Diario Sur

El Ejército de Irak lucha ya en Mosul

  • En la ciudad hay aún 3.000 a 5.000 yihadistas «a los que solo les queda rendirse o morir»

La batalla para acabar con el califato en Irak se libra ya en las calles de Mosul. Después de tres semanas de ofensiva y varios días de combates a las puertas de la capital del grupo yihadista Estado Islámico (EI), las unidades del Comando Antiterrorista Iraquí (CTS), tropas de elite, penetraron en el barrio oriental de Gogjali, en la orilla izquierda del Tigris, el río que divide a la ciudad en dos. El balance de las 24 primeras horas de lucha urbana se saldó con la toma del edificio de la televisión, según informó el teniente coronel Taleb Shagati, jefe de las operaciones conjuntas iraquíes.

«Ya estamos luchando en el este de Mosul», confirmó a media mañana el teniente general Abdul Wahab al-Saidi, miembro del CTS, para poner fin al debate abierto el lunes sobre si realmente había empezado o no el asalto a la ciudad que desde 2014 está en manos del EI. Al-Saidi aseguró que «hay presión de todos los lados para facilitar el ingreso al centro». El Ejército señaló además que la Novena División se disponía a comenzar el asalto a los distritos de Somer, Palestine, Yarimjah e Intisar, en el sureste de la ciudad, para intentar abrir un segundo frente y así obligar a los seguidores del califa a dividir sus esfuerzos.

Mosul está cercada desde norte, este y sur, con fuerzas del Ejército iraquí y de los 'peshmergas' kurdos, y desde el oeste con las Unidades de Movilización Popular, milicias chiíes encargadas de bloquear la posible huida a Siria de los yihadistas y que en 48 horas liberaron al menos 17 localidades. Los yihadistas -pueden quedar entre 3.000 y 5.000, según los cálculos estadounidenses- «no tienen escapatoria, pueden morir o rendirse», desafió el primer ministro, Haider al-Abadi, en un discurso a la nación para anunciar la entrada de las tropas a la capital del califato.

Al-Abadi adelantó que después de la liberación de la ciudad los extremistas no podrán resistir en otros reductos porque «los eliminaremos a todos». El Gobierno de Bagdad trata en todo momento de dar imagen de unidad y el primer ministro insiste en que será el Ejército de Irak, y sólo el Ejército, el que entre en las calles de Mosul. El objetivo es evitar el aumento de la tensión sectaria en una zona mayoritariamente suní en la que los civiles aplaudieron el verano de 2014 la llegada del EI como alternativa a un Ejecutivo iraquí en manos de formaciones chiíes. El problema es que el Ejército es mayoritariamente chií y avanza con sus emblemas religiosos, que pueblo a pueblo sustituyen a los que ha dejado el EI tras su retirada.

Los yihadistas ya han perdido el control de más de cien localidades y habrían sufrido entre 800 y 900 bajas hasta el momento, según las estimaciones del Pentágono. Para defender Mosul recurren a suicidas, francotiradores, artefactos explosivos improvisados. y se atrincheran entre decenas de miles de escudos humanos, según denuncia Naciones Unidas desde la semana pasada. En las últimas horas los seguidores del califa volvieron a intentar un movimiento masivo de civiles desde la periferia al centro urbano, sin éxito. Trataron de llevar a 25.000 personas en «miles de vehículos», desde camiones hasta furgonetas, precisó la portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, desde localidades del sur de Mosul a las calles de la ciudad, aunque la mayoría de vehículos tuvo regresar por la presencia de aviones de la coalición que lidera EE UU. Los bombardeos son una de las claves para explicar el rápido avance hacia Mosul, pero se han vuelto más complicados por la fuerte presencia de civiles.

Shamdasani denunció también un nuevo asesinato masivo cometido por el EI, que mató el fin de semana a 40 exmiembros de las fuerzas de seguridad y lanzó sus cuerpos al Tigris. Los seguidores del califa también habrían ejecutado a 50 de sus milicianos, según la cadena de televisión 'Al-Sumaria', por «intentar escapar del campo de batalla». Todos ellos «habían sido forzados a alistarse en el grupo», aseguró la misma fuente.

Nadie pone en duda la victoria militar contra el califato, pero hay una gran incertidumbre sobre el futuro de Mosul tras la caída del EI y sobre la posibilidad de que el grupo concentre su potencial en el lado sirio del territorio, donde conserva las ciudades de Raqqa y Deir Ezor. El líder de la Organización Badr y dirigente de la Unidades de Movilización Popular, Hadi al-Ameri, advirtió de que «si el EI no es eliminado en Siria, permanecerá como una amenaza para Irak» y, llegado ese momento, «si la situación lo requiere», las milicias chiíes iraquíes «se trasladarán a Siria», siempre «con el permiso previo» del primer ministro, aseguró. Una posibilidad real porque ya hay un buen número de iraquíes chiíes combatiendo junto al Ejército de Bashar el-Asad, bajo las órdenes directas de la Guardia Revolucionaria de Irán.

Turquía también está muy pendiente de la batalla por Mosul. Tras la negativa de Bagdad a aceptar su intervención, los turcos mantienen sus tropas en la base de Bashiqa, desde donde aseguran que han apoyado a los 'peshmergas' kurdos con artillería, y en las últimas horas un convoy militar formado por una treintena de vehículos que transportan tanques y piezas de artillería llegó a Silopi, localidad de la frontera con Irak, informaron fuentes militares a AFP. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, defiende su derecho a participar en esta guerra para eliminar la amenaza del EI de su vecindad, pero también por los lazos históricos con Mosul, que formaba parte del antiguo Imperio Otomano, y su obligación de proteger a la minoría turcomana.