Diario Sur

Todas las mujeres del presidente

 Paula Jones. Bill Clinton le pagó 765.000 euros para zanjar una demanda por acoso sexual de 1991. Kathleen Willey. Era voluntaria en la Casa Blanca en 1993 y acusó a Clinton de acosarla. Juanita Broaddrick. Dijo en 1978 que el entonces aspirante a fiscal de Arkansas la había violado. Kathy Shelton. Hillary fue la abogada del condenado por violarla en Arkansas cuando tenía 12 años.
Paula Jones. Bill Clinton le pagó 765.000 euros para zanjar una demanda por acoso sexual de 1991. Kathleen Willey. Era voluntaria en la Casa Blanca en 1993 y acusó a Clinton de acosarla. Juanita Broaddrick. Dijo en 1978 que el entonces aspirante a fiscal de Arkansas la había violado. Kathy Shelton. Hillary fue la abogada del condenado por violarla en Arkansas cuando tenía 12 años.
  • El candidato de los conservadores intentó sin éxito convertir en protagonistas a algunas acusadoras de Bill Clinton

El segundo debate entre los candidatos a la presidencia de EE UU se presentaba como una auténtica masacre, aunque al final no hubiera sangre. Horas antes de que se abriese el telón Donald Trump invitó a un grupo de periodistas a una improvisada conferencia de prensa en su suite del hotel de St. Louis y al llegar se lo encontraron flanqueado por algunas de las mujeres que han acusado públicamente a Bill Clinton de ataques sexuales. Ésas a las que en el pasado el millonario se refirió como «poco atractivas». De haber sido como las modelos de las que él se rodea, la cosa habría sido muy distinta, llegó a decir en 1998. «Por lo menos habría sido más agradable de contemplar. Son realmente feas. Cuando las veo en televisión me dan ganas de vomitar».

Paula Jones, Juanita Broaddrick y Kathleen Willey no han mejorado con la edad, pero ahora Trump las abraza, les paga los gastos de viaje y las invita al palco familiar. Como le faltaban algunas que con las prisas no se pudo traer -Gennifer Flowers- y otras que no quieren volver al ojo público -Monica Lewinsky-, agregó a Kathy Shelton, que no tiene nada que ver con Bill Clinton pero lleva toda la vida enfrascada en una vendetta contra Hillary por haber defendido de oficio al hombre que la violó cuando tenía 12 años. «¡Y se rió de ella!», la acusó Trump en el debate.

Su plan era que las víctimas del expresidente entraran a la sala con su familia para que Bill Clinton se las encontrara cara a cara en directo frente a toda la nación, obligado a darles o negarles la mano, pero a pesar del secretismo el responsable de la Comisión de Debates se enteró y amenazó con echarlas si intentaban llegar al palco. Las 'charlas de vestuario' -como Trump definió el contenido soez del vídeo difundido durante el fin de semana- pocas veces se quedan ahí.

El complot de Giuliani

Lo contó orgulloso el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, que dijo haber estado intentando el complot hasta tres minutos antes de que empezara el debate. Con todo, Trump las sentó en la sala junto a la otra parte de su familia, a sabiendas de que su mera presencia añadiría tensión a su rival.

El mensaje era muy de Trump. «No estoy orgulloso de lo que dije, pero mira a Bill Clinton, es mucho peor que yo, lo mío eran palabras pero lo suyo, acciones». En el amor y en la guerra todo vale, hasta el perdón. Su pareja de baile, Mike Pence, alabó «la humildad de su disculpa» y la abogada de Miami a la que ha ascendido dentro de la campaña apeló al corazón cristiano del electorado. «Cuando alguien pide perdón se le acepta», conminó la cubanoamericana A. J. Delgado. «Todos hemos dicho alguna vez algo de lo que nos arrepentimos y no refleja quiénes somos». Al final resulta que el magnate «es un gran hombre, transparente y vulnerable», aseguró Pence, que le admira.