Diario Sur

La Policía alemana investiga si un terrorista neonazi mató a cinco menores

Los tres miembros del grupo terrorista neonazi 'Clandestinidad Nacionalsocialista', Uwe Mundlos, Beate Zschäpe y Uwe Böhnhardt. :: afp
Los tres miembros del grupo terrorista neonazi 'Clandestinidad Nacionalsocialista', Uwe Mundlos, Beate Zschäpe y Uwe Böhnhardt. :: afp
  • Las fuerzas de seguridad reabren varios casos tras hallarse ADN de un asesino ultraderechista en los restos de una menor asesinada en 2001

La Policía alemana ha reabierto al menos cinco casos no resueltos de menores desaparecidos o asesinados en los años noventa. La razón: el descubrimiento, en los restos de uno de estos niños, del ADN de Uwe Böhnhardt, miembro de la célula terrorista neonazi Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU), a la que se imputan diez asesinatos cometidos entre 2001 y 2007. La revelación ha revolucionado investigaciones que llevaban años aparcadas, ahondado el horror y vergüenza nacional que provocó el descubrimiento de este violento trío ultraderechista y arrojando nuevas sombras sobre la actuación de las fuerzas de seguridad.

Bernd, Ramona, Stephanie, Hilal, Peggy. Estos son los nombres de cinco niños y niñas de entre nueve y diez años que entre 1993 y 2001 desaparecieron de sus hogares. Sus casos tienen elementos similares. Y alguna diferencia. Cuatro de ellos se esfumaron en el estado oriental de Turingia; la otra, en la norteña ciudad de Hamburgo. Los restos de cuatro de ellos aparecieron, algunos horas o días más tarde; para otra hubo que esperar catorce años. De una de ellas nunca se halló rastro. Tres fueron encontrados muertos en zonas rurales, en bosques o junto a un río. Otra fue lanzada desde lo alto de un puente. Todos coinciden en la crueldad inasible. Y en la falta de respuestas. Hasta ahora.

Esta semana se ha establecido otro elemento que podría conectar a todos y que podría poner a la Policía en la pista de lo que realmente sucedió con estos menores (y con otros casos, que según medios alemanes, también se están revisando, como tres desapariciones no resueltas en Sajonia). La nueva pista es que los forenses han descubierto el ADN de Böhnhardt en los restos de Peggy, una niña de nueve años desaparecida en 2001 y encontrada en 2015 en un bosque. La Policía en Turingia ha creado un grupo de trabajo con quince criminalistas para estudiar los casos no resueltos de Bernd, Ramona y Stephanie a la luz de los nuevos hallazgos. Las fuerzas de seguridad en Hamburgo han anunciado que retomarán las pesquisas en el caso de Hilal. «No es previsible contar con resultados rápidos, porque las actas son extensas y las investigaciones, de lo más complejo», aseguró la Policía de Turingia en un comunicado.

Además, la madre de Peggy reveló esta semana que, cuando su hija desapareció, ella acababa de empezar una relación sentimental con un hombre de ascendencia turca, se había convertido al islam y había empezado a cubrirse la cabeza con un velo. El tabloide 'Bild' agregó que la madre recibió una carta amenazante de «contenido neonazi» poco después del rapto de Peggy. Pero este extremo no ha sido confirmado por la familia de la menor. Hilal, por su parte, era de origen turco y también era musulmana.

La oscura figura de Böhnhardt se torna aún más turbia si cabe tras estas revelaciones. Él fue, según las fuerzas de seguridad, uno de los miembros del trío asesino NSU que supuestamente mató a nueve extranjeros (turcos y griegos) y a una agente de policía. Además, la investigación les señala como responsable de al menos dos bombas y varios atracos a sucursales bancarias. Con Böhnhardt, sin embargo, no se podrá hacer justicia. Se suicidó en 2011 junto a su compañero Uwe Mundlos cuando la Policía les seguía el rastro tras un robo frustrado. Tan sólo queda con vida la tercera integrante de la célula neonazi, Beate Zschäpe, a la que se juzga desde hace más de tres años en Múnich. Ella alega que no participó en ningún asesinato y que sólo tuvo conocimiento de las acciones de sus compañeros a posteriori.

El lastre de la Policía

La posible conexión de los neonazis con estos asesinatos de menores erosiona la imagen de la Policía alemana. Las fuerzas de seguridad habían achacado siempre a ajustes de cuentas las muertes de los nueve asesinatos del trío terrorista. A pesar de que los autores estaban fichados como ultraderechistas e incluso tenían contactos con infiltrados de los servicios secretos, y de que se perpetraron con la misma pistola. Pero nadie cruzó los datos. Una comisión parlamentaria de investigación habló de «un desastre histórico sin precedentes» y la canciller alemana, Angela Merkel, pidió «perdón» expresamente a las víctimas y a sus familiares.

Pero los casos de los menores lastran aún más a la Policía. Böhnhardt estuvo incluido en la primera lista de sospechosos por la desaparición de Bernd, asesinado en 1993. Además, la Policía halló pornografía infantil en un ordenador en poder del grupo. Y en la caravana en la que se suicidaron Böhnhardt y Mundlos las fuerzas de seguridad se incautaron, junto al arma con la que se perpetraron todos los asesinatos, un osito de peluche, un muñeco de plástico, un libro infantil, una pistola de juguete y un zapato de niña. Pero tampoco esto se investigó.