Diario Sur

Los republicanos aúpan a Clinton

  • La primera encuesta entre votantes le da una cómoda victoria en Florida gracias a los conservadores

Las elecciones son el martes, pero 30 millones de estadounidenses ya votaron en una docena de Estados, gracias al sistema de votación temprana que intenta facilitar el proceso. Y no, no pueden volver a las urnas si cambian de opinión, como les dijo Donald Trump el martes, en su último disparate. El magnate intentaba apelar a aquellos a los que la investigación del FBI sobre los emails de Hillary Clinton les ha traído «remordimiento» por haberla apoyado, pero las cartas ya están echadas y las empresas de datos tienen una buena idea de la mano que traen.

Entre los republicanos, muchos se han tapado la nariz y han votado por el magnate que representa a su partido, ése que Lincoln y Reagan hicieron grande en el panteón de los conservadores. Algunos son aquellos que durante las primarias, cuando 17 candidatos competían por la nominación, juraban lealtad al ABC, acrónimo de «Anybody But Clinton» (Cualquiera menos Clinton).

Otros son los seguidores del Tea Party, que ahora se han pasado al Partido de Trump. Según un análisis de Crowdpac, más del 20% de los donantes del Tea Party han dado fondos a la campaña del multimillonario que dice financiarse a sí mismo. En la escala del 1 al 10 que mide su inclinación ideológica, según sus prácticas políticas pasadas, los donantes de Trump obtienen una puntuación del 8,3.

La verdadera sorpresa, sin embargo, la ha traído la empresa TargetSmart, que por primera vez ha encuestado con precisión científica a los votantes reales de Florida que ya han depositado la papeleta. La muestra que se ha tomado cuidadosamente de un universo de 4,5 millones de votantes reales indica que el 28% de los republicanos del Estado clave para ganar la Casa Blanca se han tapado la nariz, pero no para votar por el impredecible multimillonario que reina en Palm Beach, sino por la mujer que llevaría a Bill Clinton de vuelta a la Casa Blanca.

El consejo de Al Gore

La cifra es insólita, el propio Barack Obama, con todo su tirón entre los afroamericanos, sólo llegó al 8% en un Estado que en 2012 se decidió por menos del 1%. Según esa encuesta entre votantes reales son esos republicanos los que ponen a Clinton por encima de la meta con un cómodo margen de 48% a 40%. Esa tendencia coincide con lo que los asesores de Clinton llevan semanas desglosando en el piso 11 del edificio de oficinas Brooklyn Heights, donde se instaló la campaña. Hace diez días que la candidata demócrata retiró los anuncios de Florida, que tiene a Miami y Orlando entre los mercados más caros del país. Eso le permite reconducir ese dinero a otros territorios más económicos en los que necesita refuerzos, pero no por ello da por ganado Florida, que le arrebató la victoria a Al Gore en 2000 por apenas 531 votos. «Consideradme la mejor prueba de que cada uno de vuestros votos cuenta», dijo el exvicepresidente en Miami, que también hace campaña por Clinton.

La mayor parte de las encuestas la ponen a sólo 1 o 2 puntos por encima de su rival. Por eso, al retirar la batería de anuncios, Clinton envió para apuntalar ese pequeño margen a su mejor caudillo, el presidente Obama, que está peinando el Estado, día sí, día no, como si fuera su propia campaña. Le van en ello más que su legado y el futuro de sus hijas. Obama conoce bien el poder del Despacho Oval como para estremecerse cuando se imagina al excéntrico multimillonario sentado en él.

La radicalidad de Trump está trayendo a estas insólitas elecciones de 'reality show' conductas nunca vistas en el ámbito político. De ello dio ejemplo el martes el candidato a vicepresidente del Partido Libertario Bill Weld, republicano de toda la vida que fue gobernador de Massachusetts. Preocupado por la potencial victoria de alguien «desequilibrado» y «peligroso para el país», el rival de Clinton apareció en el programa de Rachel Maddow en MSNBC para «dar la cara por ella», a costa de su propia pareja de baile, Gary Johnson, que intenta ganar votos con las acusaciones del FBI. «La conozco hace cuarenta años, profesional y personalmente. Es una persona de altura moral y honesta», anunció. Si la presentadora se quedó con la boca abierta, ni qué decir tiene de su propio partido o los muchos republicanos que pretenden votar por el Partido Libertario como único escape a esta difícil elección.

El Partido Libertario es fiscalmente conservador pero juega con los dos extremos ideológicos. Por un lado, su apoyo a la legalización de la marihuana y otros temas sociales en los que tiene una postura progresista le hacen favorito de los jóvenes de nueve Estados que se acercarán a las urnas en masa para votar en los referéndums para legalizarla.

Miedo a un presidente Trump

En Estados como California difícilmente afectará eso al duelo entre Trump y Clinton, pero en Nevada o Florida el 5% de la intención de voto que tiene el Partido Libertario puede ser clave. Confrontado con esa posibilidad, Weld admitió que su miedo a un presidente Trump superaba con creces la lealtad al partido que representa en estas elecciones.

Clinton necesitará muchos como él para cerrar la partida el martes. Aunque Weld intentase convencer a los espectadores de que «no hay nada en esos emails» que investiga el FBI, para los republicanos que han votado por ella han sido un estremecedor recordatorio del secretismo, la arrogancia y la manipulación del sistema que caracteriza a los Clinton.

Muchos están convencidos de que al menos hará falta que la oposición gane la mayoría en el Congreso para vigilar sus acciones, por lo que los grandes damnificados del anuncio del FBI son los candidatos demócratas a congresistas y senadores que han perdido su margen de victoria. Uno de ellos es el exsenador Russ Feingold, que parecía destinado a recuperar el asiento que le arrebató el republicano Ron Johnson en Wisconsin. Ahora su ventaja es de un solo punto.

Trump también aprovecha las oportunidades que se le han abierto. Si bien sus comentarios xenófobos contra los inmigrantes han disparado el número de hispanos que participarán en las elecciones, en Estados como Florida, Carolina del Norte, Michigan o Pensilvania la caída de participación de los afroamericanos le da nuevas esperanzas. En la recta final, mientras 12 territorios siguen votando, la batalla está más reñida que nunca y se libra Estado por Estado, voto a voto.