Diario Sur

China muestra su caza invisible

El 'stealth' chino J-20 fue ayer la estrella de la feria aeronáutica de Zhuhai, pese a que voló por primera vez hace ya cinco años. :: efe
El 'stealth' chino J-20 fue ayer la estrella de la feria aeronáutica de Zhuhai, pese a que voló por primera vez hace ya cinco años. :: efe
  • Se exhibe en una feria el J-20, que se suma a otros modelos llamados a convertir al país asiático en una gran potencia de la aviación militar

Su existencia no era ningún secreto desde hace años, pero nunca antes se había podido ver tan de cerca. El caza 'invisible' J-20 debutó ayer por todo lo alto durante la inauguración de la principal feria aérea de China, la que se celebra en la localidad suroriental de Zhuhai. Dos de estos avanzados aviones de guerra, diseñados para evitar ser detectados por los radares, hicieron varias pasadas a baja altura y con varias acrobacias deleitaron a un público entregado. Su estelar aparición apenas duró un minuto, pero fue suficiente para que algunos trazaran paralelismos con el Lockheed F-22 'Raptor' estadounidense, uno de sus principales rivales. La mayoría, no obstante, alabó las formas futuristas y las aparentes versatilidad y potencia del aparato chino. «Ha sabido a poco», se lamentó uno de los asistentes.

No es casualidad que el J-20 haya sido presentado en sociedad durante el Zhuhai Airshow. Al fin y al cabo, la feria reúne a especialistas y a empresas del sector aéreo de todo el mundo, y el J-20 es reflejo no sólo del creciente poderío de China sino también de su capacidad para desarrollar y fabricar su propio armamento. Esa no es sólo fuente de orgullo patrio, también puede proporcionar pingües beneficios: Pekín quiere convertirse en una potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos y con Rusia en la fabricación de armamento. Sin duda, potenciales clientes no le van a faltar entre quienes conformaron el 'eje del mal' de George W. Bush y entre quienes, como Filipinas, prefieren mirar a la costa asiática del Océano Pacífico.

Preocupación en EE UU

Para Washington el estreno del J-20 no es una buena noticia. Aunque no está previsto que entre en servicio hasta 2018, es considerado una amenaza para la hegemonía aérea de la superpotencia americana. «Las Fuerzas Aéreas chinas han estado observando detenidamente el desarrollo de tecnología 'stealth' (indetectable) extranjera, y ahora consideran que esa capacidad es una pieza clave en la transformación de una fuerza predominantemente regional a otra capaz de conducir operaciones tanto defensivas como ofensivas», escribió el mes pasado el Pentágono en el informe anual sobre el Ejército chino.

Claro que el peligro no está tanto en el J-20, que hizo su primer vuelo hace ya un lustro, como en su combinación con un hermano mayor, el J-31. Ese es un caza destinado a la exportación, fue presentado en 2014, y los servicios de inteligencia estadounidenses comparan sus capacidades de combate con las del vanguardista F-35, algo que, de ser cierto, supondría un paso de gigante para la industria armamentística del gigante asiático. «China es, con Estados Unidos, el único país que cuenta con dos cazas indetectables», apostilla el informe. El siguiente paso, afirma el Pentágono, es la combinación de la tecnología 'invisible' con la de las aeronaves no tripuladas. Un dron indetectable podría resultar determinante en la supremacía de los cielos asiáticos.

Negocio y defensa

En cualquier caso, lo que al Gobierno chino parece importarle más ahora es el negocio. Así que, junto al J-20, la feria aérea de Zhuhai ha servido para la puesta de largo del avión militar de transporte Xi'an Y-20 y del AG-600, un turbohélice de cuatro motores que se ha convertido en la mayor aeronave anfibia del mundo. Esta última, del tamaño de un Boeing 737, se presenta como un avión para la extinción de incendios, pero a nadie se le escapa que también podría jugar un papel muy importante en las aguas del mar del Sur de China, cuya soberanía se disputa la segunda potencia mundial con media docena de países.

El aparato que no se ha dejado ver todavía en Zhuhai es el C919, la gran apuesta china para competir con Boeing y Airbus en el sector de la aviación comercial. No en vano, parece que el país de Mao tiene más éxito con sus programas militares que con los civiles. El ARJ-21, su jet regional, ha comenzado a operar este año con polémica bajo la librea de Chengdu Airlines y con varios años de retraso. Ahora, su hermano mayor confirma que no levantará el vuelo por primera vez hasta principios de 2017, con mucho retraso sobre la fecha prevista inicialmente, y que también se estrenará con una aerolínea local, China Eastern. De momento, el único aparato que está en funcionamiento fuera de sus fronteras, el MA-60, sólo es fuente de quebraderos de cabeza para quienes lo han comprado o lo han recibido de regalo, como Nepal o Tonga.

Se han construido ya 8 unidades, con un coste estimado en unos 80 millones de euros cada una.