los que ataca su marido, «me convertí en ciudadana de los Estados Unidos de América».

Por primera vez deletreó qué clase de primera dama será esta mujer que antes ha posado desnuda en revistas masculinas. «Seré una defensora de las mujeres y los niños», anunció triunfante. Eso, al parecer, no afecta a la docena que ha denunciado públicamente las agresiones de su marido, pero cualquiera en la sala respondía, «¿Y Hillary, que atacó a las que violó Bill?», decía Becky Reilly, de 59 años. Por si las dudas, un hombre se paseaba por delante de todas las cámaras con un cartel que mostraba el retrato del expresidente bajo la leyenda de 'Violador'.

Melania tiene algo en común con la becaria mortificada por su romance con el mandatario. Ambas quieren luchar contra el 'cyberbulling'. Y Alicia Machado, la Miss Universo a la que todavía Trump ataca en las redes sociales cuando se levanta a ir al baño de madrugada, estaría de acuerdo.

es la tasa de desempleo en Pensilvania, uno de los estados decisivos en esta carrera por la Casa Blanca. A pesar de la crisis en el sector del acero y de la reciente ola de despidos del fabricante de camiones Mack Trucks, la economía local marcha y crea puestos de trabajo, aunque los nuevos empleos están mal pagados.