Diario Sur

EE UU aprende de sus errores en Irak

Militares iraquíes, con máscaras de gas, en unas instalaciones químicas cerca de en Qaraqosh.
Militares iraquíes, con máscaras de gas, en unas instalaciones químicas cerca de en Qaraqosh. / A. AL-RUBAYE / AFP
  • Washington, que llegó a contar con 170.000 soldados en el país, apoya desde el aire y con Inteligencia la gran batalla de Mosul

La operación para liberar Mosul de manos del grupo yihadista Estado Islámico (EI) cumple una semana y los mandos estadounidenses se felicitan por «el nivel de cooperación y coordinación» entre iraquíes y kurdos, que han logrado avanzar y cumplir hasta ahora con los objetivos previstos de una forma «más rápida de lo planeado», según el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi. Desde que Barack Obama ordenó el inicio de las operaciones contra el EI en el verano de 2014, Estados Unidos lidera una coalición internacional de países occidentales y árabes que se encarga de dar cobertura aérea y colabora en materia de Inteligencia y preparación con las fuerzas kurdas y el Ejército de Irak.

Después de las invasiones de Afganistán (2001) e Irak (2003), el demócrata Obama quiso enterrar el legado de su antecesor en la Casa Blanca, el republicano George W. Bush, y ordenó la retirada de sus tropas de estos dos países. En suelo afgano quedan unos 10.000 soldados y en Irak la cifra se eleva a 4.087, según datos obtenidos por la revista 'Time', después del anuncio en junio por parte del presidente del envío de 275 nuevos efectivos «para combatir al EI».

El despliegue de fuerza de combate sobre el terreno es una línea roja para la Administración Obama y aunque Washington califica el asalto de Mosul como «golpe definitivo» al EI, confía en obtener la victoria militar sin desplegar apenas soldados en el campo de batalla. Éste es un planteamiento radicalmente opuesto a la política de Bush, que llegó a contar con 170.000 hombres en Irak durante el momento álgido de una invasión de ocho años, en la que el Ejército estadounidense sufrió 4.491 bajas. En la ofensiva de Mosul, hasta el momento, el Pentágono sólo ha informado de la muerte de uno de sus militares, el suboficial de la Armada Jason Finan, que se produjo en los ataques del jueves en las aldeas que rodean la capital del califato.

Protagonismo local

Unos 30.000 soldados iraquíes y 4.000 peshmergas kurdos tratan de arrebatar la ciudad a los cerca de 6.000 combatientes que el EI tiene en Mosul, feudo del EI en Irak desde que fue conquistado por el grupo yihadista en junio de 2014, según los datos del Departamento de Defensa. Entre 100 y 200 soldados estadounidenses acompañan la ofensiva, informó el capitán Jeff Davis, portavoz del Pentágono, quien al ser preguntado sobre si entrarán en combate o no se limitó a responder que «las unidades que liberarán Mosul son iraquíes». Es el mismo discurso defendido por el primer ministro de Irak, Haider al-Abadi, que busca reducir la tensión entre sectas y etnias.

Éstas son las cifras oficiales del Pentágono, que en las últimas semanas también se ha encargado de enviar ocho helicópteros AH-64 y nuevos sistemas de lanzacohetes, según el secretario de Defensa, Ash Carter. La presencia es simbólica y se trata de ceder todo el protagonismo a las fuerzas locales, que luego serán las encargadas de mantener la seguridad.

Nadie duda de la victoria militar en Mosul. Es cuestión de tiempo que, como en Faluya, Tikrit o Ramadi, los extremistas suníes pierdan una ciudad que ha sido su bastión desde 2003, tras el colapso del régimen de Sadam Hussein. Entonces fue Al-Qaida en Irak (AQI) el grupo que aunó el desencanto de los exbaasistas y los temores de la minoría suní frente al empuje de la mayoría chií, que accedió al poder a través del urnas.

La lucha principal de AQI era contra el Ejército de EE UU y los yihadistas se hicieron profesionales de la clandestinidad. Sobrevivieron a la política antiterrorista aplicada con mano de hierro por los estadounidenses entre 2004 y 2009 para emerger con fuerza en 2010, tras la retirada ordenada por Obama, pero entonces la lucha se convirtió en algo puramente sectario. AQI se transformó en Estado Islámico de Irak (EII) y posteriormente en Estado Islámico de Irak y Levante (ISIL, según sus siglas en inglés), cuando decidió extender sus operaciones en Siria. Los líderes actuales, empezando por el califa Ibrahim, son veteranos de la yihad contra EE UU en Irak, los antiguos cabecillas de AQI y, como hicieron entre 2004 y 2009, si no caen antes en combate, volverán a la clandestinidad para mantener su desafío a Bagdad.

«El EI repetirá lo que hizo en el pasado y desaparecerá del primer plano. Desactivará y dispersará a sus milicias y reforzará sus aparatos de Inteligencia, seguridad y finanzas», opinan los estadounidenses Patrick Ryan y Patrick Johnston en la web especializada War on The Rocks. Ryan, veterano de la guerra de Irak, y Johnston, analista político, aseguran que «lo más sencillo será la victoria militar» y subrayan la importancia del «trabajo de Inteligencia» posterior para «detectar y destruir toda la red de actividades ilegales del grupo, como la extorsión o la venta de petróleo en el mercado negro».