Diario Sur

May sufre la frialdad e indiferencia de sus colegas europeos

Theresa May, a su llegada ayer a la sede de la cumbre comunitaria de Bruselas. :: eric vidal/ reuters
Theresa May, a su llegada ayer a la sede de la cumbre comunitaria de Bruselas. :: eric vidal/ reuters
  • La primera ministra británica almorzó con Juncker, quien le recordó que no habrá negociación hasta que invoque el Artículo 50

bruselas. Si la grave crisis relacionada con Valonia y el acuerdo comercial con Canadá dio a pie a recurrir a varios dichos españoles, la primera cumbre en Bruselas de la 'premier' británica, Theresa May, no le fue a la zaga. La UE recurrió al castizo 'no hay mayor desprecio que no hacer aprecio' para recordar a Reino Unido que abandonar el club de clubes como pretende no le va a salir ni mucho menos gratis. El jueves por la noche, ya casi de madrugada, May tomó la palabra para ratificar su voluntad de marcharse e invocar el Artículo 50 antes de marzo de 2017. Terminó y nadie le contestó. Nadie. Ni sus otros 27 colegas, ni el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ni el presidente del Consejo, Donald Tusk, ni la Alta Representante, Federica Mogherini, que también estaba presente.

Pese a la esperada frialdad de sus socios, la 'premier' se mostró muy tranquila y conciliadora, sabedora de que un Consejo Europeo no es un congreso de partido, lleno de 'hooligans' a los que alimentar con promesas en muchos casos incumplibles. Respecto al futuro encaje británico en la UE, se mostró optimista y tras remarcar que «Reino Unido será un país soberano totalmente independiente, libre para tomar sus propias decisiones en un amplio rango de asuntos, tales como el control de la inmigración», señaló que «queremos tener el mejor acuerdo comercial posible en bienes y servicios con operaciones con y dentro del mercado único europeo».

Pero, claro, querer no es poder y Bruselas ya le ha dejado muy claro que la línea roja se llama respetar las cuatro libertades fundamentales: libre circulación de personas, de servicios, de capitales y de mercancías. Y restringiendo el flujo de europeo no habrá mercado único, que es clave para la economía británica.

«Reconozco la magnitud del desafío que tenemos por delante, estoy segura de que habrá momentos difíciles que requerirán un tira y afloja, pero afronto la situación con espíritu constructivo para lograr una salida suave. Reino Unido deja la UE pero no estamos dejando Europa, no daremos la espalda a nuestros amigos y aliados», zanjó.

Al término del Consejo, acudió a la Comisión para mantener un almuerzo de trabajo con Jean-Claude Juncker, uno de los líderes europeos más duros en los prolegómenos de una negociación «que sólo comenzará cuando Londres notifique de forma oficial su voluntad de invocar el Artículo 50», le recordó.