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Julian King. :: afp
Julian King. :: afp

España e Italia se suman a la Defensa del eje francoalemán

  • Los ministros de los cuatro grandes países de la UE a 27 envían una carta a sus colegas en la que defienden más cooperación e inversión

En la Unión Europea, en el club, la teoría dice que todos sus socios (todavía 28) son iguales. Nadie es más que nadie, como atestigua la capacidad de veto en determinadas votaciones. Pero en la práctica hay clases y clases. Son reglas no escritas que confieren un liderazgo clave, casi vital, al eje francoalemán. «Son muy exclusivistas», justifica con tono crítico un veterano diplomático. Luego, llega el resto. Léase Italia y España. El guión, por ejemplo, se está cumpliendo a rajatabla en la llamada Europa de la Defensa, uno de los proyectos más ambiciosos de esa nueva UE a 27 que dejará la salida de Reino Unido del club de clubes. Los británicos siempre han vetado cualquier iniciativa en esta materia y el 'brexit' ha sido la excusa perfecta para que París, con el apoyo a pies juntillas de Berlín, toque a rebato.

Los ministros de Defensa de las cuatro grandes potencias que tendrá la UE de los 27 acaban de enviar una carta a sus homólogos llamándoles a redoblar sus esfuerzos de cooperación en el campo operativo y de inversión en lo referido a la industria comunitaria del sector para impulsar la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Se trata, sobre todo, de una señal política de gran relevancia al evidenciar que los principales socios (sumarán un 75% del PIB de la UE) respaldan sin fisuras un proyecto que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha asumido con enorme convicción. «Europa ya no puede permitirse ir a caballito del poder militar de otros, o dejar que Francia defienda sola su honor en Malí», recalcó en su último discurso sobre el Estado de la Unión.

La misiva, firmada por Jean-Yves Le Drian, Ursula von der Leyen, Roberta Pinotti y Pedro Morenés, reitera que el objetivo no es la creación de un Ejército europeo, sino redoblar las sinergias dotándose de instalaciones comunes. Todo en clara coordinación con la OTAN, cuya existencia es vital para una Europa que depende demasiado de EE UU. «Una UE fuerte no es contradictoria con una OTAN más fuerte», recalcó el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, en la última reunión de ministros del ramo celebrada hace dos semanas en Bratislava.

Si defensa es una de las palabras claves de la nueva Europa, la otra es seguridad. La crisis de los refugiados y el azote terrorista han puesto contra las cuerdas a una UE más dividida que nunca. En lo político, lo peor parece haber pasado con importantes consensos en los últimos meses, pero es mucho el trabajo que queda por hacer, como corroboró ayer el Ejecutivo comunitario.