Diario Sur

Tranquilidad en las calles a la espera de una sucesión que despierta escaso entusiasmo

Anoche, las calles de Tailandia se mantuvieron en calma. En la capital, Bangkok, cientos de personas mostraron sus respetos en los aledaños del hospital en el que murió el rey Bhumibol Adulyadej, y muchos otros rezaron en diferentes templos de la ciudad.

Por su parte, los locales de ocio de todo el país cancelaron fiestas y conciertos en señal de duelo, pero la mayoría de los bares y de los restaurantes continuaron abiertos. Eso sí, con un significativo descenso en la clientela. Y la mayoría tenía su mirada puesta en la televisión, a la espera de conocer las repercusiones que puede tener el deceso. No en vano, desde que se informó sobre la inestabilidad de la salud de Bhumibol, la divisa nacional -el bath- no ha dejado de depreciarse y la bolsa del país ha perdido casi un 6,8%, unos 35.000 millones de euros de capitalización.

No obstante, tanto tailandeses como extranjeros se muestran optimistas. «El rey se había convertido ya en una figura ceremonial, y su larga enfermedad ha dado tiempo de sobra para que se planee cuidadosamente su sucesión», comentó ayer a este periódico Aye Naraporn, coordinadora de programas sociales en la ciudad norteña de Chiang Rai. «También creemos que no habrá grandes movimientos durante el período de luto, pero luego es posible que sí haya algunos cambios. No se puede negar que hay cierta incertidumbre. Pero ya estamos acostumbrados a ella».

Lo que todavía no se sabe es cuándo se celebrará la ceremonia de coronación del príncipe heredero, Maha Vajiralongkorn.