Diario Sur

Europa y Canadá cantan victoria

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, firman el acuerdo comercial. :: efe
El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, firman el acuerdo comercial. :: efe
  • Ambas potencias firman el acuerdo de libre comercio que puso en peligro la correosa Valonia

bruselas. Costó y mucho. Demasiado. Todo un aviso a navegantes para una Europa que hace aguas víctima del populismo, de su debilidad económica y su falta de liderazgo. Costó y mucho, sí, pero se consiguió. Porque pese a todo, y no es poco, la UE volvió a cantar victoria y celebró la firma del CETA con indisimulado optimismo tras superar el durísimo veto de la región belga de Valonia. El CETA. Cuatro letras que han copado cientos de titulares durante las dos últimas semanas y que en la práctica supone la creación de un área de libre comercio entre Europa y Canadá que afectará a 543 millones de personas (508 millones de europeos) y supondrá una inyección en el PIB comunitario de 12.000 millones y la creación de miles de puestos de trabajo gracias a la supresión del 99% de los aranceles. Larga vida al CETA... ¿O no? Ojo, que todo sigue siendo provisional y falta el aval definitivo de la Eurocámara y de los 28 parlamentos nacionales y unos cuantros regionales.

Ayer domingo hubo cumbre en Bruselas. A mediodía, nada de madrugadas interminables. La UE y Canadá acordaron el sábado convocar en cuestión de horas la cita para la firma oficial del CETA con el propósito de poner el broche de oro a una semana de enorme tensión y pesimismo. La cumbre estaba prevista para el pasado jueves pero el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, canceló su visita por el veto de los socialistas valones. Sin embargo, ese mismo jueves, todos los parlamentos regionales belgas se pusieron de acuerdo con el Gobierno federal y dieron por fin el 'sí quiero'. La reacción en la UE fue de moderado optimismo: 'nos alegramos, pero todo por escrito'. Así fue.

Europa y Canadá se vistieron de largo para la firma del CETA tras siete largos años de negociaciones. La cita se retrasó hora y media por problemas técnicos en el vuelo de Trudeau, pero al final llegó, vio y firmó: «Ha sido difícil pero lo hemos logrado. Había que respetar los tiempos democráticos (de Valonia) y el hecho de que estuviera aquí el jueves u hoy no ha cambiado nada (...) Lo importante es que hemos trabajado en favor de los ciudadanos y sus preocupaciones y el CETA debe ser un ejemplo para el mundo de cómo se puede avanzar en el libre comercio respetando el interés general», recalcó un primer ministro canadiense que confirmó la buena fama que le persigue.

Llegó, vio, firmó... Y venció, pero en este caso ganan las dos partes, o eso es lo que proclamaron el presidente del Consejo, Donald Tusk, el de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, que este semestre ostenta la presidencia rotatoria del club. Ninguno de ellos ahorró en elogios y destacaron, como Juncker, que «más de medio millón de personas se beneficiarán a ambos lados del Atlántico de nuevos y mejores trabajos». «Es el más progresista y el mejor acuerdo que hemos firmado nunca y fija además el nivel de ambición para próximos acuerdos», recalcó. Lo hizo antes de subrayar que nunca amenazó a Valonia y recordar la generosidad de la Comisión por negociar con ellos cuando el interlocutor oficial es Bélgica.

Ayer se cantó victoria, pero el CETA aún podría descarrilar en alguno de los 39 parlamentos que todavía deben ratificarlo. El primero, la Eurocámara, donde no se esperan problemas. Luego, los 28 parlamentos de los Estados miembros y una decena de regionales, ya que en algunos países tienen competencias en materia de acuerdos con el exterior. Es el caso de Bélgica, donde el Gobierno federal ha estado atado de pies y manos por Valonia. Porque aunque el mensaje de ayer era de victoria, lo ocurrido con el CETA ha supuesto una llamada de atención en toda regla a Europa. El acuerdo con Canadá era sobre el papel el más 'sencillo' de todos y lo realmente complicado llegará con el TTIP estadounidense o con el 'Brexit'. Y Europa ha salido muy tocada de esta negociación al ser incapaz de hablar con una sola voz.

La batalla del relato

Así lo reconoció Donald Tusk, quien señaló que «necesitamos explicar mejor los efectos y las ventajas del libre comercio porque el proteccionismo significa una vuelta a los egoísmos nacionales y la amenaza de conflictos violentos». «El libre comercio y la globalización han protegido a la humanidad de la pobreza, el hambre y el conflicto total. Pocas personas parece creerlo hoy», lamentó. Se trata de librar la enésima batalla del relato, el gran talón de Aquiles de la UE en pleno fervor de los populismos.

Y Europa se juega muchísimo en el área comercial. Como señalaba la semana pasada el comisario de Energía, Miguel Arias Cañete, en una entrevista en exclusiva con este diario, hay 30 millones de trabajadores europeos que dependen de las exportaciones ya que Europa, pese a no tener ni el 7% de los habitantes de todo el mundo, copa el 30% del comercio internacional y casi un tercio de la inversión extranjera llega al club de clubes. Datos y más datos. Pero aun así, la UE sigue perdiendo la batalla del relato.