Diario Sur

El pesimismo aumenta en Colombia

  • La paz se ve cada vez más lejana por el empeño de Uribe en modificar el acuerdo de La Habana para que los líderes de las FARC sean juzgados

La incertidumbre sobre el futuro del acuerdo de paz firmado entre el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y las FARC, pero rechazado por la ciudadanía en un plebiscito, aumenta pese a las declaraciones de buena voluntad y los anhelos de paz. Sólo el apoyo popular de miles de personas que durante las últimas horas han salido a las calles de las principales ciudades del país bajo el lema 'Acuerdo ya' deja un resquicio a la esperanza a rebeldes y Gobierno para que llegue a materializarse el pacto alcanzado en La Habana tras cuatro años de duras negociaciones. Los políticos, mientras, intentan deshacer aceleradamente una madeja demasiado enredada. El Partido de la U, que desde 2010 integra la Unidad Nacional, coalición del gobierno de Juan Manuel Santos, junto con Cambio Radical y el Partido Liberal, prepara una propuesta para que la Corte Constitucional revise una posible repetición del plebiscito por la paz del pasado domingo en las zonas de la costa atlántica donde el huracán 'Matthew' descargó su furia impidiendo la instalación de urnas, en unos casos, y causó, en otros, el retraso en la apertura de los colegios.

Si pudiera volverse a votar, posiblemente el 'sí' ganaría, aunque también por mínimos. Pero, de momento, todo son sólo hipótesis. Lo concreto, hasta ahora, es que el presidente Santos se encuentra atado de pies y manos.

Un editorial del diario 'El Tiempo' titulado 'En busca de consensos' resumía ayer la situación al señalar que «es evidente que, más allá de posturas ideológicas, por estos días ronda al país un sentimiento que combina confusión y anhelo de que se concrete la paz con esta guerrilla. Por supuesto, y esto quedó claro, hay disenso respecto a cómo llegar a esta meta». Entretanto, el expresidente Álvaro Uribe sigue firme y exige que los jefes de las FARC vayan a la cárcel y que la guerrilla no pueda hacer política. Aunque al termino del encuentro que mantuvo el miércoles con Santos ambos expresaron tener «voluntad» de alcanzar la paz, lo cierto es que las distancias sobre estos dos puntos espinosos son amplias.

Uribe se vio involucrado ayer en una polémica al admitir el jefe de la campaña del 'no', Juan Carlos Vélez, que sus mensajes antes del plebiscito se manipularon. «Estábamos buscando que la gente fuera a votar berraca (enojada)», señaló en una entrevista. Por supuesto, fue inmediatamente corregido por su jefe. Por contra, las tesis de Uribe se vieron apoyadas por el director para Latinoamérica de la organización estadounidense Human Rights Watch (HRW), José Miguel Vivanco, quien, tras expresar su «decidido apoyo» a los esfuerzos de Santos por rescatar acuerdo con las FARC, opinó que el pacto original contiene «graves deficiencias que habrían menoscabado considerablemente el derecho a la justicia de innumerables víctimas» y sugirió, por tanto, usar esta coyuntura para corregirlos.

Uribe mantiene igual postura. «Si se han demorado seis años para este acuerdo, que tiene tantos puntos graves, (es necesario que) le garanticen al país la no violencia y que con paciencia busquen cómo se introducen las modificaciones (al acuerdo)».

Justamente esos cambios son los que no desea la guerrilla que durante 52 años tuvo en jaque a Colombia. Las primeras declaraciones de su líder, 'Timochenko', recordando que se acordó el uso de la palabra como única arma, han transmutado en otras menos optimistas. Anticipando un panorama peligroso, los miembros del secretariado de las FARC han ordenado el repliegue de los guerrilleros que esperaban dirigirse a las zonas pactadas para entregar las armas.

El reloj avanza hacia el fin del cese el fuego el día 31, «mientras el país camina al abismo y no puede ser que la gente no entienda que cuando uno se acerca al fuego, se quema», advirtió ayer el abogado y columnista Francisco Barbosa.