Diario Sur

Valonia reafirma su postura, pero la UE y Canadá no tiran la toalla

Y al final se están poniendo tan flamencos que el acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá (CETA) está a un paso de dormir el sueño de los justos por el veto de la región belga de Valonia, de apenas 3,5 millones de habitantes. Dicen que no, que no aceptan ultimátums de nadie y que «necesitan su tiempo» para analizar el documento. Así que a los otros 500 millones de europeos y los 35 millones de canadienses no les queda más que resignarse porque sin el OK de los 28, no habrá CETA. «No estamos en condiciones de firmarlo», confesó a primer hora de la tarde el primer ministro belga, Charles Michel, favorable al pacto pero atado por el Parlamento regional valón (su plácet, como el de la Cámara flamenca, es necesario).

Decir que está difícil es ser un optimista, pero la UE no se da por vencida y a última hora de la tarde ayer, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, habló con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y decidieron hacer un último esfuerzo para cerrar un acuerdo antes de la cumbre del jueves, el gran día fijado para la firma del CETA tras siete años de negociaciones. «Pensamos que la cumbre del jueves es posible. Animamos a todas las partes a encontrar una solución. Todavía hay tiempo», escribió Tusk en la red social Twitter. Fue un día de locos porque se suponía que ayer por la noche terminaba el ultimátum dado a la UE por Valonia.

Sin embargo, a mediodía, el portavoz jefe de la Comisión, Margaritis Schinas, negó cualquier órdago y pidió «paciencia» porque Bélgica «aún está en proceso de establecer su posición, según su procedimiento institucional y de acuerdo con su orden constitucional». «La Comisión ha trabajado sin fin para llevar las discusiones a un resultado positivo», dijo.