Diario Sur

Comienza la reconquista de Mosul

  • Tropas iraquíes y kurdas avanzan sin resistencia hacia la capital del califato del Estado Islámico

j El asalto a Mosul, capital del califato del Estado Islámico en Irak durante los últimos dos años, se ha puesto en marcha, según anunció ayer el teniente general estadounidense Stephen J. Townsend, que dirige la alianza internacional que apoya al Gobierno de Bagdad. Unos 30.000 hombres del Ejército local, los peshmerga kurdos y las milicias locales suníes avanzan ya por el sur, este y norte con el objetivo de rodear la ciudad y cortar todas las posibles vías de escape de los yihadistas, que en las primeras escaramuzas apenas ofrecen resitencia. Pero ello no debe llevar a la euforia, advirtió Townsend, convencido de que la operación «durará semanas, posiblemente más».

El plan consiste en realizar una ofensiva por fases que, según lo adelantado por el primer ministro de Irak, Haider al-Abadi, pretende concluir con la entrada a Mosul de las fuerzas regulares iraquíes compuestas por el Ejército y la Policía. Una medida que busca rebajar la tensión sectaria y étnica que rodea a esta operación. Con el mismo objetivo se ha apartado en un primer momento a las milicias chiíes de la Movilización Popular, decisivas en las liberaciones de otros lugares en manos del califato como Tikrit, Faluya o Ramadi. A estas fuerzas se les ha asignado la liberación de la localidad de Hawija, a unos cien kilómetros de distancia.

Al-Abadi fue el encargado de dar la luz verde al inicio de una ofensiva que se prepara desde hace meses. «La hora de la victoria ha llegado y las operaciones para liberar Mosul han empezado», declaró el primer ministro mediante un mensaje a la nación y al millón y medio de civiles que aún permanecen en la ciudad azotada por «la violencia y del terrorismo de Dáesh», acrónimo árabe de Estado Islámico (EI). Sin apenas resistencia, las fuerzas iraquíes y kurdas lograron hacerse casi de inmediato con el control de aldeas como Shaquli, Teryala, Baskeratan y Jeraba Sultán, en la zona de Al-Jazer, al noreste, y cercaron otras cinco, en un avance progresivo que busca obligar a los yihadistas a que se concentren en el interior de Mosul, informó un comunicado del Gobierno kurdo en su página web. El presidente de la región, Masud Barzani, visitó a las tropas en el frente de Al-Jazer y alabó la coordinación «completa y elevada» con Bagdad.

Presencia turca

En medio del tono triunfalista de las primeras horas, el gobernador de la provincia Nínive, Nofel Hamadi, adelantó, por su parte, que esta ofensiva supondrá «el golpe mortal al terrorismo», ya que la pérdida de Mosul dejaría a Raqqa, en Siria, como último gran bastión de los seguidores del califa Ibrahim. De hecho, medios de Bagdad apuntaron a la salida de algunos cabecillas del grupo fundamentalista hacia Raqqa en las horas previas al ataque. Mientras tanto, los yihadistas centran sus esfuerzos en los túneles de defensa y en el minado de las calles, según declararon vecinos de Mosul. La agencia Amaq, vinculada al EI, anució que diez ataques suicidas contra iraquíes y kurdos tuvieron lugar en el primer día de ofensiva.

EE UU calcula que entre 4.500 y 8.000 combatientes están dispuestos a defender el bastión en el que se proclamó el califato en junio de 2014 y donde en los últimos días, según una exclusiva de la agencia Reuters, se produjo incluso un intento de golpe dentro de la cúpula del Estado Islámico. 58 rebeldes partidarios de la rendición fueron ejecutadas.

Entre los diferentes actores que participan en el asalto al califato destaca la presencia del Ejército turco, aunque no cuenta con el visto bueno de Bagdad. Ankara se encarga de la preparación de 3.000 milicianos suníes, yazidíes, cristianos y turcomanos en la base de Bashiqa y, pese a las críticas de Al-Abadi, el presidente otomano, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que «estaremos en la operación y estaremos en la mesa. De ninguna manera vamos a quedarnos fuera», ya que «tenemos hermanos en Mosul: árabes, turkmenos, kurdos, son nuestros hermanos».

Erdogan recordó, asimismo, que su país e Irak comparten «una frontera de 350 kilómetros. ¿Cómo no vamos a entrar? Estamos bajo una amenaza». Es el mismo argumento esgrimido por el mandatario islamista para justificar la presencia de sus tropas en suelo sirio en la operación bautizada como 'Escudo del Éufrates' en la que, además, quiere evitar la consolidación de una región autónoma kurda. La presencia turca tampoco convence a las milicias chiíes de la Multitud Popular, apoyadas por Irán. Su portavoz, Yusef al-Qalabi, denunció ayer una «gran conspiración para dividir al pueblo iraquí» durante la batalla de Mosul.